Por María Cecilia Angaramo.

Yo No Fui surgió en 2002 como un taller de poesía en la cárcel de mujeres de Ezeiza. Hoy es una organización social que desarrolla proyectos artísticos de distintas disciplinas, tanto dentro del penal como afuera de él cuando las detenidas recuperan su libertad. Una fuerte apuesta por la creación artística en el proceso de inclusión social.

Pese a que Liliana Cabrera comenzó a escribir poesía privada de su libertad, nos cuenta cómo logró recuperarla, aún antes de salir de la prisión, gracias a la poesía.

Lamás Médula: ¿Cómo llegaste al taller de poesía de Yo no fui?

Liliana Cabrera: Llegué a la cárcel en el 2006 y tuve la suerte de empezar a asistir al taller al poquito tiempo de quedar detenida. Uno llega por recomendación de las compañeras, por el boca en boca. Comentaban que era un espacio donde te trataban como si estuvieras afuera. La manera en la que se manejan hacia vos es muy importante. Sobre todo cuando recién llegas y tenés que acostumbrarte a la forma distante del servicio penitenciario y al hecho de que tu familia y amigos quedaron afuera. Lo primero que buscas es compañerismo, afecto, cariño. Pero además del buen trato yo veía que todas estaban entusiasmadas con los disparadores y tareas que se proponían dentro del taller. Las veía escribiendo en el pabellón, en el patio. Estaban enganchadas y eso llamaba la atención.

LM: ¿Cómo te fue en tu primer día en el taller?

LC: La primera vez que fui estaba muy nerviosa. Eran un montón de chicas y la mayoría ya venían trabajando desde hacia tiempo y tenían una dinámica de taller incorporada. Todas escribían bárbaro. La verdad me sorprendí. No esperaba encontrar un taller de poesía en la cárcel. Mi único referente de una prisión era lo que veía en películas. No me animaba a compartir, era muy tímida y además tenía un tartamudeo crónico. Les conté a todas sobre este problema. Y al principio lo que hacia era dárselo a otra compañera para que lo leyera. Y a medida que empecé a tener más confianza con las chicas me animé a leer yo misma mis poesías y a recibir las críticas. Por otro lado el espacio también parecía otro, uno distinto a la cárcel. Porque el taller era en la biblioteca y asistir era ya estar en otro lugar durante dos horas.

“Muchas veces yo me sentí más libre escribiendo en la cárcel que durante toda mi vida previa. Escribir fue una especie de ventana a mí misma.”

LM: ¿Antes de la cárcel habías experimentado con la escritura?

LC: No, pero en la escuela me sentía cómoda escribiendo, manejaba cierta facilidad para la redacción. Nunca se me ocurrió escribir poemas. Tenía una idea de la poesía como aburrida, clásica, muy romántica o de rimas. Todas cosas que yo no me imaginaba escribiendo. Empecé a ver que la cuestión de la poesía era más amplia cuando María Medrano y Claudia Prado, las docentes del taller, traían otros temas y autores.

LM: ¿Y cuando empezaste a disfrutar del proceso de escritura?

LC: Empecé a disfrutar al sentirme mas cómoda con las chicas. Yo fui ganando confianza con la escritura y pude experimentar más. Me permití plasmar lo que a mí me parecía sin pensar si estaba mal o era una pavada. Era una cuestión de prejuicios y falta de confianza. Disfruté cuando escribí el primer poema que vi que a los demás no les desagrado.

LM: ¿Qué temas abordabas en tu poesía esos días?

LC: Se trataba sobre lo que la mayoría escribe al principio: la situación de encierro y lo que dejaron afuera. Esa sensación de soledad y lejanía de la familia. Es una experiencia muy fuerte que es necesario exteriorizar para después poder escribir sobre otros temas. Luego sí hay un trabajo con la escritura mas pensado y tomando otro tipo de recursos. Pero la primera necesidad es liberarse de esa realidad que te oprime. Y para este trabajo son muy importantes los disparadores. Porque no es que uno se plantea “voy a escribir sobre la situación de encierro” o sobre el dolor. Sino que surge a través de las imágenes, textos o audios que llevan al taller. Funcionan como una excusa, porque es muy difícil sino desnudar todo lo que te pasa.

LM: Entre la nostalgia por el pasado que quedó afuera y el presente que oprime ¿el futuro tiene lugar en la escritura?

LC: Es una temática que surge. Pero lo que sucede es que una persona que pasa años presa sabe que afuera posiblemente no haya nada. Porque todo cambia muy rápido y con antecedentes penales prácticamente no hay oportunidades. Muchas veces salir es angustioso. Hay chicas que no quieren salir. Parece impensado: está presa y no quiere salir. Es difícil proyectar cuando afuera no hay nada, da mucho temor. Yo creo que si no fuera por las cooperativas y las organizaciones sociales que ayudan y crean conciencia de organizarse y hacer algo colectivo esto sería aún peor porque desde el Estado no hay nada.

“Yo creo que son tan importantes los talleres de afuera como los de adentro. Queda incompleto el trabajo si una organización solo tiene talleres adentro”

LM: ¿Qué te aportó la poesía durante el tiempo de encierro?

LC: Muchas veces yo me sentí más libre escribiendo en la cárcel que durante toda mi vida previa. Escribir fue una especie de ventana a mí misma. Había cosas en mí que desconocía y fueron saliendo con la escritura. Después descubrí que era posible escribir y publicar. Y que lo que yo hacía podía conmover. Y sin plantearme el agrado del otro, sino escribiendo lo que pienso y lo que siento. Eso fue muy importante para mí. La poesía hizo una diferencia de 180 grados en lo que era para mí la realidad antes y lo que es ahora.

LM: ¿Cómo fue el salto de participar en el taller a publicar tu propio libro?

LC: Yo No Fui ya había publicado dos antologías antes de que yo llegara al taller. Y cuando me propusieron publicar mi primer libro me sorprendí. Me daban muchas ganas de escribir y le ponía mucho empeño pero no estaba segura de tener la calidad para publicar. Muchas de las chicas escribían muy bien. Creo que lo que pasó fue que yo me empecé a interesar por otros temas y explorar otras formas de resolver el poema. Son bastante duros mis poemas. En un momento me desinhibí y pude hacer los poemas tal cual yo quería hacerlos, por más que a los demás les puedan parecer muy crudos o fuertes.

Todas estaban entusiasmadas con los disparadores y tareas que se proponían dentro del taller. Las veía escribiendo en el pabellón, en el patio. Estaban enganchadas y eso llamaba la atención.

LM: ¿Cómo fue que te volviste una de las docentes a cargo del taller? 

LC: Se fue dando casi naturalmente. Durante esos ocho años no falté nunca y también sostuve el espacio. Creo que en una conversación donde dije que iba a extrañar el taller surgió la posibilidad de que siga participando. Yo pensaba que iba a ir acompañando a los docentes. Fue una gran sorpresa ver que ella {María Medrano} había dejado el taller en mis manos para poder dedicarse a otras tareas en relación a la coordinación de Yo No Fui. Yo sabía lo importante que era para ella el taller y significó mucho su confianza al dejarme su lugar al lado de Juan Pablo Fernández, quien comenzó a dar el taller cuando Claudia Prado viajó a Nueva York. Fue un tema que charlábamos mucho con María porque después de ocho años de estar en la cárcel estaba la posibilidad de que al volver me sintiera mal. De hecho fuimos los tres por un año. También porque María quería ver cómo era mi recibimiento, no de las chicas, sino del sistema. Es difícil porque el mismo personal tiene que acostumbrarse a verte desde otra perspectiva.

LM: ¿Cuando las mujeres recuperan su libertad continúa el vinculo con Yo no fui?

LC: Nosotras invitamos siempre a todas las chicas que salen a que participen en los espacios de afuera. Porque es un lugar de contención fundamental, sobre todo cuando salís. Yo creo que son tan importantes los talleres de afuera como los de adentro. Queda incompleto el trabajo si una organización solo tiene talleres adentro, porque la gente sale y no hay nada. Es algo muy interesante que brinda Yo no fui. Casi desde el inicio de la organización se pensó la posibilidad de darle esta continuidad.

LM: Yo No Fui se expande en diversas direcciones: a través de la incorporación de distintas disciplinas artísticas, creación de talleres externos, e incluso el arribo de Yo No Fui en la cárcel de La Pampa. Pero hasta el momento no incluye a varones detenidos. ¿Por qué esta decisión?

LC: La idea viene desde el inicio. Nos parece importante centrarnos en la idea de género. La problemática de la mujer detenida tiene muchas aristas que el sistema no contempla porque fue pensado para los hombres. Desde cosas mínimas como cuando caes detenida te indispones y no te dan una toallita hasta toda la cuestión de las madres con los hijos. Cuando, por ejemplo, les otorgan arresto domiciliario con la criatura y no les dan trabajo o un permiso para ir a comprar una leche. En el caso de hombres que se han acercado a la organización, nosotros lo que hacemos es contactarlos con otras cooperativas. Por suerte son varias las organizaciones que van surgiendo en relación a contextos de encierro y trabajamos en red que es algo muy importante.

LM: Después de haber estado detenida ¿Logras disfrutar de volver a la cárcel de manera cotidiana?

LC: Volví a la cárcel al mes de haber salido en libertad y creo que no fue antes porque eso fue lo que demoró el permiso. Los días más felices de mi semana son los que voy a Ezeiza, los días que vuelvo a la cárcel. Para mi es súper importante acompañarlas en sus procesos como a mí me acompañaron. Yo creo que en el hecho de que una persona vuelva detenida o no a la cárcel, el acompañamiento puede hacer la diferencia.

 

La concepción del arte como motor de transformaciones individuales y sociales que sostiene la organización se plasma en el relato de Liliana, en su vivencia. Pero también se expresa de forma contundente en el propio nombre de este colectivo. Yo No Fui no solo remite a la circunstancia de culpabilidad, “lo que dicen todas cuando entran” como cuenta Liliana. También es una declaración, la decisión de no resignarse a convertirte en pasado, en una historia terminada, en una vida concluida. Lograr ser a través del arte y la palabra.

María Cecilia Angaramo

María Cecilia Angaramo

Colaboradora

(1985, Mendoza) Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Cuenta con experiencia tanto en comunicación empresarial como periodística. Trabaja hace 10 años en un establecimiento de salud donde se encarga de la redacción y edición del material institucional. Colabora con artículos para diferentes diarios y revistas.

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