Por Roberto Liñares.

Carlos Gardel nos pidió que publicáramos este llamado a la solidaridad por la disquisición de quereres en que se vio envuelto.

Queridos amigos de la América Latina. De mi tierra y de mi raza. Ustedes saben perfectamente desde donde estoy hablando y por donde ando de gira. Así que por la borda sentimentalismos y cuentitos misteriosos. Al grano. Es un llamado a la solidaridad.

Desde que por estos pagos anda un siciliano atrevido que anda moviendo gente de las butacas al escenario y viceversa, y encima un yoni que anda todavía entre ustedes se le ocurrió la peregrina idea de despegar del telón a cuanto punto anda merodeando las cintas cinematográficas, me he visto en la necesidad de plantarme, y salir a copar la parada con algunas explicaciones que seguramente encontrarán en Uds. oyentes cordiales e interesados.

Prosigo. Por motivos que desconozco, vivo continuamente viviendo, entre otras eternidades, la escena de la gran película Paramount que quiero de todo corazón, y que protagonicé: “El día que me quieras” donde estoy en un jardín esperando a Margarita, la dueña de mi corazón, con la que al llegar siempre comenzaba un dulce diálogo hasta hace unos años a solas y ahora verán que no, porque ahí está mi problema, (Escuchen mi drama, que dedico a los amigos de España y de la América Latina):

– Julio.- (Por que ahora me llamo Julio y mi voz está en negrita)

– Margarita.-

-Lo hice esperar demasiado?.-

-Sí y no.-

-Al salir del teatro lo vi a Rocamora y a Saturnino. Los pobres ni siquiera sospechan que nos vemos en los jardines como…-

-Como enamorados.-

-Como amigos que se quieren bien.-

-Ja… Sentémonos.-

– Sí… La romántica cita a la luz de la luna.-

-Margarita… Yo tuve en la vida todo lo que el dinero puede ofrecer. ¿Afectos…? Nunca… Mi madre murió joven y mi padre no tuvo tiempo de pensar en mí.-

-Julio…-

-Cuando recurrí a él siempre encontraba su libreta de Banco… Comprensión, nunca… Ahora mi vida ha cambiado… Usted está en mi vida… ¿Quiere entrar en ella para siempre?-

-¿Yo? Julio… No. Yo no soy de su medio.-

-Tampoco yo soy de mi medio.-

-Usted es hijo de una gran familia.-

-No… de una gran fortuna.-

-Yo soy…-

-Tú eres la alegría, la dulzura, el amor. Sin mi familia y sin su fortuna. Qué puede importarme todo eso si tú eres mi fortuna. Cuando me quieras Margarita… El día que me quieras no habrá quien sea más rico que yo…-

-Momentito (emerge una voz entre bastardillas) mi día que me quieras es mío…-

-Insolente (a esta altura estaba salido de mis cabales y de mi libreto), qué clase de voyeur es usted para estar por la ligustrina espiando. Oiga cara rota.-

-Rosita, no le haga caso a este chansonnier.-

-No se llama Rosita. Se llama Margarita.-

-Se llama Rosita. Rosita Moreno. Porque su amor será de película, pero el mío es de fricción, es de verdad.-

-Usted me quiere piantar la percantina.-

No sea soez sudamericano. No ofenda a una mujer ni con el pétalo de una rosa y permanezca en silencio… Rosita… Míreme a los ojos. Este rioplatense le va a querer cantar “El día que me quieras”. Pero yo quiero ser amado y quiero que Usted sea mi amada. Yo soy puro nervo y quiero que usted se enerve conmigo. Le voy a recitar “El día que me quieras”, que pertenece a mi libro “El arquero divino”.-

-El único arquero divino es el de Racing…-

Cállese… O digo quien es el “Pibe Carlitos”, un conocido estafador. Escúcheme Rosita… Y apreciará mis referencias culturales y mi atmósfera modernista, envidia de Darío, de Lugones y por qué no de Julio Herrera y Reisig…

“El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.

Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cristalinas
el día que me quieras.

El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

Cogidas de la mano…”

-Epa… Y a mí me dice soez.-

-Cállese repito… Rosita… Rosita… atiéndeme… quiero decirte algo…yo necesito hablarte, y así lo haré…

“Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas…”

-Gola es la mía…

-Ignorante, déjeme terminar…

“…Luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras…
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!

Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.

El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada arrebol, miraje
de “Las Mil y una Noches”; cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.

El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios…”

-Qué le parece Rosita…? No la va a comparar con esa cancioncita?

-Y a Usted qué le parece Margarita?

Y aquí mi Margarita se queda callada y la escena vuelve a empezar con el mismo intruso, que hasta donde yo sé es mejicano, por el acento.

Y para colmo hace unos meses me apareció un viejito porteño, que dice ser de Villa del Parque e hincha de San Lorenzo, que en el medio de la batahola, escondido entre las plantas del jardín, susurra arteramente: “Si los pastos conversaran. El día que me hieras, un rayo misterioso, arácnido en tu pelo, cisterna furiosa, decí por Dios que me has…” Y cuando lo chisto para que se calle se justifica: “No se enoje Julio Romualdo, solo distorsiono la realidad y la vuelvo multiplicada.-”

Necesito ayuda. La retribuiré. Pronto visitaré otras paráfrasis de nuestra lengua, y si se deciden andar por acá, espero tener el gusto de saludarles personalmente.

Y ahora cedo el micrófono a mi amigo Le Pera, que es el autor de mis películas y de la letra de las canciones.

Soy Alfredo Le Pera. Yo felicito a Gardel y a la Casa Víctor por este contrato y en cuanto a mí mismo al placer de ver registradas mis composiciones en discos de magnífica calidad, se agrega la satisfacción de saberme interpretado por un artista del gran talento de Carlos, del gran talento de Luigi Pirandello, del gran talento de Woody Allen, del gran talento de Amado Nervo, del gran talento de Leónidas Carlos Lamborghini.

Agradezco al Dr. Girondo por este medio. A Dios querido público.

Roberto Liñares

Roberto Liñares

Colaborador

(1955, Buenos Aires) Poeta. Sus obras han sido publicadas en distintas revistas, y formado parte de numerosas antologías. Ha recibido varios premios (Biblioteca Belisario Roldán, Departamento de Extensión Universitaria de la Facultad de Derecho, Club Banco Provincia, Central de los Trabajadores Argentinos, Secretaría de Cultura de la Asociación Bancaria, etc.). Participa en distintos recitales y “performances”.

Share This