Por Martín Camps.

En Berkeley se presentó la versión remasterizada de Fat City (1972) de John Houston. Su guionista, Leonard Gardner, estuvo a cargo de la presentación y de acercar al público los detalles de la filmación.

Leonard Gardner nació y creció en Stockton, ciudad localizada en el valle Californiano, a una hora y media al este de San Francisco. A los 18 años fue a un gimnasio y estuvo entrenando allí un par de meses. Su padre había sido un boxeador que le decía con garbo: “no one has ever laid a glove on this face” [nunca nadie me ha puesto un guante encima]. Es posible que al afamado director norteamericano John Huston (1906-1987, Director de El Halcón Maltés, El Tesoro de la Sierra MadreLa reina de África) le haya llamado la atención su libro del mismo título, publicado en 1969 porque también era un boxeador. La novela de Gardner es una extraordinaria novela con tema de boxeo, actualmente reeditada por el New York Review of Books, pero en esta ocasión hablaré de la charla que dio Gardner con respecto a la película en su exhibición el viernes 3 de junio en el Museo de Arte y Archivos Cinematográficos del Pacífico en Berkeley.

En la presentación de una versión remasterizada de la película, el autor Leonard Gardner recordó haber pasado dos semanas con John Huston en Irlanda, donde el excéntrico cineasta pintaba, cuidaba algunos caballos y se reunía con él durante media hora todos los días de esos catorce días en que estuvieron en Irlanda.

Decía que en Hollywood le apodaban al director “el monstruo” pero él nunca vio esa faceta de él. La única vez en que tuvieron una diferencia fue cuando Huston le mandó unas correcciones del libreto de la película Fat City que Gardner regresó con una carta diciendo que “nadie en la historia del mundo podría hablar de esa manera”. Después sabría que esas correcciones no las hizo Huston, quien era un buen escritor, sino una secretaria que estaba dentro del presupuesto de la película para hacer correcciones.

Stockton no era una ciudad muy cinematográfica y precisamente por eso era la ciudad perfecta para la película.

Rememora también que el nombre del libro y eventualmente de la película le vino de un grafiti que vio en una pared en San Francisco. Había escuchado esa frase en otra ocasión que significaba estar en un buen sitio o una ciudad de la abundancia. Obviamente es un título irónico porque la ciudad de Stockton que presenta en la película es lo opuesto. De hecho, en la versión italiana de la película la tradujeron como “Ciudad amarga” (Città Amara). Después vería el mismo nombre Fat City escrito en una banqueta y decidió que era un signo para llamarle así a su novela que acababa de escribir y todavía no tenía un título.

Gardner recordó también que era el único escritor que estaba en el set de la película. Por lo general en Hollywood el primer libreto es transferido a una segunda persona que después lo modifica, pero él era el único que estaba allí, así que podía hacer algunas correcciones. Mencionó también sus interacciones con los actores, por ejemplo, la actriz Susan Tyrell que trabajaba en ese tiempo en Nueva York haciendo teatro, tenía una voz aguardentosa y un talento de sobra que le otorgó una nominación al Oscar. Gardner comentó que la actriz en la vida real era un poco estrambótica, como su personaje en la película, y tuvo un love affair con uno de los peleadores. El actor Jeff Bridges que estaba en su segunda película pensaba que su personaje estaba basado en Gardner por lo que lo seguía a todos lados e intentaba imitar como se sentaba y hablaba. Por las noches invitaba a todos a su cuarto de hotel a tomar y a tocar los bongos.

Gardner prefiere el trabajo literario de un libro porque es solitario y es el único que está envuelto en el producto final.

Gardner mencionó que la ciudad de Stockton tenía una de las más grandes skid rows (calles de los sin techo) al Oeste de Chicago. Era una ciudad de 80 mil habitantes y que la ciudad iba a destruir esta zona, de hecho justo después de la última escena de la película, la ciudad comenzó a tirar con maquinaria uno de los hoteles que aparecen en escena. También, el director utilizó vidrios ahumados para capturar las escenas de las personas sin que supieran que estaban siendo filmados. Stockton no era una ciudad muy cinematográfica y precisamente por eso era la ciudad perfecta para la película. No se hicieron sets, toda la película se filmó en la ciudad, así como los campos de cultivo que están a unas millas de la ciudad.

 

Gardner recuerda también que “Lázaro” era un atleta de San Francisco que tenía la nariz chueca como un “Picasso” pero que su manager no lo quería dejar que apareciera en la película porque pensaba que se iba a dedicar al cine y no a las peleas. Gardner dice con respecto a ver la película de su propia novela, que extraña ciertos pasajes, pero no puede quejarse porque él mismo escribió el libreto y sabe cómo debe moverse la historia en una cinta. Pero prefiere el trabajo literario de un libro porque es solitario y es el único que está envuelto en el producto final. En el caso de un libreto, están otras personas que también quieren meter mano.

La trama de la película de Fat City relata la historia del boxeador “Tully” (Stacy Keach) quien intenta resucitar su carrera de boxeo y conoce al dieciochoañero Ernie Munger (Jeff Bridges) en el YMCA. Tully le sugiere que vaya al gimnasio “Lido” para que Rubén Luna lo entrene. La vida de Tully está marcada por el abandono de su esposa; todo el día se dedica a emborracharse y trabaja como empleado agrícola en los campos cercanos de Stockton. Tully está molesto con Rubén porque lo mandó a una pelea en Panamá donde lo dejó solo en su esquina y perdió la pelea.

La película no es únicamente una cinta sobre el boxeo, es también sobre la relaciones raciales en la convulsa época de finales de los sesenta en Estado Unidos.

En un bar de la ciudad de Stockton, conoce a Oma (Susan Tyrell), una mujer que está saliendo con un afroamericano, Earl (Curtis Cokes), y en la segunda vez que se encuentran -cuando Earl está en la cárcel- Oma le dice que lo ama y se mudan juntos. La relación entre los dos es escabrosa, Oma pasa todo el tiempo embriagada y quejándose. En una historia paralela, Ernie pierde su primera pelea y debe casarse con su novia Faye (Candy Clark) porque van a tener un hijo. Para poder casarse se dedica también a recoger frutos en los campos de cultivo.

El momento clave de la película es cuando Tully pelea contra Lucero (Sixto Rodríguez) un mexicano que tiene un problema renal. Tully gana la pelea, pero Rubén le paga solo 100 dólares a Tully que rápidamente va a tomárselo al bar más cercano mientras le reclama a Rubén el haberlo estafado de nuevo desde la pelea en Panamá. En la última escena, Tully ve a Ernie subiéndose al auto, y aunque éste trata de ignorarlo, acepta tomarse un café. Ernie quiere irse pero Tully le pide que se quede unos momentos más para poder charlar, aunque se quedan tomando café en silencio.

La película no es únicamente una cinta sobre el boxeo, es también sobre la relaciones raciales en la convulsa época de finales de los sesenta en Estado Unidos. Oma está con Earl, un afroamericano, ella dice “The white race is in its decline. Started downhill in 1492 when Columbus discovered syphillis” [La raza blanca está en declive, inició cuando Colón descubrió la sífilis en 1492]. En otra parte Rubén Luna dirá que quiere que pelee Ernie (que es blanco) porque los blancos no quieren pagar para ver a dos negros golpeándose. Las tensiones raciales se presienten en la historia, los mexicanos empobrecidos en el bar o recogiendo cebollas o nueces bajo el duro sol del valle. La película también tiene momentos cinematográficos memorables, por ejemplo, cuando Lucero, el boxeador derrotado sale de la arena, vestido con traje y apaga las luces del pasillo. O la última escena cuando Tully y Ernie toman café en un restaurante percudido que parece un galerón abandonado más que un café. Ambos ven a un mesero anciano, le pregunta Tully: ¿qué harías si te levantaras mañana y fueras él? La película termina con ellos a cuadro, contemplando el paso del tiempo, en silencio, tal vez Ernie será como Tully en unos años más, derrotado, con el rostro marcado por cicatrices y empobrecido.

En efecto, no están en “Fat City” sino en la calle de la amargura.

Martín Camps

Martín Camps

Colaborador

Poeta y profesor de literatura. Ha publicado cinco libros de poesía, su último libro es Los días baldíos(México: Tintanueva). Ha publicado poemas en varias revistas, sus últimos poemas aparecieron en la revistaModern Poetry in Translation. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad del Pacífico en California

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