Por Claudia Sánchez Rod.

Alguien me contó sobre Exit La Librería y me prometí ir ahí tan pronto se presentara la ocasión. Me la había imaginado grande, espaciosa, llena de rincones íntimos y techos muy altos, como las librerías que hasta el momento había visitado en esta travesía libresca. Pero esta vez, nada de eso.

Después de avanzar a marchas forzadas en mi traducción, salí por la tarde rumbo a la colonia Cuauhtémoc, calle Río Pánuco 136, en busca de Exit La Librería, el sitio del que quiero hablarles en esta ocasión. Alguien me contó sobre ella y me prometí ir ahí tan pronto se presentara la ocasión, y nada, que la ocasión llegó. Yo me la había imaginado, no sé por qué, grande, espaciosa, llena de rincones íntimos y techos muy altos, tal vez porque todas las librerías que hasta el momento había visitado en esta travesía libresca habían sido así. Esta vez nada de eso: Exit La Librería es un lugar mínimo, de apenas unos cuantos metros por otros cuantos; la cosa aquí, estimado lector, es la cantidad de joyas que puedes encontrarte en forma de libros.

Es cierto que esta librería es para un consumidor de élite, ni hablar. Está pensada para el erudito, el especialista, el coleccionista, el aficionado experimentado, el estudiante de arte nacional e internacional e incluso el buscador de tesoros. Tiene un gabinete de fotografía donde puedes encontrar exclusivas ediciones de grandes figuras como Gerardo Montiel Klint, Adam Wiseman, Valerie Belin, Miguel Río Branco o Alex Dorfsman, por mencionar algunos. Entre las editoriales que se ofertan están Phaidon, Taschen y Blumen. Si estás buscando algo en particular y no existe en el catálogo, el personal lo rastrea por todo el mundo hasta dar con él y ponerlo en tus manos. Algo así como un sueño de esos que te hacen despertar de buen humor. Dado que la librería se especializa en arte contemporáneo, su oferta abarca la arquitectura, cine, fotografía, diseño, estética, historia del arte, cultura visual, crítica, arte público, museología y comisariado; por más que no estemos familiarizados con todas estas materias (como es mi caso) suena atractivo, ¿no? Todo en este pequeño rincón oculto en la ciudad es exquisito, y también caro, por qué no decirlo.

Si estás buscando algo en particular y no existe en el catálogo, el personal lo rastrea por todo el mundo hasta dar con él y ponerlo en tus manos.

Luego de revisar los estantes y ojear (y hojear) volúmenes y más volúmenes me encontré con un libro sobre David Bowie y decidí comprarlo. Pero dos minutos más tarde di con otro libro francamente hermoso: una fotobiografía de Clarice Lispector realizada por la especialista en literatura brasileña Nádia Battella Gotlib; más de seiscientas páginas llenas de fotos, documentos, manuscritos, notas, apuntes, afiches, recuerdos. Supe de inmediato que ese tesoro debía pertenecerme. Es uno de esos libros que llaman coffee table books, es decir, que son tan bellos que la gente los pone en la mesa de su sala a manera de adorno. Es curioso porque hace unos días, leyendo unos cuentos de Lispector pensé en seguir sus huellas más de cerca, leerla más y más a profundidad, y bueno, aquí estaba con toda su historia frente a mis ojos. Bowie, espérame para una siguiente ocasión, te lo ruego.

Salí de Exit La Librería y me eché a caminar por la calle de Río Ebro, llena de restaurantes de comida asiática y una raclettería de muy buen ver; en los años recientes este barrio se ha puesto muy de moda, está lleno de terrazas donde tomar un trago o comer bien. Doblé en Río Lerma y llegué al eje, caminé hasta el Ángel de la Independencia, símbolo máximo de la Ciudad de México. Aunque el cielo estaba nublado había un solecillo que iluminaba a medias la metrópoli, un gato negro se atravesó en mi camino y yo me puse de buenas porque para mí no hay mejor augurio que un gato en las proximidades.

Más de seiscientas páginas llenas de fotos, documentos, manuscritos, notas, apuntes, afiches, recuerdos. Supe de inmediato que ese tesoro debía pertenecerme.

Luego de tomar varias fotografías seguí por Paseo de la Reforma (mi muy predilecto paisaje urbano) hasta llegar a una cafetería cuyo nombre prefiero no revelar, porque en más de una ocasión he recibido críticas por frecuentarla, es que no puedo evitarlo, es mi placer culposo y soy cliente habitual de ese lugar no-lugar que está por todas partes del mundo. Me pedí un sándwich de panela y pavo y un chai, me senté junto al ventanal frente a la avenida y, por supuesto, saqué mi fotobiografía, tenía que regresar temprano a casa para terminar mi traducción, pero la verdad es que no pude, me quedé dos horas, completas, disfrutando la historia de Clarice, yo no sabía que su casa se había incendiado y que casi perdió la mano derecha por las quemaduras que sufrió. A veces la vida es tenebrosa. Es cierto que se me hizo tarde, pero la felicidad clandestina me duró hasta muy entrada la noche, cuando terminé este escrito. Y es que aquí en esta ciudad el tiempo no dura nada.

Claudia Sánchez Rod

Claudia Sánchez Rod

Colaboradora

(Ciudad de México) Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México, cursó la Diplomatura “An approach to the meaning of life and death”en la Universidad de Toronto, Canadá. Se ha desempeñado como periodista y traductora. Entre sus publicaciones se encuentra el poemario El vino derramado (Barcelona), el libro de cuentos La marta negra(Barcelona) y el poemario Me dejaste puro animal inexistente(Morelos). Ha participado en las antologías Ocho lenguas de Medusa (Morelos), Soñando en Vrindavan y otras historias de ellas (E.U.A.), entre otras. Actualmente se desempeña como Jefa de Redacción del sitio literario El libro de arena.

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