Por Analía Marchesano.

Tras su reciente visita a Buenos Aires en noviembre del 2016, de la mano de la Asociación de Artistas Chilenos en Buenos Aires, entrevistamos al poeta mapuche Elikura Chihuailaf.

Elikura Chihuailaf es poeta y traductor mapuche chileno. Nació en 1952 en la comunidad de Quecheurewe (Temuco). Entre sus libros, encontramos El invierno y su imagen (1977); En el país de la memoria (1988); Sueños de la luna azul (2008). En 1983 dirigió con Guido Eytel la revista Poesía Diario, y tradujo, en 1996, la poesía de Pablo Neruda (Todos los cantos) al mapudungún, entre otros trabajos de traducción.

Tuve la oportunidad de escuchar a Elikura en un conversatorio que se organizó en Buenos Aires en 2015. Allí nos preguntó por nuestros sueños, y a medida que los íbamos contando, nos ayudaba a leerlos. Nos contó que esa era una práctica cotidiana en su comunidad, contarle los sueños a los mayores y que ellos te ayuden a leerlos.

A partir de ese breve encuentro que tuve con Elikura y de la lectura de sus poemas, imaginé las siguientes preguntas para él. Los dejo con el poeta.

Lamás Médula: ¿Cuándo y de qué manera te acercaste o llegó a vos la poesía?

Elikura Chihuailaf: Yo creo que cuando era niño, considerando que en nuestra visión de mundo somos siempre niños y ancianos a la vez (la constante dualidad). Caminando o cabalgando entre los árboles del entonces frondoso bosque muy próximo a nuestra casa (cuarenta o cincuenta metros). Un bosque muy antiguo, con una gran diversidad de árboles, pájaros, flores, hongos, insectos, animalitos y enredaderas. Con texturas, colores, formas, aromas embriagadores; sombra, luz, penumbra. Un lugar privilegiado para el diálogo entre el espíritu y el corazón, escuchando el murmullo y contemplando los destellos del estero que lo cruza. Un regalo de la Naturaleza. Pero también la vida familiar alrededor del fogón en nuestra ruka (casa tradicional), escuchando los cuentos, cantos, adivinanzas, consejos. Y los ceremoniales: el llellipun (rogativa familiar), el gillatun (principal ceremonia comunitaria, de agradecimiento y petición). Mi abuelo era el Lonko -cabeza, líder- de nuestra comunidad (Kechurewe), por eso pude participar no sólo del desarrollo del conmovedor ritual sino además de sus preparativos que se iniciaban con la plantación de una bandera azul -que restallaba con el viento- en el frontis de nuestra casa, muchas semanas antes.

El poema es como toda Conversación, sucede en la dualidad de lo cotidiano y lo infinito al mismo tiempo.

LM: ¿Cuál es para vos la relación entre la poesía y los sueños (oníricos)?

EC: Total, porque me parece que la palabra poética -que es mucho más que versos- tiene que ver con el misterio del tiempo, fundamentalmente con el futuro. Los Pewma, los Sueños verdaderos –aquellos que suceden al final de la noche-, son el lenguaje de lo venidero. Como ejemplo, les refiero un Sueño personal: Estaba aquí en mi comunidad, en Kechurewe, cuando tuve un sueño muy revelador para la continuidad de mi vida. Soñé que desde el oriente, desde las cumbres de la cordillera que miro con frecuencia, venía –sobre nuestros bosques- una mujer, radiante, apacible (vestida con un manto azul), que levitando pasó sobre la hilera de los antiguos castaños y nogales, llegando hasta las proximidades del jardín de nuestra Casa Azul. La observé, tranquilo, sin sorprenderme parece, agradeciendo su visita, mientras ella me sonreía como si fuera la Luna Llena que viajaba sobre los primeros rayos del Sol de primavera, para anunciar la aparición de los más prístinos y leves brotes que renuevan el canto de la Tierra. ¿Pewmaymi? ¿Soñaste?, me dijo. Era la Poesía -su ternura- la que había venido a sonreírme.

LM: En los sueños también se manifiestan las palabras, entonces. ¿Qué son las palabras para vos?

EC: La posibilidad de expresión –oral y luego escrita- del diálogo entre nuestro espíritu y nuestro corazón, la Tierra y el infinito que somos Aquí me parece necesario recordar que los fonemas los aprendió el ser humano escuchando a la naturaleza: las onomatopeyas. Recordemos también que todos los pueblos del mundo provienen –en todos sus hermosos colores- de lo nativo y de la oralidad (la olvidada Conversación)

¿Pewmaymi? ¿Soñaste?, me dijo. Era la Poesía -su ternura- la que había venido a sonreírme.

LM: ¿Que relación ves entre la conversación cotidiana y el poema?

EC: El poema es como toda Conversación, sucede en la dualidad de lo cotidiano y lo infinito al mismo tiempo. En el poema se escogen las mejores palabras –las más bellas- que hay en la dualidad de lo positivo y negativo que habita en cada uno de nosotros; por lo tanto, lo mejor de la cultura a la que pertenecemos. Como esa palabra es la llave que todos / todas poseemos, la llave que nadie ha perdido y que nos permite abrir las puertas que nos comunican con todo el mundo, la conversación debiera acontecer –me parece- del mismo modo: interior-exterior; silencio-contemplación- creación / conversación

LM: ”El corazón tiene que ser trabajado por el agua de las palabras” decís en una entrevista. ¿Es esa la función de la poesía? ¿o cuáles son esas funciones? Digamos… ¿Para qué la poesía?

EC: Me parece que esa es una de sus funciones. El corazón –que representa al cuerpo- es como una piedra bruta que tiene que ser pulimentada -hasta ojalá hacerla transparente- por el agua del espíritu, que es la palabra poética; así nos están diciendo nuestros abuelos, nuestras abuelas. La poesía entonces sirve para encontrarnos, con nosotros mismos y con los demás.

La poesía, que es también una lucha por la ternura a nuestra Ñuke Mapu Madre Tierra que nos regala todo lo que necesitamos para vivir, me encuentra en todas partes.

LM: ¿Y cuál es la relación de tu poesía con tus ancestros?

EC: Ella proviene de mis / nuestros Antepasados, es su voz permanente. Habita en mi visión de mundo mapuche, como en todas las visiones de mundo que conforman el maravilloso jardín de la Tierra.

LM: ¿Dónde encontrás la poesía, o dónde te encuentra la poesía?

EC: La encuentro en todos los seres vivos, visibles e invisibles, y en aquellos aparentemente inanimados como las piedras. La poesía está en todas las cosas, en toda nuestra Madre Tierra, en toda la Naturaleza del mundo. Recordemos que nuestro cuerpo se vuelve aire, tierra, fuego, agua y que nuestro espíritu –la vida- posee un derrotero de estrellas porque proviene del infinito y retorna a ese misterio de todos los colores (Azul para nosotros los mapuche) y de todos los colores, sabores y texturas. La poesía, que es también una lucha por la ternura a nuestra Ñuke Mapu Madre Tierra que nos regala todo lo que necesitamos para vivir, me encuentra en todas partes.

LM: ¿Pensás que la poesía puede sanar el alma? Y si es que sí, ¿qué tipo de poesía puede sanar el alma?

EC: La Conversación, sólo la Conversación, que es la expresión de la Palabra Poética más profunda, la expresión –quiero reiterar- de lo mejor que habita en nuestra dualidad personal y por lo mismo en la cultura a la que pertenecemos.

Analía Marchesano

Analía Marchesano

Colaboradora

(Villa Ballester, 1977) Cursó la carrera de Letras, participó en la revista literaria Juguetes Rabiosos entre 2005 y 2007 y dictó clases de lingüística y literatura en la Universidad de Madres de Plaza de Mayo, y en diversos profesorados y escuelas medias de la provincia de Buenos Aires. Su primer libro Mudanzas fue editado en 2012 y en agosto del 2015 apareció La luz que no da tregua, segundo libro de poemas editado por Trópico Sur Editor.

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