Por Jorge Ariel Madrazo.

Si no viste la peli paraguaya 7 Cajas, buscala que en algunos cines todavía la pasan. Si la viste, no te pierdas estas palabras de Madrazo. Hay medio billete de cien dólares para vos al comienzo y la otra mitad del billete al final.

7 Cajas. Paraguay, 2012.
Estrenada en Buenos Aires en 2014.
Dirección: Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori.

“Pinta tu aldea y pintarás el mundo”. El célebre aserto tolstoiano viene muy a cuento a propósito de esta excelente, sorpresiva película (breve acotación: quien suscribe prefiere este término al más sofisticado film) de origen paraguayo. Esto es: rodada en un país con muy magra producción cinematográfica. Estrenada en su país de origen en 2012 y en la Argentina en 2014. Y ganadora de la sección “obras en construcción”en el Festival de San Sebastián en 2011, lo que, a no dudarlo fue, una manito importante.

En este caso, y allí radica el mérito mayor, lo flaco del presupuesto se ve compensado con creces gracias a la feliz conjunción de diversos ingredientes. Ante todo: la imaginación restallante, un guión que enhebra sin fisuras una peripecia insólita por donde se la mire (y que, sin embargo, logra que el público acceda mayoritariamente a suspender la incredulidad y a entregarse a lo que se le propone), más el vigor y frescura de los personajes y el aire de verdad cultural: ocial que emana del escenario donde transcurre casi toda la trama: el Mercado Municipal Nº 4, el más popular de la capital paraguaya, Asunción. Una atiborradísima, delirante Babel en la que, según imaginaron los realizadores, puede suceder prácticamente cualquier cosa.

Esa “cualquier cosa” tiene aquí como eje a un carretillero o changarín del mercado, Víctor, de apenas 17 años (el actor Celso Franco), quien sueña en todo momento con ver su cara llevada a la pantalla, así fuera la de un televisor o incluso un celular. De hecho, los celulares ocupan en esta película un papel decisivo, retratando así una faceta crucial de la cultura popular. O, más aún aquí, marginal.

El destino mete la cola para que le toque a Víctor el encargo solo en apariencia sencillo: e trasladar de un punto a otro del Mercado siete cajas, en realidad cajones de madera, cuyo contenido desconoce. Aquí cabría acotar: que por fortuna desconoce.

La tarea debió haber sido cumplida por otro changarín, Nelson (el actor Víctor Sosa), un personaje cuya mala entraña contrasta de modo espectacular con la inocencia juvenil del protagonista. Pero Nelson se demora más de la cuenta en acudir a la cita, y un desesperado carnicero, Gus, se ve forzado a encomendar la tarea al crédulo muchacho: para garantizarle la “seriedad” de la tarea, le entrega la mitad de un billete de cien dólares, una auténtica fortuna, prometiéndole la otra mitad para cuando concluya con éxito la misión. Gus entrega al joven incluso un celular, es decir, algo así como El Dorado, con el fin de mantenerse comunicados.

La desmesura entre el afán excesivamente puntilloso del muchacho por cumplir el encargo y el contenido real de los cajones, mientras intenta eludir la persecución a muerte por parte de su despechado colega Nelson, ayudado este por varios secuaces no menos siniestros, da lugar a escenas tan vertiginosas como tragicómicas. Hay gags memorables, como el de los policías paraguayos fascinados con un celular, al punto de descuidar casi por completo sus obligaciones, o la atrabiliaria conversación entre el carnicero y su cómplice sobre las tan mentadas siete cajas.

Si nuestro joven changarín logra llevar o no a buen puerto su cometido, es algo que podrá develar el espectador/la espectadora de esta realización estupenda, verdadero “caos controlado” donde se mezclan mercenarios del crimen, mercaderes chinos, vivillos, seres violentos, policías y hasta un tiroteo final. Un frenesí acaso un poco muy alargado. Y lo que logra el joven, que es mucho (nada menos que la fama momentánea y su rostro en todas las pantallas), se lo debe en buena medida a su joven amiga y compinche de solidaridad indestructible, Liz (la actriz Laly González), que lo acompaña y guía durante toda esta parafernalia que hasta mezcla lenguas, como el guaraní y su mixtura con el castellano, llamada jopará. Una mezcla a la que debemos una película digna de estas tierras pujantes y siempre dispuestas a dar una sorpresa fenomenal.

Jorge Ariel Madrazo

Jorge Ariel Madrazo

Escritor

Jorge Ariel Madrazo, Buenos Aires 1931, poeta, traductor y periodista. Publicó Lo invisible (Ed. Lamás Médula, 2014) y más de una docena de libros de poesía, así como de narrativa, novela, ensayo y microficción. Miembro del Consejo de la revista chilena Trilce. Premios Nacional-regional y municipal de Literatura.

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