En 2009 Jorge Ariel Madrazo publicó su primer libro de Microficciones: Quarks, (ediciones Al Margen) y lo celebramos con una grabación en nuestro búnker sonoro del barrio de Saavedra, con nuestro Catador de Sonidos: Nicolás Supertino, junto con dos exdirectores de Lamás Médula: Sebastián Bianchi y Néstor Colón.
El pasado 21 de marzo, Día Internacional de la Poesía, Jorge Ariel Madrazo falleció.
Compartimos esta grabación de alta calidad literaria y técnica, inédita hasta hoy.

Así cualquiera

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

ASÍ CUALQUIERA
El hombre ni branquias tiene. Sí la mujer, nictálope molusco de profundidad.

Así moriste Jorge Ariel

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

ASÍ MORISTE JORGE ARIEL
Han olvidado pensarte. Con asesina persistencia. Y es que todos los demás están tan ocupados.

El León

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

EL LEÓN
Plegó las patas, al acecho. Alzando la cabeza oteó el aire, husmeó el viento: olía a presa segura. Ah, sí, allí, perfilado en el horizonte, tembloroso por la intuición del peligro, se erguía el cervatillo. Al verlo se encogió y reptó con la seguridad del depredador. Mientras saltaba intentó en vano un rugido victorioso. Le salió un chirrido que no asustaría ni a una anciana. El salto fue de cinco centímetros. Su compañera lo miró con lástima. No había caso: aquel grillo, más loco que una cabra, se empeñaba en creerse león.

Estás igualito

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

ESTÁS IGUALITO
Lo tropecé por la calle. Al Andrés. Siglos que no lo veía. Fuimos a tomar un café. Sendos cafés, bah. Esos días yo había pensado en él, el Andrés adolescente que repartía dulce de leche. Me contó: ahora tenía una fraccionadora de lácteos. ¿Casado?, Sí, con Inés, la compañerita de la Escuela 14 Consejo Escolar 20. Pucha, qué linda charla. Me dio su tarjeta. Hoy, pasada una semana, recordé que Andrés fue chupado por los milicos en el 76. Corrí a buscar su tarjeta. Solo dos palabras: estás igualito. Se borraron mientras las leía.

¿Fueron los bigotitos?

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

¿FUERON LOS BIGOTITOS? 
¿O las lucubraciones del profesor sobre el Ser y el Tiempo, aquel 1924, en Marburgo, Alemania? Ella, dieciocho años; él, treinta y cinco. Ella es un ave de lírico vuelo estricto, él, un águila de planeo calculador. Ahora, mientras mirás la foto de ella, esos ojos tristes, esa semisonrisa triste y dulce, es decir trilce, es decir dultris, el mechón que cae sobre la oreja derecha y las mangas del blusón abuchonadas y con puños de encaje, le advertís, en un susurro: “Tené cuidado, él no te conviene”. Pero ella no te oye. Sigue trilce. Sigue dultris. Sigue Hanna Arendt.

La embarazada militante

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

LA EMBARAZADA MILITANTE      
A la mujer que va ya por su embarazo decimoctavo le preguntan el por qué de ese empeño en dar a luz.
–¿Cómo no se dan cuenta? –responde, sorprendida, la mujer que vive consagrada a su militancia por inundar de luz la oscuridad del mundo.

La ventana indiscreta

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

LA VENTANA INDISCRETA  
La observaba cada noche, con avidez de fisgón. Ella, en entreabierta bata de noche, sentada ante el boudoir, se maquillaba interminablemente, se perfumaba, cepillaba el cabello suelto en ondas sensuales. Así cada noche. Luego se ponía de pie, giraba hacia aquel vecino indiscreto, apagaba la luz. Desde el edificio de enfrente, él se sabía ya enamorado. Hasta que, decidido, cruzó la calle y, temblando de excitación, oprimió el timbre. Ella abrió la puerta, sonriente y tanteando el aire. Era ciega.

SIN AUDIO

LAS CIENCIAS MORTALES  
Ocurre. Cada vez. Cada vez que el perro busca su ágata en el mar, que el amor y la mujer agitan su mediodía en el agua. Entonces, ocurre:
La olla de los sentimientos del mundo no puede contener ya tu luz, tus detritus. El todo sensible excede a tu mínimo humanito, peón de la necesidad cotidiana y astral; y una botella alberga un barco de jarcias y trinquetes y esloras, cobija la pregunta con que soñás arrojar esa botella a los grandes espacios de azufre. Los ámbitos de la feligresía del amor. Soy tu perro de síntoma y alambre, sos la sonrisa que me envuelve en llamas, mi agua necesaria. Sos mi cavilación y mi enfermedad, mi lugar en el orden de las ciencias mortales. Las ciencias, la palabra, los seres nacidos con los grandes ojos fijos para auspiciar la vida. Cada vez, cada vez.

SIN AUDIO

LAS LLAVES DE STELLA      
Stella abrió la puerta de su casa. Entre los dedos de su mano derecha –en posición supina– agitaba las llaves y con la otra mano sujetaba a su perra blanca, Stephanía, a la que llevaba al paseo nocturno. De pronto comprobó: ya no tenía las llaves. ¿Dónde las puso? Nunca aparecerían. En la siguiente oportunidad aferraba la correa perruna cuando, en una distracción o algo así, advirtió con alarma que ya no la sujetaba. De la perra, nunca supo. Una noche del mes siguiente apoyó una mano en una pared de su casa y ¡zaz! esta se esfumó ante su aterrado estupor. Decidió entonces invitar a salir al hombre a quien odiaba, lo aferró de un brazo con fuerza. Nada. Stella ignoraba que el don de las desapariciones le había sido otorgado por el dios bromista solo para ser ejecutado tres veces. Resignada, descubrió en cambio que el hombre no era tan desagradable. Y poseía llaves, perro y casa.

SIN AUDIO

LOS PIQUETEROS PÁLIDOS
Aquel día, un grupo de muertos argentinos (quiénes, si no) resolvió protestar; entendían que la cosa era injusta, y algo de razón tenían. A más de la carta documento al jefe del Más Allá se lanzaron a bloquear nubes celestiales y vereditas de rescoldos humeantes; apoyados por el gremio de camioneros fallecidos armaron tal despiporre que el Supremo y Satán, ambos a una, debieron negociar: cada año, un núcleo selecto de esos muertos made in Argentina vuelven por una semana al terruño. ¿No alcanzó a verlos, esos tipos y minas más bien paliduchos a los que todo, aquí abajo, les parece una maravilla y hasta hablan bien del país?

Madre cose

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

MADRE COSE   
El restaurante auto-servicio rebosa comensales. Las mesas se han improvisado con tablas apoyadas sobre máquinas de coser oxidadas, en desuso desde los años ’40. Mientras almuerzo sobre mi máquina Singer, mis pies automáticamente hacen bailar el pedal de hierro, y la rueda giratoria obliga a correr al hilo de costura fantasmal. Devoro los ravioles; a mi lado, mi madre ajusta el hilo en el cartucho de metal resplandeciente, hace galopar la tela y le va dando esos sabios pespuntes. La contemplo absorto. Me dice: “Pero, hijo, se te enfría la comida”.

Manía de sabio

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

MANÍA DE SABIO        
El profesor Rudolf Lipezki tenía un hábito incordioso: cada noche, hacia las cuatro de la madrugada, salía al balcón y aullaba. Sus vecinos, hartos, poco podían hacer; el profesor era un hombre influyente. Golpeaban a su puerta: no respondía. Fueron en delegación a increparlo en su laboratorio. Cuando la secretaria los hizo pasar, en el diálogo descubrieron el problema: de día, entre tubos y retortas, el profesor era un lobo hecho y derecho. De noche, al descubrirse otra vez humano, la frustración lo impulsaba al aullido.

Mujer de agapanto

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

MUJER DE AGAPANTO         
Lluvia. Llueve copiosamente a través de una lumbre silenciosa; la mujer morena bebe cada gota, cada hoja vegetal, con su cabello partido en grandes alas de gaviota y ojos que arden incendios de ágata y agapanto. La mujer flota en la lluvia y es una flor vertiginosa que recoge otras flores y todo es único y esquivo, igual a una gacela que burle, con grácil gracia, al torpe cazador. La mujer atrista ojos de poeta, diluvia un tímbrico “¿a que no me alcanzas?” y su corazón hiende la maleza con saltos insomnes, con ojos que no callan y claman su melopea en la noche del solitario.

Niños

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

NIÑOS     
Algarabía en el patio escolar detrás del muro que lo separa de la vereda, por donde camino atento al barullo. Todos los niños –la muralla no me permite verlos– gritan al unísono pasálapelota aycorré daleluisita y chillidos de sorpresa, alegría de la ronda y esa estridencia y las carreras hasta una raya blanca pintada sobre los mosaicos elúltimocoladeperro ganéyonovale ¿ysijugamosalasestatuas? Cortomano cortofierro. Atraído por el bochinche infernal me empino y miro por encima del antipático muro divisorio. Veo un patio desolado, una escuela en ruinas.

Para planeta, Erenchun

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

PARA PLANETA, ERENCHUN          
Es extraño, en verdad, el planeta Erenchun. Supónganse, por un instante, cierta insomne topografía donde la lluvia brota del desierto mientras corretean dinosaurios pequeños y dulces como golondrinas, y el tiempo vuela hacia atrás mediante una furiosa rotación sobre su vértice. Bien: nada de eso ocurre en Erenchun.

Propiedades del colibrí

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

PROPIEDADES DEL COLIBRÍ          
–Diga su última voluntad –conminó el jefe del pelotón.
–Deseo que cada soldado piense durante cinco minutos en un colibrí.
Así lo hicieron. Luego, ninguno osó oprimir el gatillo.

Sólo para suicidas

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

SOLO PARA SUICIDAS          
Una pizzería mal alumbrada por neones sucios, una vieja con las medias caídas se hurga los dientes, la pizza está helada y dura, una cucaracha trepa a tu mesa por la pata de la silla, en el televisor las peripecias de Gran Hermano, te abandonó tu mujer, no lográs redondear el poema.

Vivere Stanca

by Jorge Ariel Madrazo | Quarks (Ediciones Al Margen, 2009)

VIVERE STANCA         
Cesare Pavese estaba allí. No podías creerlo. Sentado ante la mesa de tus desayunos, los Diálogos con Leuco frente a él, la lapicera en una mano. Apenas si alzó la cabeza para dirigirte un saludo y escribir en la primera página del libro: “Perdono a todos y a todos pido perdón. No armen demasiados chismes”. Ajustó sus anteojos apretándolos contra el puente de la nariz. Afuera cantó un pájaro, se oyó a un pregonero que recorría las calles soleadas de Turín. ¿Turín? ¿No habías despertado de un sueño ligero en tu casa de Villa del Parque? Viste a Pavese hacer tres llamadas, a tres mujeres a las que sin éxito invitó a salir. Tuviste un sobresalto cuando extrajo un sobre, lo abrió y derramó las pastillas sobre la mesa. Supiste. Pero no lograbas dar un paso. Querías gritar: “No lo hagas…” Luego que él ingirió los dieciséis comprimidos adivinaste, sin leerla, la última frase de su Diario: “Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”. El almanaque, que hasta entonces proclamara 27 de agosto de 2007, ahora gritaba ese mismo día pero de 1950. Solo al llegar la muerte pudiste abandonar, abrumado, aquel cuarto del turinés hotel Roma. Estabas otra vez en tu casa. Un pájaro se desangró en el aire.

JORGE ARIEL MADRAZO

(1931-2016, Buenos Aires) Exiliado en Caracas entre 1975/1983. Más de una docena de poemarios. Su poemario Cuerpo Textual obtuvo Segundo Premio Municipal en 1987. Publicó también narrativa y ensayo. Integró el Consejo de Redacción de la Revista de Poesía y Reflexión «Trilce», de Concepción, Chile, y es Miembro Honorario de la Academia de Letras del Nordeste de Brasil.

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