Por Diego Gallardo.

La ciudad de La Plata siempre estuvo inundada de jóvenes. Revolucionaria desde su gestación en diagonales, ha sido creadora de tendencias y motor de cambio social. Capital del rock, que supo acunar a personajes predilectos y entrañables como Federico Moura.

Bitácoras del rock

Desde su nacimiento, el rock nacional creó su identidad propia. Argentina fue el primer país de América Latina en combinar diversos estilos de rock and roll con elementos autóctonos. Así fue que entre 1960 y 1970 surgieron las primeras bandas. El género en desarrollo se forjó con los ideales de la juventud naciente de la época.

Producto de una realidad política hostil, donde la dictadura militar de Juan Carlos Onganía coartaba libertades y consolidaba el poder de facto, la juventud necesitaba manifestarse. Así la música logró resumir el espíritu social reflejado.

Las fiestas y los bailes estremecían con el ritmo innovador del novedoso estilo musical. Entre letras propias y covers surgían los primeros conjuntos. La ciudad de La Plata formó parte de los albores del rock nacional. Aquí se formaron grandes estandartes que delimitaron los distintos senderos del género.

Basta con citar nombres propios de la escena musical como Carlos Alberto “Indio” Solari, Eduardo “Skay” Beilinson, Federico Moura y Juan Fernando “Kubero” Díaz. Sin embargo, también es apropiado hacer hincapié en las bandas pioneras como “Dulce Membriyo”.

“Dulce Membriyo”

Entre fiestas del Jockey Club y La Plata Rugby surge en 1967 “Dulce Membriyo”, conjunto integrado por Federico Moura en bajo y coros, Luis María Canosa como vocalista, Gonzalo “Pinfo” Garriga en guitarra y Diego Rodríguez en batería, a quienes se sumó Daniel Sbarra en 1968. Su repertorio contaba con canciones anglosajonas de The Who y Steppenwolf y temas de Palito Ortega como “Muchacha de Luna”.

El excéntrico nombre resulta de una de las tantas reuniones antes de ensayar. Usualmente comían dulce de membrillo, y es allí que brota la idea de bautizar la banda pero con una diferencia, tomando la palabra como suena, “Dulce Membriyo”.

El grupo se disuelve en 1972, y es rebautizado como “Los Dulces”; con Luis María Canosa en voz, Diego Rodríguez en batería, “Beto” Verne y el “Negro” Betendorf en guitarras y Cirso Iseas en bajo.

Con esta nueva formación en 1973 varias de las letras de sus temas pertenecían a Carlos “Indio” Solari. El grupo grabó un LP en los estudios Phonalex bajo la producción de Billy Bond y Jorge Álvarez. Según Diego Rodríguez “ese disco era bárbaro, cuando lo grabamos Dulce era una de las mejores bandas argentinas”. Jorge Álvarez coincide en que era un “disco maravilloso” aunque admite que “no los quiso nadie”.

Separación y otras yerbas

A pesar del corto camino recorrido, sus integrantes dijeron presente en grandes hitos del rock nacional. No sólo aportaron grandiosas letras al cancionero popular sino que también sirvieron de musas para las nuevas generaciones. Discos de culto y maestros en la cultura del rock.

Federico Moura funda en 1981 el conjunto new wave llamado “Virus”, precursor del rock postmoderno y glamoroso. Entre juegos de seducción, estética y calidad musical supo imponerse en la primera plana. Creadora del legado que luego tomaría Gustavo Cerati con Soda Estero, “Virus” logró consolidarse dentro del grupo predilecto del rock nacional.

Por otro lado, Pinfo Garriga, Daniel Sbarra y Diego Rodríguez, emprendieron una odisea por el continente europeo. Entre guitarras y flores se aventuraron en el movimiento hippie de los ’70. En Francia tocando en los subtes por algunas monedas conocieron a Miguel Ángel Peralta, más conocido como Miguel Abuelo. Allí Miguel les dejó un papelito con una dirección en el estuche de la viola para citarlos ya que estaba en plena formación de un grupo musical. Lo que vino después fueron salas de estudio, ensayos y creación de un disco de rock psicodélico llamado Miguel Abuelo & Nada, grabado en 1973, pero se disolverían antes de realizar la primer gira.

Con respecto a Luis María Canosa, gran cantante de encantadora voz, es recordado por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el tema “Toxi Taxi”. La canción lo inmortaliza luego de ser víctima fatal en el Motín de los colchones de 1978 de Villa Devoto. Cabe destacar, que El “Indio” Solari compartía una gran amistad con Luis María. Una vez dijo que lo recordaba como “un chico rubio, angelical, de facciones muy delicadas y pelo largo”.

Varios son los recuerdos de esta gran banda que se impuso en el escenario local y logró trascender en las primeras páginas del rock nacional. Entre idealismos y acordes fue protagonista de una época dorada de la cultura hippie y la contracultura.

 

Estoy aquí parado, sentado y acostado.
Me han crucificado pero todo viene igual.
No tengo nombre.
No tengo amigos.
No tengo lenguaje.
No tengo verdad.
No tengo altura.
No tengo Dios.
No tengo a nadie para llorar.

 

Extracto de “Estoy aquí parado, sentado y acostado” de Miguel Abuelo en “Miguel Abuelo & Nada”

Diego María Gallardo

Diego María Gallardo

Colaborador

Nací en la ciudad de La Plata en el año 1985. Me dedico al periodismo y escribo en revistas sobre distintas temáticas, tanto sociales, culturales y sobre política. Creo que para comprender la realidad hay que vivirla y para contarla hay que embarrarse. En algún momento publicaré un libro.

Share This