Por Julieta Désmaras.

La mirada glacial de Linda Boström Knausgård se hunde a lo largo de su pelo oscuro, da la impresión de que reserva una pena inclemente. Aún así, está afilada.

Texto y traducción por Julieta Desmarás

Poeta y escritora sueca, es dueña de una prosa cautiva. Casada con el escritor it Karl Ove Knausgård, quien escribió en su obra autobiográfica detalles privados de su familia. “Me casé con el hombre más indiscreto del mundo” confesó acerca de su famoso esposo. En el 2011 publicó Grand Mal, una recopilación de textos breves, libro que fue recibido con críticas solemnes. Sufre de trastorno bipolar y su trastorno fue objeto de un documental de radio que ella misma produjo. Su primera novela, Helioskatastrofen, se publicó en el 2013 y fue traducida a varios idiomas. En agosto presentará su cuarto libro y segunda novela. Mientras vive, retoma el camino de regreso a la poesía.

La mujer cumple con el denominador común de toda muñeca que viene del frío pero su belleza, a su vez, trasfiere misterio. Lejos de ser una muñequita para contemplar desde una repisa, sus ojos- contenedores frigoríficos para el transporte de cargas refrigeradas- no amenazan, predicen el deshielo de un cuerpo que no puede o no quiere dormirse. Linda Boström se encuentra al filo de su propia voz, y punza como pico de hielo.

Lamás Médula: ¿Estudiaste arte dramático? ¿Cómo fue crecer con una madre actriz y ser hija de un padre de campo? ¿Cuánto de ellos te ha influenciado?

Linda Boström Knausgård: Me crié en un teatro. Me la pasaba con mi madre que era actriz. De niña la acompañaba desde muy temprano a los ensayos y por la tardecitas me sentaba junto al público. El teatro fue mi casa. Ahí me sentía segura. De tanto en tanto aparecía mi padre-quien representa una figura violenta para mí-, pero ni siquiera él fue capaz de interrumpir en escena. Nunca. El teatro tiene fuertes reglas, y eso fue lo que me mantuvo segura y libre. Escuchaba los textos, observaba a los actores, pero a su vez era libre de fantasear, de estar en mi mundo. Hoy, cada vez que voy al teatro siento la misma sensación de seguridad y libertad. Creo que el buen teatro es la manera más sólida de atravesar un texto; y tuve la suerte de experimentar y presenciar grandes performances.

LM: Tu poemario titulado Hazme agradable a la herida, respira un aire denso que perfora ¿cómo fue transitar esos textos?

LBK: Ese título simplemente lo escribí un día cualquiera. Asistía a una escuela de escritura en Suecia y allí comencé con una serie de poemas, donde el título surgió. En sueco, “hazme agradable a la herida” tiene un doble significado. Por un lado, sentirme cómoda con la herida y por otro lado, sentirme atraída por ella. Rápidamente me di cuenta que tenía motivos para escribir poemas con ese título.

LM: En el 2011 publicaste una serie de textos cortos y luego en el 2013 una novela. ¿Cómo fue trabajar otro género? ¿Las horas de trabajo se intensificaron o el proceso fue similar a cuando escribís poesía?

LBK: Comencé a escribir relatos cortos muchos años después de publicar mi poemario. En el ínterin me formé para producir documentales de radio, tuve hijos, … Así que cuando me senté a escribir de nuevo, todo era diferente. Y fue con textos breves, la manera en que se manifestó mi escritura. La narrativa de Gran Mal aborda un temperamento y lenguaje distinto a mis otros libros pero a su vez encierra cierta desesperación que me es familiar. Existe un presente agudo que me denomina. Lawrance Durell dijo que para hacer arte, uno obtiene una visión y debe ir tras ella con los ojos vendados. Me reconozco en sus palabras. He escrito cuatro libros, todos ellos con su propio resabio, lenguaje y destino. No diría necesariamente que hay una gran diferencia entre escribir prosa o poesía, pero sí que surgen a partir de diferentes visiones.

No diría necesariamente que hay una gran diferencia entre escribir prosa o poesía, pero sí que surgen a partir de diferentes visiones.

LM: Tu novela El desastre Helios ahonda la temática de una vida atormentada donde se explora la religión, la locura, la ausencia, ¿Qué te llevó a querer explorar dichos temas?

LBK: La nena de 12 años que nace de la cabeza de su padre en un pueblito del norte de Suecia, no sabe nada. Solo sabe que tiene un padre, de la que es inmediatamente arrebatada, eso es todo. Anna experimenta su vida en su nueva familia adoptiva y desconoce lo que es vivir en familia. Un día se descubre que ella tiene el don de “hablar entre lenguas” (conocido también como glossolalia) y comienza a hacer apariciones en la iglesia. Su reputación se expande a lo largo de la ciudad y un domingo llega a la pequeña parroquia un invitado de Uppsala, el pueblo donde vive el obispo. La presión que siente Anna por querer lograr una buena impresión es inmensa y por un esfuerzo sobrehumano, colapsa. Al despertar, su hermano adoptivo le dice de manera indiferente que ya no puede hablar así. Está basado en una tragedia griega. La segunda parte de la historia continúa desde una clínica psiquiátrica. Si bien no sabemos qué le pasó exactamente, nos sentimos atraídos por su vida interior y su enigma, donde la razón, la sin razón, el amor, la pérdida de identidad, son amenazas que la fascinan.

Para mí escribir es una manera de mantenerme sana. Es la manera que encuentro de ser fiel a mí misma.

LM: Tu manera de abordar la escritura, es intensa y descarnada. Pienso en poetas como Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, y tantas otras que vivieron descaradamente como pensaron. ¿Qué sentimientos tenés hacía ellas? , ¿Creés en la escritura como escape de determinados tormentos?

LBK: Siento dolor y rabia por sus destinos. ¿Por qué se tuvieron que morir? ¿Por qué es tan difícil vivir? También lucho con esto a diario y sólo encuentro preguntas, nunca respuestas. Para mí escribir es una manera de mantenerme sana. Es la manera que encuentro de ser fiel a mí misma. Pero publicar libros es difícil, tener que lidiar con eso muchas veces es agotador y tengo un desorden bipolar y cada vez que saco un libro, enfermo. Ahora estoy en un proceso de aprendizaje. Estoy profundamente comprometida con mi decisión de ser madre de mis cuatro hijos y mantenerme estable. Escribir es correr el riesgo. Pero se supone que también se debe vivir. No es algo menor, no es una cosita fácil de hacer. Tanto el puño de Sylvia Plath como el de Alejandra Pizarnik subrayaron una y otra vez que nunca lo fue.

LM: Esta por salir tu cuarto libro, ¿estás trabajando otros escritos?

LBK: Así es, en agosto mi cuarto libro y segunda novela se presentará en el Modernista Förlag. Se titula Bienvenido a América, y se centra en un enorme departamento ubicado en Estocolmo en donde conviven una hija silenciosa con su madre, la actriz, su hermano y su padre difunto. Me he vuelto más cercana a mi madre, y es una historia de amor, un cuento familiar con sus cuartos oscuros y luminosos. En lo que estoy trabajando ahora es poesía, de nuevo; repentinamente, ese parece ser mi único camino posible.

Julieta Desmarás

Julieta Desmarás

Colaboradora

(1982, Buenos Aires) Gran parte de su infancia y adolescencia la vivió en el sur argentino. Redactora cultural. Desde el año 2007 administra su blog: De las hojas al hormiguero. Colabora para diferentes revistas de música & cultura. Asistió a talleres dictados por reconocidos escritores y poetas. En 2014 editó su primer poemario El río y su cajón con Editorial Alción. Actualmente está próxima a editar su segundo libro de poesía y una obra de teatro.

 

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