Por Nahuel Difalco. Fotografías por Gisele Guala.

Entre aquello que se agrieta para dar esperanza,  el sonido de Radiohead, la estandarización de la música y los medios… Y como si fuese una referencia a aquel Mayo Francés, que con la palabra más honesta invitaba a hacer lo imposible, Liliana Herrero abrió las puertas de su casa para charlar con Lamás Médula.

Pasando por un pasillo principal que deja abierta la vista a un hogar iluminado por luces bajas, un tragaluz que suelta la luz de tarde con algunas gotas de la lluvia pegando contra el vidrio, la reluciente edición en vinilo del disco In rainbows de Radiohead sobre un aparador, el saludo amable de su compañero de vida . Luego de prender el fuego, Liliana nos invita a sentarnos entre los sillones y los libros de la biblioteca.

 

Lamás Médula: Estas presentando Imposible, tu nuevo disco. Pensando en aquello que es imposible, como un muro que no te permite avanzar, necesariamente tenes que tomar otros caminos… ¿Cómo te plantás frente a las posibilidades que como alternativa deja lo imposible?

Liliana Herrero: No lo había pensado así… Lo que seguro NO es, es pensar que algo absolutamente imposible yo lo puedo hacer, porque eso sería muy omnipotente. Yo prefiero condensar en la palabra, o mejor dicho: que la palabra “imposible” tiene como grietas donde centellea algo o donde vibra algo. Si querés llamarle utopía, si llamarle esperanza, eso puede ser. Tomar otros senderos puede ser una grieta de la palabra imposible. Como dice Spinetta en ese tema que me regaló, Bagualerita, “quebrándolas roca por roca”. Y así voy yo: ”quebrándolas roca por roca”, a veces sí, a veces no. Para mí es una palabra que, en vez de ser un bloque o un muro (ese sí sería un sentido más literal de imposibilidad), está agrietada. Una creencia también es un imposible, y sin embargo uno cree. “Creo porque es imposible” decía un filósofo hace muchos años. Pero esa idea de lo imposible me gusta, no del obstáculo sino de aquello que puede agrietarse. Puede haber bifurcaciones, lugares por donde desviar ese bloque que a veces resulta una cerrazón para la vida de las personas o la vida de los pueblos también. En realidad “imposible” es una palabra que tiene (vaya la paradoja) muchas posibilidades. El arte me parce que roza la palabra imposible constantemente. En el sentido del riesgo, de empujar y extender los límites de lo posible. En ese sentido.

LM: ¿Se puede decir que si existe lo imposible, por extensión debería existir lo posible?

LH: Ante lo posible estamos cotidianamente. Hablamos demasiado de lo posible, porque es eso que podemos hacer todos los días. A mí me parece más desafiante la palabra imposible que la palabra posible. Entonces, extender los límites es una forma de acercarse a eso que llamamos imposible.

“La palabra ‘imposible’ tiene como grietas donde centellea o donde vibra algo. (…) Para mí es una palabra que, en vez de ser un bloque o un muro, está agrietada.” Liliana Herrero

LM: ¿Desde dónde te plantas para cantar? Te escuché decir que uno debe apropiarse de las canciones y sentirlas como una plegaria o como algo muy propio…

LH: Sí, igual no es una cuestión de sentimientos. Es una cuestión de apropiación de algo. Yo no soy una compositora, yo soy una intérprete; de modo que debo apropiarme como puedo de canciones que ya están hechas, que ya están cantadas y que están terminadas. Pero esa canción, como habíamos dicho antes, tiene muchas posibilidades. Sobre todo cuando es muy poderosa musicalmente y en su texto tiene posibilidades de ser interrogada desde muchos lados. Entonces ahí hay que buscar un sonido, un horizonte sonoro diferente al que ya fue hecho. En general yo escucho el tema del autor que quiero hacer y una vez que lo aprendo dejo de escuchar la versión original. Lo que resulte después no es mejor que la versión original, es simplemente una perspectiva, una mirada o interrogación o aventura también. Es como zambullirte en una pequeña obra de arte y ver qué base armónica le podes buscar; o qué modificaciones de ritmos puede tener (si es que las puede tener). Puede hacerse eso o puede hacerse tal cual la hace el autor. Pero aún haciéndola tal cual la hace el autor yo creo que no hay cover posible. No me convence esa idea de una máxima literalidad porque es otra persona la que está cantando, y son otros músicos los que están tocando, con otros instrumentos. Elegir instrumentos ya plantea un horizonte sonoro muy peculiar.

LM: ¿ Vos no podrías, por ejemplo, tomar un tema de Radiohead y hacerlo tal cual lo hacen ellos?

LH: Bueno, lo que hace Radiohead es para mí extraordinario, desde el sonido y la estructura de los temas. No sé, nunca pensé en hacer un tema de ellos… Me gusta escucharlos. Pero si pudiera, el gesto artístico mío en todo caso, o el gesto “imposible” mío, es el de sacarlo del lugar sonoro en el que está y ponerlo en otro lugar. Ese es el gesto, digamos. Es un gesto imposible… Es, por lo menos, temerario…

LM: Pensando en esto de transformar las canciones, ¿cómo te sentís en el ambiente folclórico de hoy? ¿Considerás que los músicos reducen sus posibilidades creativas por permanecer en un ámbito más conservador? Pienso en el caso de Orozco-Barrientos en Cosquín, cuando tuvieron problemas para tocar porque la organización no los consideraba folclore…

LH: Hay horizontes sonoros que ya están trazados. Están trazados por lo que llamamos abstractamente “el mercado”. Ese es un horizonte que determina nuestra audición, nuestra capacidad de oír y de pensar la música, es un batido entre los medios y la industria discográfica, y sobre todo la televisión. Ese horizonte sonoro tiene ciertas exigencias que podríamos llamar “estandarización” de la música: la exigencia de ser comprensible rápidamente, de ser fácil… que pueda ser cantada y repetida fácilmente, con lo que llaman a veces “gancho”. Como yo considero que eso es absolutamente un bastardeo de la música, en donde está simplificada, incluso la sonoridad es aguda y chillona… Yo me paro en otro lugar: prefiero recostarme en otros tipos de músicas y no en esas que estamos acostumbrados a escuchar. Incluso fíjate el sonido de la televisión: es un sonido que si vos lo pones muy fuerte es insoportable por cómo hablan, cómo gritan, cómo superponen las voces. Todo eso es una forma del audio que aniquila la capacidad de escuchar algo diferente a eso. Entonces esa música que sale de ahí, nos lleva a que nosotros queramos escuchar más de lo que ya sabemos. A mí me parece que la música es radicalmente otra cosa. Y en ese sentido también es imposible. La música para mí va por otro camino distinto a ese, MUY distinto a ese. Si no es mala, ¡es mala música! Violetta, por ejemplo, es una chica espantosamente mala. Eso no es música… eso es un disparate. Si vos me decís Dino Saluzzi, estamos en otro plano. Si me decís Luis Alberto Spinetta, Juan Falú, Yupanqui o Radiohead es otro plano. El que se dedica a la música tiene que ubicarse en otro lugar. Excepto el que quiera estar ahí, que es totalmente lícito y posible. No es mi deseo. Igual yo he demostrado que yendo aún a esos lugares más o menos potables de la televisión, he podido cantar lo que he querido y es una emoción muy grande la que se transmite ahí en lo que llaman “el piso”, y es muy hermoso. Así que no es cierto que no se pueda hacer otra cosa en los medios.

LM: Existen programas como en su momento fueron  los de Juan Alberto Badía, o como lo es hoy Morfi de Gerardo Rozin, que en horario central armaron una peña; y el comentario que generalmente se escucha es que es raro ver músicos de folclore a esa hora y en ese canal…

LH: La música está muy ausente de la televisión, hace mucho tiempo ya. Yo fui a Morfi y lo conozco a Gerardo Rozin, desde hace muchos años, desde Rosario. Es una persona que yo estimo mucho. Fui a cantar ahí a hacer la publicidad de un concierto que íbamos a dar en el Ópera; y me sentí muy cómoda, fui muy bien tratada y con mucho respeto. Incluso dije esto que te estoy diciendo a vos, yo no soy habitué de la televisión y él lo sabe perfectamente porque me conoce desde hace muchos años. Sin embargo fuimos con Pedro Rossi a cantar dos temas y fue muy hermoso y conmovedor. Yo veía a los camarógrafos y a los asistentes que estaban todos emocionados escuchando, y habían parado toda la actividad para poder estar escuchando lo que estábamos cantando. Es decir, es posible hacerlo, pero que después los productores y los dueños de los canales no lo quieran hacer, eso es otro cantar.

“Yo me pongo del lado de esas causas, pero no cambio el repertorio por eso. Porque no es necesario, porque yo soy músico. (…) Al contrario, hacer un acto militante es, en todo caso, ir a decir que nosotros podemos y tenemos derecho a escuchar otra música.” Liliana Herrero

LM: Me quede con esa frase sobre el lugar que elige el músico. Hablando desde un lado más social, y concretamente por lo que pasó este año con la censura en Cosquín… ¿Vos crees que el músico es necesariamente un músico militante? Como dijo el Indio Solari, que no cree en el artista militante.

LH: Yo no le pondría las palabras “artista militante”. Igual esa música también existió siempre y en los momentos abismales como este del país, van a volver a aparecer canciones que denuncien cierta realidad, y algunas son bellísimas. Yo las he hecho en los años 60´ y en los 70´y he hecho las que a mí me han gustado… porque había muchas canciones “denuncialistas” o “denuncistas”, no sé cómo se dice “en Yupanqui”. Cuando Spinetta hace “La bengala perdida”, lo hace luego de esa bengala que tiran y un hincha de Racing muere. Es magnífica, y uno sabe esa historia, entonces también la letra tiene otra mirada, otro sentido. Es un tema que yo a veces canto porque me gusta muchísimo. Y hubo muchas canciones llamadas de protesta en mi época que fueron muy hermosas; otras no. Entonces, yo no sé si le pondría al acto de hacer música como que es de “artista militante”. Me parece que uno tiene una actitud de compromiso social con determinadas situaciones e instituciones, con determinadas quejas que uno puede realizar pero me parece que el escenario no es una tribuna política. Pero eso no quiere decir necesariamente la ausencia de la política, porque si vos te salís de los cánones establecidos por los medios y el mercado, estás teniendo toda una actitud política en términos muy generales. No partidaria, sino política. Al poner un acorde o poner otro ya tomas una decisión artística, estética y política; y ética también.

LM: Y la situación política que uno puede llegar a vivir, como la de este momento, en que hay protestas por el tarifazo, por ejemplo… ¿Te cambia como artista? Tanto a la hora de elegir repertorio o de hacer un disco…

LH: No, no. Yo este disco lo hubiera hecho y lo hice. De hecho, a mí me lleva mucho tiempo… Un año y medio o dos hacer un disco o pensar un disco. Ha cambiado sí, la actitud que yo tengo en relación a ir a cantar a lugares que me interesa estar presente para acompañar a personas que están sufriendo. Tanto llámese los despedidos, como fui en su momento a acompañar a toda la gente del Centro Cultural Kirchner o al Ministerio de Cultura, o de tantos otros lugares. Este viernes mismo {Nota del Editor: se refiere al viernes 15 de julio} voy a una escuelita en Boedo que está en un estado lamentable. Esas cosas sí las hago, pero no es que yo ahí canto especialmente una canción de denuncia o de protesta; no, yo voy a cantar. Es decir, el acto de ir a hacer música es un acto absolutamente de acompañamiento y de tener una presencia. En ese sentido sí soy una militante. Yo me pongo del lado de esas causas, pero no cambio el repertorio por eso. Porque no es necesario, porque yo soy músico. El objetivo básico mío y principal es la música. Vos podés cantar todas las canciones de protesta que quieras pero si haces de tres acordes una porquería… para mí no va. Ahora, al contrario, hacer un acto militante es, en todo caso, ir a decir que nosotros podemos y tenemos derecho a escuchar otra música. Entonces ahí no cedes nada. Yo a la televisión cuando he ido, no cedo nada; yo canto lo que canto. Tómalo o déjalo. Que haya muy pocos lugares a los que se puede ir, es sin duda evidente. Prendes la tele, haces un poco de zapping y ya sabes todo. Hay una domesticación del odio extraordinaria… Incluso se nota la diferencia en las tecnologías. Una cosa es escuchar un disco en el vinilo, donde tiene una rugosidad el sonido, que en las tecnologías más contemporáneas cada vez más comprimido está y es menos lo que escucha. La música tiene muchas aristas… hay que pensarla de muchos modos.

LM: Creo que fue Gustavo Cerati quien dijo en su momento que el MP3 era como cortarle la cabeza a las canciones…

LH: Yo estoy totalmente de acuerdo con eso. Pones un disco de vinilo y es otro plano. Es otra cosa, se oye todo. Digo, para desmitificar un poco el hecho de que las tecnologías siempre traen algo mejor para las personas y para la sociedad. Eso como máxima no sirve…

“Yo me paro en otro lugar: prefiero recostarme en otros tipos de música y no en esas que estamos acostumbrados a escuchar.” Liliana Herrero

LM: Volviendo a tu disco Imposible, ¿por qué elegiste una flor para el arte de tapa?

LH: Lo eligió Nora Lezano que, para mí, es una de las grandes fotógrafas de este país (hay otros también, por supuesto). Yo hace mucho tiempo que trabajo con Nora. Ha hecho una exposición hace poco que se llama Fan donde realmente está toda la música argentina, el rock argentino. Estoy yo y algunos otros también por ahí que no pertenecemos específicamente a ese género. Ella ha hecho grandes y muy lindas fotos de Gustavo Cerati, de Fito, Charly y de Spinetta. El procedimiento es el siguiente: yo le llevo el disco antes de que salga, lo escuchamos las dos y ella va pensando después qué hacer. Ella lo escuchó como un disco nocturno. No oscuro, sino nocturno, que no es lo mismo. Y entonces pensamos una tapa negra mate (el último de David Bowie tiene un negro mate muy hermoso). Ella en su propio jardín tenía el lirio ese, que es una cosa preciosa. Entonces, en esa nocturnidad aparece esa flor…  Ahí también tenemos una referencia a la idea de imposible. Inclusive en las fotos mías y de mis compañeros ella no usó flash sino que usó linterna. Cerramos la habitación, dejamos todo a oscuras y nos remarcó la silueta con una linterna. Fue una gran experiencia. Me decía Nora que es una tecnología muy antigua, que yo no sabía porque de fotografía no sé nada. Ella hizo ese procedimiento y fue muy hermoso. Después, desde su terraza le sacó una foto hermosa a una luna llena que había esa noche. Es nocturno, no es oscuro… No es lo mismo.

Nahuel Difalco

Nahuel Difalco

Colaborador

(1987, Baradero, Bs. As.) Es músico, periodista, profesor de literatura y escritor. Trabajó en variedad de medios, principalmente en radio. Nacido en el seno familia de artistas, participó del programa “Mp3, música para el tercer milenio” de la TV Pública en el año 2006. Con su trío de rock alternativo, Ecos Rivales, compartió escenario con León Gieco y otros artistas en festivales de rock. En el año 2013 editaron su primer disco “Quien quiera que seas”  de manera independiente.
Actualmente vive en la ciudad de Buenos Aires, y dirige el taller literario “Puentes Amarillos” en Baradero.

 

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