Por Julieta Desmarás.

Harrison fue uno de los cuatro fabulosos. Un iluminado. El joven más joven de los Beatles y el mimado por su hermana mayor, Louise. Su legado -una y otra vez- se abre como el loto. Durante sus últimos años se la pasó inmerso en un largo Om presente en su jardín. Hoy sus canciones son semillas que se esparcen por un mundo que -a falta de ingeniosos acordes- lo convoca.

“El discurso de las flores supera a las flores del discurso”
George Harrison

Se dice que varias veces Dylan lo llamó necesitado de armonía << qué hay de nuevo George >>. Harrison era el dealer de la canción y se le pedía -como se le pide a un Dios- un milagro acordioso que él, generoso, concedía. A diferencia del resto de sus amigos virtuosos, él era un tranquilo. Era lo que se esperaba de él. La armonía como amparo.

No precisó el sol todo el tiempo. Esa bola amarilla, violenta y voraz, no lo quemó. Supo manar a la sombra y sacar provecho de su misterio. Existe un afán por categorizarlo como lento, tímido, silencioso, místico, inseguro, mujeriego, genio, divino, cornudo, brillante, humilde, amigo, pareja, padre, gurú. Algunos o todos esos adjetivos lo constituyeron ser como los numerosos brazos de los dioses hindúes. Más allá de haber sido uno de los músicos más amados y respetados por todos, fue -en palabras de Louise, su hermana mayor- un hermanito adorable.

Así fue cómo me convertí en una suerte de embajadora de los Beatles en Estados Unidos.

Louise Harrison no sólo fue una hermana amorosa, también contribuyó para que George, John, Paul y Ringo -con revoleo de pelo pollera desmayo incluido- revolucionaran los Estados Unidos de América. En una de nuestras conversaciones telefónicas lo contó con detalle: “En 1963 me mudé a los Estados Unidos y mi mamá empezó a mandarme los primeros discos de The Beatles. Como fan y orgullosa hermana, quería que ellos fueran famosos en Estados Unidos,  así es que empecé a investigar sobre la escena musical y le escribí al mánager Brian Epstein para que me ayudara a entender cómo funcionaban las cosas acá. También intenté mandar los discos a las radios y le insistía a Brian que los llevara al show de Ed Sullivan que, por supuesto, no era conocido en Europa. Así fue cómo me convertí en una suerte de embajadora de los Beatles”. ¿El resultado? El 9 de febrero de 1964, aturdido por los coros frenéticos de las yanquis ante las canciones “Can’t buy me love” y “I Want to Hold Your Hand”, Ed Sullivan – el number one de los programas de entretenimientos televisivos- presentó a los Beatles por primera vez ante el público norteamericano. Hecho trascendente que marcó para siempre la vida de los cuatro. La presentación en el programa de Sullivan capturó a más de 70 millones de espectadores, la mayor audiencia televisiva de la historia hasta ese momento. Eran los nuevos provocadores de una verdadera conmoción y en parte, gracias a la pequeña ayudita de Louise.

Por un tiempo el pasto secó y los hermanos dejaron de hablarse. Sin embargo, antes de la muerte de George, pudieron despedirse. Ella escribió un libro llamado La banda de mi hermanito: también conocida como The Beatles en 2014, donde detalla todo tipo de experiencias vividas gracias a su asiento de primera fila en los eventos monumentales de la mejor banda del mundo.

La compañía Harrison Entertainment Group, liderada por Louise Harrison, es un show tributo dedicado a los Beatles; que a su vez, patrocina Liverpool Legends, banda beat por excelencia y con la que viaja (a pesar de sus 80 y pico pirulos) como parte del elenco. De manera paralela, y tomada por el espíritu caritativo de su hermano menor, desarrolla acciones culturales benéficas enfocadas a la difusión y prevención del cáncer y sida. A través del espectáculo organiza subastas de objetos personales de George Harrison, exposiciones Beatles y otras actividades que han servido para apoyar económicamente a instituciones y organizaciones sin fines de lucro ligadas a la prevención de enfermedades catastróficas y programas de rehabilitación y causas ecológicas.

Con una última sonrisa pícara, George le dijo “Recordá pasarlo, sis” y ella prometió que sí.

Las despedidas son tristes, se ancla uno al espacio físico del otro que no está, pero Georgie estuvo siempre más allá las banalidades terrenales. Louise dijo, acerca de la última vez que vio a su hermano: “George estaba frágil pero aún vibrante. Sus ojos todavía brillaban. Seguía siendo George. Sufría, pero no lo demostraba. Recordamos nuestra infancia y su sentido del humor seguía intacto {la escucho reír}. Las personas solían cargarlo por sus tremendas orejotas salidas para afuera; los tubos de oxígeno le colgaban como dos aros. Se reía de eso y decía: ‘Mis orejas, no tienen esta forma para nada, finalmente resultaron útiles’.” Los hermanos se sumergieron en un último abrazo al que ella, acostumbrada a ese gesto tan familiar, denomina “abrazo a lo Harrison’s” y con una última sonrisa pícara, George le dijo “Recordá pasarlo, sis” y ella prometió que sí.

El más joven de los Beatles, antes de irse irradió energía poderosa. Fue un hombre que para elevarse eligió el jardín.

Julieta Desmarás

Julieta Desmarás

Colaboradora

1982, Buenos Aires) Gran parte de su infancia y adolescencia la vivió en el sur argentino. Redactora cultural. Desde el año 2007 administra su blog: De las hojas al hormiguero. Colabora para diferentes revistas de música & cultura. Asistió a talleres dictados por reconocidos escritores y poetas. En 2014 editó su primer poemario El río y su cajón con Editorial Alción. Actualmente está próxima a editar su segundo libro de poesía y una obra de teatro.

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