Por Nahuel Difalco.
Fotografías por Mariano Paolin.

Frente a la ventana de un bar en San telmo, con el aire salpicado de voces y música de fondo, a la espera de un café de tardenoche, Valentina Bassi charló con Lamás Médula sobre lo que se siente vestirse en la piel de Medea y entender sus pasiones al límite en la tragedia griega más humana.

Lamás Médula: Respecto a Medea en Manhattan, ¿qué significa traer un personaje como ella que tiene mucho tiempo de antigüedad, a la actualidad, y además en Manhattan. Más allá de la diferencia de las épocas, ¿qué diferencia a la Medea antigua y la Medea en Manhattan? ¿ Se puede decir que es la misma mujer pero en diferentes épocas nada más?

Valentina Bassi: No, la tragedia está versionada. Es la versión de Eurípides versionada por Dea Loher, que es una dramaturga alemana genial. A mí me encanta. Cuando agarré el laburo y me nombraron a la autora, dije “¡Si!” porque ya había leído otras obras de ella. Y en todas las versiones (que eso es lo bueno de las versiones) siempre hace obras muy distintas. En este caso igualmente sigue siendo Medea, es el mito de Medea. Toma de Eurípides las cosas que ella quiere, pero las convierte en, por ejemplo, que ahora son dos refugiados que caen en Manhattan. En la época de Eurípides no eran refugiados pero también la obra transcurría en una guerra. Entonces tiene sus similitudes. Las tragedias griegas tienen la insumisión, como “lo rebelde al extremo” y eso está tal cual. Es Eurípides puro. De hecho, nosotros todo el tiempo mientras la trabajamos estábamos con la versión antigua y la versión de Loher.

LM: Claro, no es que Loher toma una idea y nada más… 

VB: Medea se hizo mucho. Hay una versión de Medea que se hizo en cine y no me acuerdo de quién es… pero los mitos griegos se han hecho mucho, porque los griegos eran muy capos y hace dos mil quinientos años se pusieron a hablar de las emociones y actitudes más descarnadas del ser humano. Y por esos siempre se está volviendo a los griegos.

LM: Borges dijo que hay cuatro o cinco temas de los que siempre se habla, como el amor, la muerte y el destino…

VB: Y es así. A mí me gustó mucho la versión de Dea Loher porque le da un toque que está buenísimo. La de Eurípides es extraordinaria porque cuando la lees es recontra actual. Pero Loher le dio una vuelta que a mí me gustó mucho. Tiene unos textos divinos, es un placer hacerla…

Actuar es relacionarse. Yo soy actriz porque me gustó relacionarme con las personas desde un lado lírico y no real.

LM: ¿Cómo te las arreglas para interpretar a Medea y darle personalidad propia, siendo que es un personaje que además han interpretado miles de actrices a lo largo de la historia?

VB: Son las cosas que nos gustan hacer a los actores… Son conflictos muy profundos, muy nuestros y humanos -espantosamente humanos. Supongo que si sos actor o actriz está bueno transitar esos personajes, y son realmente muy contradictorios. Mueven capas internas y son muy profundas y eso está bueno. Igual por mí, no es que yo quiero hacer los grandes hitos, no es que algún día quiero hacer Lady Macbeth. A mí me gustó la versión de Dea Loher: quería decir esos textos, que son terriblemente de amor, por momentos la obra es melodramática. Y me pasa eso cuando leo un texto; no es que digo “quiero hacer “tal” personaje”. Si me conmueve, lo leo…

LM: Y casualmente venís de interpretar a Martirio de La casa de Bernarda Alba.

VB: ¡Sí! ¡Se suelen dar esas cosas! Que cuando te llaman para algo, después te empiezan a llamar para otras cosas, y está bueno porque me encanta. Martirio me encanta, se lo exigí a Muscari porque él no me había llamado para Martirio. Somos amigos, ya trabajamos juntos en otra obra, y cuando me llamó para esta dije: “¡No! Yo la hago si me llamas para Martirio”. “Pero hay otra actriz”, me dice. “Si se cae la otra actriz…” y ¡te lo juro que justo se cayó!. Y yo ya estaba medio en otra cosa, pero la verdad que me dije que a esto debía hacerlo. Siempre quise ser Martirio (siempre, siempre…). Es un personaje que me interesa mucho desde que estudiaba en los talleres de teatro. Es un personaje muy contradictorio y me gusta ondear por ahí.

LM: Es terrible la historia de ambas, la de Medea y la de Martirio…

VB: Son tragedias… y es lindo hacer tragedia porque es extremo. Y como es extremo todo está permitido. Todo lo que hagan, tanto Medea como Martirio, están tan sarpadas y tan más allá de todo (sobre todo Medea) y tan fuera de eje y de equilibrio, tan enojadas… Hay como mucha libertad para actuar, donde cualquier cosa es posible.

LM: Hay una frase de Charles Bukowski que dice “Encuentra lo que amas y deja que te mate”. ¿Crees que el amor debe ser así? ¿O hay un límite?

VB: Bueno, una cosa es Bukowski, que es un señor muy lindo de leer pero ¡no me tomaría una café con él! Me parece que eso está bueno para la ficción; la realidad es otra cosa. En la ficción me fascina y me fascina leerlo, pero no me fascina vivir así. Bukowski vivía así… yo no lo prefiero. Pero por eso me gusta actuarlo, porque hay un costado que está buenísimo y que en un punto es súper liberador. Medea piensa eso…. ella sería muy amiga de Bukowski.

Tanto Medea como Martirio están tan sarpadas, tan más allá de todo y tan fuera de eje, que hay mucha libertad para actuar, cualquier cosa es posible.

LM: Pero entonces en este sentido liberador ¿para vos actuar es catársis básicamente?

VB: En el hacer tragedia tiene que ver lo catártico. Después hay otras cosas que no, actuar no es solo catarsis. Actuar es relacionarse. Yo soy actriz porque me gustó relacionarme con las personas desde un lado lírico y no real; no desde el plano de la realidad, sino desde otro plano. Lo que yo más disfruto es trabajar con el otro y trabajar la relación. Por eso estas obras con relaciones tan intensas como la que tiene Medea con Jasón que es como… ¡Dios mío! Ella ama tempestuosamente, ama hasta lo ilimitado, y Jasón es como otra fuerza, muy pragmática. Está buenísimo actuar eso, porque es como muy claro y de mucha conexión; y tenés que tener mucha conexión con el otro actor.

LM: Imagino por lo que decís que si tenés que actuar una pasión tan fuerte, si los dos actores no conectan sería un gran problema…

VB: Claro, es un bajón. Por eso siempre antes de agarrar un laburo, pregunto con quienes voy a trabajar; porque es importante para mí saber con quién trabajo, porque es lo más lindo de actuar… conectarse.

LM: ¿Y llegaste a decir que no a algún trabajo por enterarte que ibas a trabajar con alguien con quién para vos no hay tanta conexión?

VB: No me ha pasado. La verdad es que por suerte en los proyectos que me pasan me engancho. En tele quizás pude haber dicho que no, porque en tira es como que te tenés que llevar muy bien. Igual por suerte me tocó trabajar con gente bastante afín, y si pasaba que no eran de mi palo, me encontré con personas súper gratas y eso es muy gratificante. Sí me pasó de tener mucho más feeling con algunos que con otros, pero también tenés que encontrarle la vuelta a la conexión, porque siempre hay una forma de conectar. A mí me gusta tener que encontrarle la vuelta, aunque veces sale facilísimo y otras veces cuesta más…

LM: Volviendo a Medea, y a propósito del elemento de los refugiados que incluye esta adaptación… ¿Influye la condición social en una historia de amor? Uno por ahí escucha y dice que lo importante es el amor más allá de las condiciones en que se da, pero ¿realmente es así?

VB: A mí no me gusta generalizar porque quién soy yo para hablar de algo tan abstracto como el amor. Hay una innumerable cantidad de historias en donde eso funcionó, y otras en donde después eso no funcionó; no me sirve generalizar porque tampoco soy una pensadora como para hablar sobre el amor. Me parece que en este caso entre Medea y Jasón sí puede ser, porque la guerra es el entorno en el que viven. Aunque no es una condición, no es que son de clase baja. Ellos están huyendo de la guerra, esa es su condición y esas son las circunstancias que modifican el amor y modifican las personalidades de cada uno. Cuando hay una guerra todo se corre de eje. El amor es más extremo y la muerte tiene otro sentido. Cuando estas sobreviviendo y pasaste un montón de cosas, estás como en otro plano distinto. La ética y la moral se pierden y también se pierden los valores. Cuando hay guerra, toda la sociedad, todos los que la padecen se ven transformados. Todo se transforma, incluso el amor. Hay una película que no vi (Bajo el sol, 2016), pero que Nacho Gadano (Jasón) todo el tiempo me decía “¡Andá a verla! ¡Andá a verla!” que era sobre la guerra en Yugoslavia, y que eran tres historias sobre tres parejas, antes, durante y después de la guerra. Y lo que se contaba es exactamente esto que me estas preguntando: cómo modifican las circunstancias a una relación. Y claro que modifican. No digo que no pueda uno sobrevivir a eso, por eso ahí es donde no quiero generalizar; pero que las circunstancias modifican… obvio que sí. Modifican a la persona y modifican al amor.

LM: ¿Y vos personalmente, podes tomar un bando en esta historia? Hablando desde un lugar no tan políticamente correcto, uno lee la obra y se puede pensar, tomando partido: “bien merecido lo tuvo Jasón” (al margen de que todo termine en tragedia).

VB: No, a mí no me gusta juzgar. Menos cuando tengo que actuarlo, porque si juzgas, fuiste. Que juzguen las personas que la vean. A mí no me conviene juzgarla a Medea porque eso ya te hace vivirlo desde afuera. Lo que sí, te dispara reflexiones para todos lados…

Cuando hay guerra, toda la sociedad, todos los que la padecen se ven transformados. Todo se transforma, incluso el amor.

LM: Pero vos, siendo Medea…

VB: No, ¡yo la defiendo a muerte! Aunque si me corro un poco, por supuesto que a Jasón lo entiendo perfectamente. Son muy graciosas las charlas con Nacho, porque él defiende a Jasón y él tiene razón, ¡porque su personaje solo quiere sobrevivir! Lo bueno está en eso, en ponerse también del lado de otro; entenderlo y defenderlo. Obviamente que más allá de que arriba del escenario a Medea la amo y la adoro, a mí como persona se me disparan muchas reflexiones, porque el personaje es muy complejo. Porque lo que hace es matar a su hijo, por ejemplo. O sea… vaya venganza que se toma. Es tan extremo hasta dónde somos capaces de dañar y hasta dónde somos capaces de controlar a nuestros propios demonios. Lo que le pasa a ella nos pasa a todos. Lo que sucede es que uno controla sus demonios, porque cuántas veces uno dijo “¡¡¡qué ganas de matar!!!” pero lo controlás porque somos seres no-psicóticos (risas). No-psicópatas de última, y controlamos ese impulso. Lo que le sucede a Medea es que no lo controla. Digamos, el amor es absoluto y cuando eso se da vuelta, el odio y la sed de venganza es absoluta. Fin. Eso es humano y pasa todo el tiempo. Lo bueno de Eurípides es que eso sucede de una manera más terrenal. Los otros griegos, que son geniales también, meten muchos dioses, y esto acá es muy humano…. Una de las reflexiones que se me disparan es, por ejemplo: “uh, cuán humana es esta atrocidad que comete Medea, y hasta dónde somos capaces de llegar”. Eso y muchas otras cosas, porque son obras muy profundas.

LM: Justo María Leal, que es tu compañera en la película Las Inéses, dijo hace unos días: “Si un delincuente entra a mi casa y daña a mi familia, le pego siete balazos”. ¿Podrías llegar a decir algo así?

VB: No, jamás. Por eso digo que una cosa es la ficción y otra la vida real. Porque es muy lindo lo que dice Bukowski y muy lindo lo que hace Medea pero eso es mejor para la ficción, y para hacernos reflexionar a nosotros; para conmovernos, y para un montón de otras cosas hermosas, que es para lo que sirve el arte. Pero en mi vida no voy a estar de acuerdo con la violencia y con la justicia por mano propia. Jamás voy a avalar el asesinato. Para eso existe un sistema de justicia, porque somos seres humanos civilizados y no estamos en la guerra que cuenta mi personaje; no se perdieron todos los valores y no se fue todo a la mierda. Por suerte tenemos una sociedad en donde hay juicios, en donde todo el mundo tiene derecho a defenderse, y un montón de otras cosas que el hombre inventó porque sabe que a veces no puede dominar sus pasiones. Cuando eso pasa está bueno que uno haga un paso atrás para que trabaje la justicia, que debe trabajar bien. El caso principal es el de las Abuelas de Plaza de Mayo que, ahora los represores están presos, la gran mayoría, pero tuvieron que convivir cruzándose por la calle a los asesinos de sus hijos, y a los ladrones de sus nietos; y ellas nunca jamás pidieron “paredón”. Siempre pidieron por justicia y con el paso de los años lo van logrando. Esa es la forma para mí de conducirse; con el arrebato, no.

LM: Eurípides tenía como característica que muchas de sus heroínas reivindican el lugar de la mujer en la sociedad griega. Teniendo en cuenta que mañana {N.d.E.: por el 29/9} hay una movilización de Ni Una Menos por los tres homicidios en Mendoza; y también, teniendo en cuenta que te tocó interpretar en tus comienzos a María Soledad Morales. ¿Crees que Medea en Manhattan reivindica el lugar de la mujer como en la antigüedad?

VB: Hay un plano en que sí. Dea Loher no te puedo decir que es feminista, pero en muchas obras ha reivindicado el lugar de la mujer. En la obra Las relaciones de Clara por ejemplo también se la ve con una postura muy femenina. Y en Medea también, porque el personaje en algún punto se libera. Pero yo no la veo tan así; al menos no es lo que más resuena en mí. Pero muchísimos espectadores (que eso es algo bueno que tiene el teatro, porque se presta a variedad de interpretaciones) me contaron esto que me estás diciendo. Y creo que Lía Jelin, directora de la obra, también iba por ahí porque siempre hablaba de la liberación de Medea. Ella se queda sin nada, pero se queda libre. Se queda sin su amor, sin su hijo… Yo lo veo casi como un suicidio en realidad, pero es una visión muy personal. O sea, no puedo ver ninguna reivindicación de ninguna mujer, pero es algo muy individual. Sé que Dea Loher lo escribió con ese sentido, pero a mí me suena más a suicidio que liberación. De hecho, mi personaje lo dice: “voy a ser una muerta en vida”, y repite muchas veces “voy a estar sola para mí”; y yo me la imagino yéndose con toda Manhattan incendiada. Pero sí, hay algo de eso.

Las Abuelas de Plaza de Mayo tuvieron que convivir cruzándose por la calle a los asesinos de sus hijos y a los ladrones de sus nietos y  nunca jamás pidieron “paredón”. Siempre pidieron por Justicia y con el paso de los años lo van logrando.

LM: Imagino que debe ser difícil por ahí tener ciertas diferencias en ese plano con tu personaje…

VB: No, no, ¡es hermoso! No es difícil, es lo más lindo. Porque uno no tiene que tomar partido. El hecho artístico no tiene que tomar partido en nada. Mientras más preguntas se te hagan, y mientras en más contradicciones entres, más saludable y mejor es. No tiene que tener respuestas. Porque si buscas respuestas, en Medea no las vas a encontrar. ¿Por qué hace lo que hace? ¿Por qué lo mató a Jasón? ¡No! Es meterse adentro y convivir con todas esas preguntas y todas esas contradicciones.

Ella se queda sin nada, pero se queda libre. Se queda sin su amor; sin su hijo… Yo lo veo casi como un suicidio.

LM: ¿Sentís igualmente que hablar hoy por hoy de reivindicar el papel de la mujer es un tema gastado? ¿O crees que todavía hace falta?

VB: No, me parece que hace falta. No soy una gran militante de eso, pero me parece que hace falta. Gracias a Dios empezó a surgir lo del Ni Una Menos, y creo que se subió un escalón ahí. Ya no es tan fácil la violencia contra las mujeres, que antes era como oculta, casi que se aceptaba. Era como muy tabú, y el hecho de romperlo para mí fue maravilloso.

LM: ¿Y comparado con la vez que interpretaste a María Soledad?

VB: ¡Sí! Por ejemplo, la vez que hice el papel de María Soledad, los comentarios que me hacían eran: “pero… dicen que María Soledad era un poco rápida”. Te lo juro por Dios, que me acuerdo la cara de {Bernardo} Neustadt, de cuando fui a su programa en esa época, haciéndome esos comentarios y preguntas. Y yo que tenía 18, 19 años, estaba envuelta en llamas. Casi que le salté a la yugular. Como ese señor tan feo opinaba gran parte de la sociedad. Y exactamente a eso me refería, con que ahora no es tan fácil decir algo así. Y en la época en que se filmó María Soledad, que habían pasado ya tres años del crimen, era fácil decir eso. De hecho lo usaban en el juicio para justificar una muerte. Lo usaron y lo recontra usaron, lo usaban los medios, y ya no se puede hacer más eso. Eso me parece un paso adelante.

El hecho artístico no tiene que tomar partido en nada. Mientras más preguntas se te hagan, y mientras en más contradicciones entres, más saludable y mejor es.

LM: ¿Y con respecto a la ficción en Argentina? Te pregunto porque hace unos días el actor brasileño Cauã Reymond estuvo presentando en varios programas la novela El juego del pecado; sumándose a Moisés; Las mil y una noches; Avenida Brasil. ¿Cómo lo ves? ¿Te parece que está balanceada la televisión entre las producciones locales y extranjeras?

VB: ¡No, es un horror! Yo no tengo idea, pero lo único que sé es que nos quita laburo a nosotros y es una industria la de la ficción. No somos solo actores los que trabajamos porque están también los técnicos, los directores; es mucha gente la que trabaja haciendo una ficción. Son muchas fuentes de trabajo las que se pierden. Tiene que haber una regulación. Para mí es importante que se haga. También siento que son épocas, no creo que esto sea el fin de nada. Hace mucho era una época en donde eran todos top shows y no había casi ficción…

LM: ¿La época de “somos actores, queremos actuar”?

VB: Sí, esa época. Había dos ficciones nada más, y todo baratísimo. Después va cambiando, pero me parece que habría que legislar o hacer algo.

LM: Bueno, eso era parte de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual…

VB: Claro, por ejemplo. Bueno, lo que se hizo antes en ficción lo aplaudí siempre. La verdad es que la forma en que una industria crezca y se desarrolle es cuando hay cantidad. Y hubo muchas ficciones muy lindas. La Casa del Mar ahora se va a los premios Emmy, y te nombro a “la que ganó el premio”, pero en realidad eso es una pelotudez, porque hay un montón que no ganaron ningún premio pero que son excelentes igual. Yo trabaje en varias que estaban buenísimas y para mí que se haya perdido eso, es una pena inmensa. Podes reestructurarlo o podes decir que la plata tiene que salir de otro lado, pero ahí yo ya no sé muy bien porque no soy productora. Pero no se puede perder ese espacio. Ese espacio hoy no está y debería ganarse otra vez.

“Los otros países defienden mucho su propia cultura y es algo que deberíamos hacer nosotros. La cultura es una cuestión de política de Estado.”

LM: En una entrevista del año pasado hablabas justamente de las ficciones nacionales subvencionadas por el Estado. ¿Estás de acuerdo en que el Estado debe tomar el papel de subvencionar las ficciones?

VB: Sí, aunque no me siento muy capacitada porque no tengo idea de cómo se hace. Me parece que debería estar acá un productor que sepa más de números; porque no tengo idea de cuánto sale un capítulo de ficción. Pero sí sé que el Estado tiene que formar parte, porque es un movimiento cultural y es una industria en crecimiento que está mal que se pierda. Por ejemplo, en cine hay algo que está muy bueno y es que el INCAA es un ente autárquico, y eso no pasa en todos los países. Eso está muy bien y, para mí, algo parecido tendría que pasar en ficción televisiva. Igualmente no sé cómo se articularía, pero me parece que tiene que ser por ahí. En el INCAA, de todas las entradas de cine vendidas, un pedacito va al instituto y por eso se pueden hacer bastantes películas. Después está el problema de la distribución, de que las películas duran dos días, o la cuota de pantalla, etc. Pero la verdad que hoy en día el cine es subvencionado por el INCAA, o sea que el cine es subvencionado por el cine. Eso me parece que es un paso logrado y que por suerte es ley y no se puede perder. Eso, me parece, era un poco lo que había planteado el gobierno anterior y que para mí estaba muy bien. Aunque les puedas discutir un montón de cosas. Porque la cantidad de fuentes laborales que hay es porque es una gran industria, y creo que hay que encontrarle la vuelta para que haya buena ficción. Si no van a haber dos ficciones por año y obviamente que van a ser malas.

LM: ¿Y te gustan las ficciones que hay ahora? Como opinión totalmente personal te lo pregunto…

VB: Sí, me gusta. En realidad no tomo muchos trabajos a la vez pero sigo sin tener mucho tiempo libre. No hago teleteatro porque me lleva demasiadas horas. Hacer tele doce horas, después hacer teatro a la noche…

LM: ¿Pero tenés algún momento en donde decís “bueno, me voy a sentar a ver Game of Thrones” o ficción argentina?

VB: Sí, he visto cosas. No las veo al aire porque nunca llego, pero a mí me gusta la ficción argentina. Hay muchas cosas que me gustan mucho y hay otras que me gustan menos. A mí me gustaban mucho de las de la TDA (Televisión Digital Abierta). Por La casa del mar, había una que se llamaba Bajo el cielo de Orión que me encantó y la vi toda; Cromo, una que hice, que me gustó también; Televisión por la inclusión

LM: ¿Vos estuviste también en Televisión por la identidad también, no?

VB: Sí, estuve en Por la identidad y en Por la inclusión. Con la de inclusión hice un episodio hermoso que trataba sobre trabajo esclavo. Después las cosas que hace Underground me gustan casi siempre. Son como más comerciales o de tele de aire. En la tele de no de aire uno se puede permitir algún cuelgue, pero en la tele de aire tenés que ir más a las fórmulas. Y a mí de Underground me parecen divino todo lo que hacen, además me llevo muy bien con ellos cuando laburo, y cuando veo siempre llaman buenos actores, tienen algo que me cae bien; y me parece que son de las cosas que tienen que crecer. Los otros países defienden mucho su propia cultura y es algo que deberíamos hacer nosotros.

LM: Bueno, de hecho creo que en Brasil, todo se dobla. No hay nada que lo veas con subtítulos…

VB: ¡Malísimo es eso! {risas}. Sí, es igual que en España…. para tanto no; pero sí defender. Además a la gente le re gusta ver cosas nacionales. Hay que darle manija nada más. La cultura es una cuestión de política de Estado.

LM: En octubre estás estrenado en cine Las Inéses. ¿Hay algún tipo de papel que te gustaría que llegue en algún momento?

VB: No, no tengo uno con el que digo “ojalá algún día…”. Sí me pasa que por suerte sucedió de engancharme con la tragedia y que me llamen para dos, y eso me pareció buenísimo. De hecho me tiré de cabeza en Medea, dejando de lado otros trabajos, que quizás eran hasta más rentables, pero era como decir “che, no me pueden llamar justo para lo que tengo ganas de hacer”, porque yo tenía muchas ganas de hacer tragedia. Me había quedado muy cebada con Martirio y La casa de Bernarda Alba; y de hecho estaba leyendo tragedias cuando me llega. Entonces fue como “¡qué bueno!”; pero no es solo por un personaje. No tengo un personaje. Sí me pasa que después de hacer teatro me dan ganas de hacer cine, pero voy fluctuando. Me gusta estar en buenos proyectos. De por ahí lo único que tengo ganas para un futuro es generar algo propio. Juntarme con amigos y compañeros para generar algo de teatro o de cine, pero formar parte de la gestación desde el principio.

LM: ¿Ocupando siempre el lugar de actriz? ¿O te ves cómo directora?

VB: Sí, de actuar; como directora no tengo ganas. Pero sí de “che, ¿Qué tenemos ganas de hacer?”, buscar material juntos. Lo he hecho algunas veces, pero no es mi fuerte. Estoy más acostumbrada a que me llamen. Una vez hice una obra que se llama Apenas el fin del mundo, de Lagarce, un francés genial; y fue medio gestado porque lo llame yo al director, a Cristian Drut, y le dije “quiero trabajar con vos, busquemos algo” y el me tiró a Lagarce y yo me tiré de cabeza. Eso a mí me gusta. Cuando nace desde el principio y no es que vos te enganchas, me gusta mucho y lo hice poco. Me gustaría hacer eso, más que un personaje.

Nahuel Difalco

Nahuel Difalco

Colaborador

(Baradero, 1987) Nahuel Difalco es periodista y profesor de literatura.Trabajó en radio, magazines y como profesor. Actualmente reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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