Por Roberto Liñares.

Atacar un problema de raíz, aplicar tintura para que no se vean las raíces y el cálculo de la raíz cuadrada, muestran a las claras que el hombre se ha preocupado desde siempre por el problema que acarrea todo lo radical, o sea lo proveniente de la raíz.

En el proficuo terreno de la escritura, las raíces de los árboles genealógicos han desvelado a los mejores pasajeros de la litera de la literatura argentina.

Tomemos a dos amigos literatos, con muchas cosas en común: César Fernández Moreno y Julio Florencio Cortázar. Ambos en un tiempo olvidado, han descendido del mismo árbol. Fernández Moreno alguna vez dijo: “…eviten a Evita” (y Evita se evitizó millonariamente) y Cortázar llamó a la evocación, diciendo alguna vez que: “Amargas experiencias sufridas en 1945 me probaban suficientemente que nuestra Facultad (Nacional de Cuyo) estaba privada de esas garantías éticas que tornan posible y fecunda una labor voluntariamente consagrada al estudio”. Y voló a Francia en 1951 en busca de la liberté.

Pero vamos por partes. César Fernández Moreno, se debatió construyendo su identidad personal y poética, contra la potente presencia de su padre Baldomero, y se debatió en la construcción de su identidad en la constelación de la identidad nacional argentina y esto se reflejó en su poesía, a veces intensamente cargada de auto referencialidad. Logró buena parte del parricidio, por lo menos en lo que se relaciona con el abandono del formalismo y del sencillismo poético de su señor padre.

Dirá de sí: “¿Quién soy yo dado que él es él? ¿Es una circunstancia favorable tener un padre famoso (de buena fama)? ¿Lo es en particular, cuando el hijo se entrega a la misma actividad que ese padre famoso?… En mi caso concreto ¿es mi actividad poética una cosa real, íntima y profunda, inexcusable para mí, o es sólo el resultado de la inducción paterna? A todas estas compulsiones responden, creo, mis anteriores trabajos críticos sobre poesía argentina contemporánea, largo proceso literario que coincide con la búsqueda de mí mismo.”

Y seguirá diciendo: “…por qué dividir así una vida ser hijo durante tantos años y de pronto no… … yo debí haber nacido contigo y no de ti… … terminé de crecer estoy cabal ya no soy puro principio y fin sin intermediario con lo anterior sin mediador con lo siguiente la vida tiene en mí su punto de partida…”

“¿Quién soy yo dado que él es él? ¿Es una circunstancia favorable tener un padre famoso (de buena fama)? ¿Lo es en particular, cuando el hijo se entrega a la misma actividad que ese padre famoso?…” C. Fernández Moreno

Respecto de su identidad nacional, se “mantiene” voluntaria e involuntariamente difusa, al punto que el final del poema que degustarán más adelante, suena a alegre descarte aquello de: “…Y bueno, soy argentino”

Fernández Moreno también supo volar por las alturas culturales de Francia como agregado cultural en la Embajada de Francia. Julio, traductor para la UNESCO, y César se encontraron y trabaron un fluido conocimiento, seguramente traccionados por idénticas inquietudes. Justamente por las relacionadas con las raíces, troncos y ramas genealógicas. César, quien innovaría con su poesía, incluyendo en las mismas, flechas indicativas, recuadros y llaves de distribución, en medio de cierto coloquialismo (léanse sus libros Ambages y Con Ambages), no dudó para jugar, entre nostalgia y juguetona displicencia, en prescindir de las flechas (más aborígenes que indicativas) y en un euro e incontinental torrente diría, como y en Argentino hasta la muerte:

“A Buenos Aires la fundaron dos veces
a mí me fundaron dieciséis
ustedes han visto cuántos tatarabuelos tiene uno
yo acuso siete españoles seis criollos y tres franceses
el partido termina así
combinado hispanoargentino 13 franceses 3
suerte que los franceses en príncipe son franceses
si no qué haría yo tan español
nací por fin hermanos
en esta dulce amarga picante insípida tierra argentina
nacía en Chascomús en Buenos Aires
nací en tantos lugares casi todos con agua
cuando empezó mi desarrollo se acabó el del país…”

“…y bueno ésta es una tierra así
montones de fausto natural de miseria natural
poquitos aborígenes que ya no son problema
puñados de blancos puñados de griese sueltos entre las leguas
o de pronto envasados a presión a la orilla de un río teratológico
pero sueltos también
cada cual solito por la calle Florida…
“…eh bien je suis argentin…”

“…y de pronto salta Macedonio Fernández zapateando un malambo con Pascualito Pérez
pero no me hable de la literatura argentina ni del atletismo nacional
no crean en lo general en el general
crean en lo particular en el particular (*)
crean en algunas firmas no crean en ningún sello aclaratorio
la realidad tiene más de veinticinco renglones por foja
de qué sirve un papel bajo la lluvia
y bueno soy argentino
éste es el revirado canto natal que yo traigo aquí
I’m sorry a usted le molestará sepa que a mí también
pero alguna vez tenemos que acercar la realidad a los papeles
esta bronca me sale de ser argentino
soy gaucho y entiendanló
soy de los de acá de este lugar y no de otro
soy argentino de la mejor y de la peor manera
mejorando las provincias presentes soy porteño
aquí me tienen al pie del obelisco mirando hacia arriba…”

“… no vayan a pensar que éste es un país tropical
qué esperanza mijito nosotros somos muy civilizados tan nórdicos
como el mejor noruego…”

“…y bueno soy argentino”

(*) El subrayado y resaltado es nuestro. (No le alcanzó con la señora primera dama)

Me podrán decir que esta es una visión fragmentada de Fernández Moreno hijo. Sí, proviene de fragmentos de su poema, of course. ¿Y Julio…? Bueno, Don Julio, no tuvo que matar literariamente a su padre, se arregló más o menos bien solo y tomó sideral distancia de lo nacional, prefiriendo, dicho con sus palabras, el “patiotismo” (un culto neo borgiano a los patios y a los mínimos recuerdos de su individuo) al patriotismo, sin distingos.

“Tenía casi cuatro años cuando mi familia pudo volver a la Argentina… Crecí en Banfield, pueblo suburbano de Buenos Aires (…) tenía seis años cuando mi padre se fue de mi casa, para siempre” J. Cortázar

Un breve Cortázar ilustrado: “Soy argentino, pero nací en Bruselas en agosto de 1914. Mi nacimiento fue producto del turismo y la diplomacia; a mi padre lo incorporaron a una misión comercial cerca de la legación argentina en Bélgica. Me tocó nacer en los días de la ocupación de Bruselas por los alemanes de la Primera Guerra Mundial”. “…Entre el año y medio y los tres años y medio viví en Barcelona hasta que en 1918, una vez terminada la lucha, la familia pudo volver a la Argentina”. “Tenía casi cuatro años cuando mi familia pudo volver a la Argentina… Crecí en Banfield, pueblo suburbano de Buenos Aires”. “Yo tenía seis años cuando mi padre se fue de mi casa, para siempre”. 1937: “Mi dirección hasta nueva orden es: Hotel “La Vizcaína”, Bolívar, F.C.Sud”. 1939: ”Soy ciudadano confirmado en la muy progresista ciudad de Chivilcoy, con 16 horas en la Escuela Normal”.

Por otra parte Julio que siempre prescindió para su poesía de recuadros y llaves, y por supuesto de flechas, sí las usó, incluso con caballos (claro que no indígenas), para chichonear con sus posibles ancestros. En un poema intitulado “Los Cortázar” derramaría simpática y porteño-centrísticamente, estos versos:

 

 

Y como no puede ser de otra manera cuando se trata de bronces lustrados e ilustres, a efectos de dilucidar, acudamos a nuestro inefable Jorge Luis Borges (Yoryi): “Cuando pienso en mis ancestros argentinos y uruguayos, pienso en militares, y cuando pienso en mis ancestros ingleses pienso en predicadores metodistas, en doctores en filosofía y, principalmente, en libros”.

Eso, eso… como diría el Chavo… ahí está, se hizo la luz… Todos los intelectuales argentinos descienden de los libros, por eso cuando para Argentina se viene el otoño se deshojan…

Roberto Liñares

Roberto Liñares

Colaborador

(1955, Buenos Aires) Poeta. Sus obras han sido publicadas en distintas revistas, y formado parte de numerosas antologías. Ha recibido varios premios (Biblioteca Belisario Roldán, Departamento de Extensión Universitaria de la Facultad de Derecho, Club Banco Provincia, Central de los Trabajadores Argentinos, Secretaría de Cultura de la Asociación Bancaria, etc.). Participa en distintos recitales y “performances”.

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