Por Cristian Carrasco.

Segundo círculo es una historieta de género protagonizada por un personaje fanático de esos géneros. Una historia de iniciación frustrada en más de un sentido que se ancla en la identificación entre el nerd y el perdedor. Una historia donde, de forma inevitable, el nerd no puede sino perder.

El segundo círculo del infierno es el lugar al que son destinados los lujuriosos. En serio: si no me creen y son nerds, pueden leer La Divina Comedia; si no me creen y son un ser humano normal, pueden googlearlo.

Segundo círculo, por otra parte, es una historieta escrita por los guionistas Ariel Zylberberg y Federico Menéndez, dibujada por Rodrigo Luján y publicada en la revista Fierro en el año 2010. En esa época yo no leía Fierro. Si me dan a elegir, prefiero la historieta más aventurera y con mejores dibujos de Skorpio, con Lucho Olivera, Mandrafina, Lalia y la dupla perfecta compuesta por Mazzitelli y Alcatena; o el reinado de Robin Wood en las ediciones de Columba… pero ahora que esas otras colecciones ya no existen, leer Fierro es imperativo si querés saber qué está pasado en la historieta argentina.

La trama de Segundo círculo es sencilla: Ezequiel, un nerd gordito y lleno de acné, vende algunas piezas de sus colecciones para debutar con Mandy, una prostituta que vive en su edificio y de la cual está “enamorado”. Pero justo en ese momento ella es secuestrada por aliens que buscan chicas para Segundo Círculo, un prostíbulo intergaláctico. Ezequiel y Alejandro, un empleado descontento del cabarulo espacial, viajan para recuperar a la chica y vengarse. Una vez ahí son ayudados por Penélope, una mujer con cuerpo de araña que saca sus ideas acerca del amor de clásicos de la literatura terrestre.

Según los autores, el germen de la obra está en la frase “Un perdedor siempre está en su casa cuando lo llamás”, identificando al nerd con el perdedor. Porque no debemos olvidar que la figura del nerd empezó a ser marketineable (¡zas! ¡neologismo!) hace menos de diez años. La posibilidad de ganar le surgió al perdedor junto con la mayor necesidad social y laboral de las computadoras, con la normalización de la ciencia-ficción como género de entretenimiento y, finalmente se convirtió en un personaje querible en series como The Big Bang Theory o la más cercana y recomendable Stranger Things.

Honestamente, no me había dado cuenta del hincapié que los autores pretendían hacer en la figura del nerd/perdedor hasta que leí el paratexto del libro. Entonces todo tomó un nuevo matiz. Es bastante lógica la utilización de esa perspectiva y la identificación que los autores sienten frente al tema: dos escritores y un dibujante… No creo que los una lo bien que patean una pelota o la cilindrada de su auto para picadas con el baúl lleno de bafles.

¿Por qué un nerd es un perdedor? Creo que tiene que ver con los deportes: al estar todo el día en su (nuestra) casa leyendo, dibujando o escribiendo códigos de programación, no desarrollan(mos) los músculos y siempre, a la hora del deporte, llevan(mos) las de perder.

Porque de eso se trata ser nerd, de diversiones tranquilas: libros, comics, películas, series; nada de esfuerzo físico, transpiración, músculo, enfrentamientos con otro equipo. Disfrutar sin humillar a otro, superarse a sí mismo en perfeccionismo y conocimiento sin refregárselo a nadie en la cara. El esquema que sigue el perdedor es el de la ciencia; el esquema del ganador es el deporte que, como todos sabemos, es sólo la sublimación (pseudo) civilizada de la guerra.

Hay una clara relación entre el perdedor y el sexo: el nerd no liga ni por casualidad, las minitas aman los payasos y la pasta de campeón… Pero los payasos que se hacen los chistosos, que generan bromas a base de marcar a los defectuosos como motivo de risa, no los que causan gracia por sus taras o su falta de adaptación a los cánones.

La procesión va por dentro: el sufrimiento ante el rechazo y la incapacidad para encajar del nerd adolescente, lo persiguen en silencio hasta el día en que, con suerte, se da cuenta de que encajar es una mierda, es limar sus mejores bordes salientes para meterse en un espacio en el cual algo le impide calzar, un algo que se llama individudalidad, que se llama personalidad, que se llama ser vos mismo y no la copia de una copia de la conveniencia de quienes conducen la sociedad hacia sus bolsillos. Pero también la aventura va por dentro, sin vida social, sin interacción ni grandes hazañas de rudeza física.

¿Y qué pasa cuando surge la aventura externa? El nerd tiene una hoja de ruta mental, no es posible que un suceso paranormal, bizarro, alienígena, lo agarre desprevenido. Si algún grupo humano tiene posibilidades de sobrevivir a cualquier clase de apocalipsis (salvo el cristiano, claro) son(mos) los nerds. Están(mos) preparados para todo: plagas zombies, ataques extraterrestres, parásitos de otra dimensión, robots autoconscientes. Si hay una forma de sobrevivir, la conocen(mos), en todos los escenarios posibles.

Aunque en Segundo círculo aparecen distintos tipos de aliens muy diferentes a los humanos, la idea de la obra es que el espacio es igual a la tierra, se rige por el sexo, el dinero, el poder y la corrupción. La idea está muy bien mostrada porque no se la explica: se la retrata, se la pone en foco y en acción sin mediar razones. Esa es la forma correcta de proceder: cuando dejás de mostrar y empezás a explicar hay dos opciones: o pasaste a dar una clase magistral sin avisar del cambio, o estás ejecutando muy mal una obra de arte.

Como en el planeta Tierra, también en el espacio el amor es algo libresco, una construcción ficcional, textual. ¿Sólo pueden amar como en las novelas los que leen novelas? Y… es muy probable. Por eso, Penélope y Ezequiel, los personajes que leen, son los únicos que pueden amar de la forma en la que estamos acostumbrados a concebirlo, porque así nos lo enseñaron los libros, los cómics, las novelas hechas de páginas y de capítulos filmados, todas las representaciones que dependen de un guión escrito.

Todos los personajes de Segundo Círculo son de una pieza. No hay dobleces ni ambigüedades, cada uno actúa según su condición: Ezequiel el nerd, Penélope la romántica, Mandy la puta, Alejandro el hijo de puta. El final es infinitamente coherente: el amor mata y el cinismo salva la vida, con los bolsillos llenos.

Cristian Carrasco

Cristian Carrasco

Colaborador

Escritor y estudiante de Letras. Nació en 1978 en Villa Regina, Río Negro. Vive en Neuquén Capital. Fue miembro del grupo poético Celebriedades y participó en el proyecto Almacén Literario (www.almacenliterario.com).

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