Por Lilian Garrido.

El análisis literario no siempre ha rescatado ajustadamente a Luis Luchi. Lilian Garrido, autora de esta nota, busca traerlo a la mesa de la poesía porteña con la edición de sus obras completas al grito de ¡Luchi y vuelve!

Era el año 2003. Primavera. Estábamos preparando la presentación de la antología Paseo por la capital de Luis Luchi. El libro iba a presentarse en la escuela Petronila Rodríguez, en el corazón mismo de la República Independiente de Parque Chas, para honrar a su fundador.

– ¿Y cómo andan las cosas?
– Cortando clavos… ¡Una lucha!
– ¡Luchi y vuelve!

Desde entonces, “¡Luchi y vuelve!” quedó como consigna. Y no sólo consigna, porque aprendimos, también desde entonces, que el regreso de Luchi sería una de las grandes batallas de nuestras vidas.


 

“¡Luchi y vuelve!”

¿Por qué El obelisco y otros poemas (1959), primer libro de Luchi, no formaba parte de la exposición 200 Años, 200 Libros? En toda selección hay un recorte y es imposible incluir a todos, pero… La estructura de esta maravillosa muestra fue muy novedosa: organizada como un largo viaje en tren, se podían seguir diversos recorridos para abordar, desde distintas perspectivas, nuestra literatura nacional. Pero ¿por qué El obelisco y otros poemas no era una estación del ferrocarril “Ezequiel Martínez Estrada”, ramal “La Buenos Aires escrita”? Mate mediante, esta pregunta originó largas horas de debate.

El obelisco y otros poemas era el primer libro y era, también, la certeza, de que en Luchi había algo más que poesía ciudadana. Este rótulo, poesía ciudadana, lleva a pensar en otro rótulo, generación del ’60, esa camada de poetas nacidos alrededor de 1940 que, más allá de sus diferencias estéticas, practicaban el coloquialismo, se inclinaban –alejados de toda retórica- por una enunciación llana y directa de los hechos, manifestaban preocupaciones políticas y sociales, tomaban los temas de la realidad circundante (extendiéndose los límites de ese círculo mucho más allá de Buenos Aires y de la Argentina), y tenían a la Reina del Plata como eje (claro que, algunos dirán, y es cierto, que va contra natura nacer en tamaña ciudad y ser regionalista). Pero Luchi no entraba con comodidad en este molde: si bien publicó su primer libro en 1959, había nacido en 1921, con lo cual, si nos avenimos a las pautas marcadas por Ortega y Gasset, Petersen y otros estudiosos del tema, se nos disparaba veinte años. Hilando aún más fino, el “hecho histórico generacional” no fue para Luchi la Revolución Cubana –a la que, obvio, celebró y apoyó-, sino la Guerra Civil Española (apuntemos que en su adolescencia militó fervorosamente en la Federación Juvenil Comunista) y, por supuesto, la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias.

Luchi camina por la ciudad sin parar. Y este deambular observándolo todo, impregnándose de todo, es una fuente de conocimiento.

Más allá de estas precisiones que intentan, infructuosamente, clasificarlo, Luis Luchi, hijo de inmigrantes judíos ucranianos (Gregorio Yanischevsky y Paulina Lerer), nació en Buenos Aires, nada menos que en Villa Crespo, y decidió, “sin ponerse colorado”, ser poeta, y “colocarse en la cola” con el albañil, / con el matasellos de las sucursales, / con el mozo de café. Con la suave damita / que ni de reojo me mira, / con el vigilante que sí me mira de reojo, con el carpintero que no oculta su olor a gomalaca (poema Volviendo a casa). Esta decisión tomada, Luchi entró al territorio de la poesía por la puerta que dejó abierta Evaristo Carriego (1883-1912), a quien, no por casualidad, le dedica un poema en su primer libro, El obelisco y otros poemas. En ese retrato de Carriego que traza, se puede ver al propio Luchi, que también era flaco (Para ser poeta se requiere ser flaco. / Evaristo era flaco), bueno, le gustaba el vino y “quedarse los días en el café”. Como Carriego, Luchi tampoco fue a la universidad ni los partidos políticos se lo disputaron y “sólo sabía que hay que comer para no debilitarse”.

A partir de Evaristo Carriego la ciudad de Buenos Aires –la Buenos Aires cotidiana, la de la vida de barrio, con sus costumbres y personajes-, entra como tema en la poesía argentina. Luchi, quien a lo largo de sus poemas camina y explora esta ciudad del sur (así como, a partir de 1976 y hasta su muerte, en el 2000, caminará y explorará Barcelona, ciudad adonde se exilió), la vive y la hace vivir, descubriendo sus velos. No es azaroso, entonces, que también aparezca, en este mismo primer libro, un poema a Roberto Arlt (1900-1942), quien se introdujo como nadie en el “misterio de la rara ciudad”, a la que desentrañó sin piedad pero seguramente con dolor, desnudando “el drama del hombre porteño” (que, como nos dice Luchi, es igual al de todos los hombres / pero es el drama del hombre porteño, / y aunque se asombren algunos / el tango es bastante su vida triste, / ya crearemos la alegre / cuando la sintamos).

En Luchi había algo más que poesía ciudadana.

Luchi camina por la ciudad sin parar. Escribe en “Mi día”: Y como siempre caminé mucho / acompañado y solo, / caminé mucho. En El ocio creador (1960) publica el poema “Caminando despacio”; en Poemas de las calles transversales (1964), el poema “Volviendo a casa”. Podemos sumar la serie “Paseos por la capital…”, iniciada a partir de La vida en serio (1964). Y este deambular observándolo todo, impregnándose de todo, es una fuente de conocimiento (un conocimiento empírico más que teórico, aunque sus lecturas pueden claramente rastrearse a lo largo de su obra). Este aprendizaje nunca acabado se comparte en la conversación incesante de sus poemas –la oralidad, lo sabemos, es un rasgo distintivo de su poesía-, conversación consigo mismo, con nosotros, con los otros: Después con amigos hermanos / conversamos de historia / de lo difícil que es comprender / de lo hermoso que es comprender, nos dice en “Mi día”.

Esta ciudad por la que camina Luchi, con su obelisco que, como un reloj de sol, todavía marca el paso del tiempo, ya no es la misma, aunque en las paredes del monumento necesitemos todavía escribir muera lo que queremos que muera / viva lo que tiene que vivir.


 

Es el año 2016. Primavera. Estamos preparando la edición de sus obras completas. Hay mucho trabajo por delante y nos sobra entusiasmo. El año próximo, quizás, nos demos el gusto. Las paredes del obelisco están ahí, blanquísimas, tentándonos a escribir “¡Luchi y vuelve!”

Lilian Garrido

Lilian Garrido

Colaboradora

Lilian Garrido (Buenos Aires, 1960). Profesora de Letras egresada de la UBA. Colaboró en diarios “Nuevo Sur” y “Página/12” y en las revistas “Las palabras y las cosas”, “Nueva”, “Nómada”, “Lea” y “El colectivo”. Tuvo a su cargo la selección y el prólogo de la antología de la obra del poeta Luis Luchi (Paseo por la capital de Luis Luchi) y el cuidado de las ediciones de Jardín zoológico y Amores y poemas en Parque Chas, del mismo autor. Autora del estudio preliminar de la reedición de Literatura de la pelota, de Roberto Santoro, y de la novela De dioses, hombrecitos y policías, de Humberto Costantini. Prologó el último libro de poemas de Eduardo Sívori, Soldati city, publicado por Lamás Médula en 2015.

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