Por Martín Camps.

El tercer libro de Anthony Seidman A Sleepless Man Sits Up in Bed (Un insomne se sienta en su cama), con cambios de perspectiva sitúa al poeta en el espacio entero, la velocidad de la imaginación que vence a la lenta velocidad de la luz. La nebulosa está aquí en mi mano, parece decirnos el poeta.

Este es el tercer libro de Anthony Seidman. Los dos previos son On Carbon-Dating Hunger (Datando el hambre con Carbono 14) y Where Thirst Intersect (Las intersecciones de la sed), además de publicar otros libros de artista en Francia, su segundo hogar -el tercero sería México, el primero su natal Los Ángeles. Los títulos son San Fernando Valley Suite y Motel Insomnia; y sus poemas han aparecido en innumerables revistas internacionales (una búsqueda en Google arroja cientos de sitios), así como sus traducciones, en las cuales trabaja incansablemente: la editorial neoyorquina Bitter Oleander ha publicado recientemente una traducción realizada por Seidman de los poemas de Salvador Novo.

Como puede verse, la tradición de la poesía latinoamericana es una de las corrientes que fluyen en las imágenes de Seidman. En algunos casos son homenajes, como por ejemplo estos primeros versos de su poema “Sweat” (Sudor): “Desert Winds, why did you give me/hands brimming with heat” (Vientos del desierto, ¿por qué me han dado estas manos rebosantes de calor?). Por supuesto, una imagen pelliceriana, del poeta tabasqueño que dice “Trópico, para qué me diste/las manos llenas de color” de su poema Deseos de 1924, pero que Seidman transporta al espacio desértico.

Se respira México en estos poemas, pero el México fronterizo y algunas veces el México del más norte, el de los barrios mexicanos de North Hollywood.

En sus poemas, el poeta se sitúa en la lejanía de las nebulosas astrales, pero después se acerca en un ultra zoom microscópico al nivel del hidrógeno y el oxígeno. Estos cambios de perspectiva sitúan al poeta en el espacio entero, la velocidad de la imaginación que vence a la lenta velocidad de la luz ( como en “slow light drifting after love” [lenta luz arrastrándose después del amor] o más adelante “to travel at the velocity of moonlight” [viajar a la velocidad de la luz de la luna]). La nebulosa está aquí en mi mano, parece decirnos el poeta. El torrente de imágenes nos desplazan por el universo de un ojo alephico que mira todo a la vez, en la esfera de todos los tiempos posibles. Dice “twilight is like voices reverbarating / through amniotic fluid into an embryo’s sleep” (el ocaso es como voces reverberando/por el líquido amniótico hacia el sueño de un embrión).

Sin embargo, los espacios definen al poeta, establecen las coordenadas específicas para entender el organismo de su imaginación. Este espacio muchas veces es Ciudad Juárez, otras tantas, es la ciudad de Los Ángeles, la ciudad de los “sedans”, (“sedans rusting & overtaking vacant lots” (sedans oxidándose y usurpando lotes baldíos). La ciudad de las mujeres muertas, de los atardeceres pictóricos, y donde vivió en uno de los barrios marginales que fueron arrasados por la violencia y por los deseos municipales de embellecer “el centro”. Escribe sobre la “ciudad fea” donde se pudren las acacias y “the pigeons / crapping on the Statue of Benito Juárez” (las palomas se cagan sobre la estatua de Benito Juárez). Hay otros temas en el poemario donde aparece Coatlique, el mezcal, deidades mexicanas y elíxires para desatar al duende de la poesía. Se respira México en estos poemas, pero el México fronterizo y algunas veces el México del más norte, el de los barrios mexicanos de North Hollywood.

La afinidad de Seidman por las imágenes nos hace pensar que así como en el poema de Carlos Martínez Rivas en honor a Joaquín Pasos (traducción incluida al final del poemario) Seidman de pronto quiso también ser un pintor, porque los poetas al menos tienen cosas, pinceles, frascos, lienzos y paletas. Dice con el pincel del lenguaje: “after the red spider of thirst” (después de la araña roja de la sed) que desciende por la garganta agostada por el calor. O donde una mujer “rips open her blouse so that / the wind will hone her breasts like volcanoes” (se abra la blusa / para que el viento afile sus pechos como volcanes] o más adelante “our moon was a pile of bones” (nuestra luna era una pira de huesos).

Como otros poetas, no solo el amor es lo que captura su ojo, sino la brevedad de la vida y nuestro tiempo en la tierra, por eso dice en un poema corto:

My words pour / sleet or fire. // The earth is hard / but below me.”

(Mis palabras vierten granizo o fuego // La tierra es dura / pero bajo mis pies).

En efecto, siempre y cuando la tierra yazga bajo nuestros pies la vida nos permite la poesía antes de que nos tiendan en la plancha de la muerte y “we’re given our final shave” (nos den nuestra última rasurada).

Además Seidman nos remite a la pintura en sus poemas, a Vermeer, Modigliani, Motherwell y Diego Rivera, a quien describe como “a playboy in heat, well dressed, and piggish” (un garañón en celo, bien vestido y apuercado). El color llena los versos de su poesía, por ejemplo “the blue syrup of siesta” (la miel azul de la siesta) o en “young lovers undressed in rooms jagged with crimson light” (jóvenes amantes que se desvisten en cuartos dentados con la luz carmesí).

La poesía de Seidman se expande a la velocidad del universo, su voz captura las vibraciones de la materia, de los elementos que nos acompañan en la forma de oxígeno e hidrógeno, los verbos se encienden. En el último poema del volumen se dirige al lector que brilla mejor que “un vaso de cerveza”. Además, el lector es “a voice / a breath / carving the curve / of an O” (la voz, el aliento que talla la curva de la O). Este libro nos lleva por la noche clara del insomnio, por los espacios derruidos de Ciudad Juárez, pero que siguen boyantes en los planos de la memoria. Cada libro de Seidman es un evento, una llamada a la reflexión y a ver el mundo renovado, cada imagen pulida con el esmeril doloroso del tiempo; que hieren de alguna forma la memoria y se quedan allí, flotando, como la nebulosa cangrejo, en la constelación Tauro, como un ojo azul que habita en la inmensidad del espacio y en la diminuta partícula de la niña de nuestro ojo. Un poemario para detener el tiempo y viajar a la velocidad de la luz.

A Sleepless Man Sits Up in Bed

He stares at his hands, senses the obscure
galleys, coasts and watchtowers the dark
stretches across the open sea. There
is a light he has now lost: the glint
on a newly minted token, the sparkle
in an updraised glass as a boy drinks,
summer of parched weeds, a peeled orange
and white teeth, a door opened to
the patio where it is always noon.
Now in his bare room, as the house
grips down into the soil, and the wind
drags dawn over the hills to the villages
forsaken but for the elderly and black dogs,
he can no longer discern the source
of an endless creaking in the night:
The weather-vane? Or hull of the final ferry?


Un insomne se sienta en su cama

Se queda mirando sus manos, detecta la obscura
galera, las costas y las torres de vigilancia que la oscuridad
extiende a través del mar abierto . Hay
una luz que ahora ha perdido: el destello
en una ficha de nuevo cuño, el brillo
en un vaso alzado de un niño que bebe,
verano de malezas resecas, una naranja pelada
y los dientes blancos, una puerta se abrió hacia
el patio donde siempre es mediodía.
Ahora en su cuarto desnudo, mientras la casa
se agarra del suelo y el viento
arrastra el amanecer sobre las colinas a los pueblos
abandonados pero para los viejos y los perros negros,
ya no puede discernir la fuente
de un crujido incesante en la noche:
¿Será la veleta? ¿O el casco del transbordador final?

Martín Camps

Martín Camps

Colaborador

Poeta y profesor de literatura. Ha publicado cinco libros de poesía, su último libro es Los días baldíos (México: Tintanueva). Ha publicado poemas en varias revistas, sus últimos poemas aparecieron en la revista Modern Poetry in Translation. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad del Pacífico en California.

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