Por Cristian Fernando Carrasco.

Entrega #12

Las Moiras son dioses más antiguos que los Olímpicos, que son más antiguos que yo. Nunca supe si había alguna jerarquía o cadena de mando, pero el tiempo de existencia continuada en el mundo suele ser un índice de respeto merecido. Aunque, en realidad, la mayoría de las veces no indica nada más que una vida larga y desaprovechada.

Además, ni siquiera quedaba claro que el Destino o la Muerte puedan ser dioses, más bien son entes Eternos que están más allá del orden divino porque, a diferencia de los dioses, no pueden nacer ni morir, su existencia no depende de la fe de un grupo mayor o menor de fieles sino que son, sin más, sin que nadie pueda discutir o poner en duda su existencia. Ni siquiera los dioses pueden cambiar el destino y desafiar a la muerte.

No sé dónde leí eso.

*

Una vez ahí presentes las tres extrañas hermanas nos dimos cuenta de que no teníamos muy claro qué preguntarles. Pero había que preguntarles algo. Hacer aparecer a las Moiras para nada es el equivalente a romper un espejo gigante y derramar un container de sal al mismo tiempo.

Supusimos que teníamos tres preguntas y por lo tanto había una para cada uno. Tres dioses, tres Moiras, tres preguntas. Estábamos viviendo un cuento folklórico apoyado en el repetitivo y tranquilizador ritmo ternario.

– ¿Qué día será el fin del mundo? – preguntó Jesús, para comenzar.

– Depende de qué universo estés hablando.

– No sabía que había otros universos.

– Bueno, por algo estás a favor de la “santa ignorancia”.

*

– ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? -preguntó Balder, al parecer genuinamente interesado en develar el misterio.

– La gallina -fue la respuesta.

– Sí, es lógico. Gracias – y volvió a despatarrarse en el sillón del que se había levantado moderadamente, sin dejar de tener las rodillas flexionadas.

*

Entonces me tocó a mí. No quería desperdiciar mi pregunta.

– ¿Quién está haciendo desaparecer a los dioses? -pregunté, dejándome llevar por el espíritu detectivesco generado en los últimos días.

La voz fluctuante de las Moiras comenzó a desgranar versos. Había una especie de rumor de fondo, como si las demás murmuraran una melodía hecha de vocales alargadas mientras la que se había adueñado de la voz principal recitaba. Parecía una película para adolescentes de batallas a capella.

– Ya no es Amor el atrevido arquero…

– …que pintan de mortal saeta armado…

– …el dios desnudo y el rapaz vendado…

– …blando a la vista y a las manos fiero.

*

Llegando al final del último verso, las Moiras hicieron un sonido sordo y obstruido, como si estuvieran atragantándose con las palabras. Sus cuerpos comenzaron a fluctuar como su única voz cuando se desplazaban de un cuerpo al otro. Por su vestimenta podíamos darnos cuenta de que durante unos segundos eran Cloto, Láquesis y Atropos para después cambiar a Nona, Décima y Morta, pero el hilo que tejían y las tijeras con las que lo cortaban eran las mismas. El cambio a Urd, Verdande y Skuld era más notorio porque sostenían un tejido grueso, lleno de figuras y signos hechos con nudos de lana, tejido que Skuld destrozaba, no de la forma pacífica, seca y limpia en que se corta un hilo con tijera, sino con furia desatada, con los ojos enormes, desorbitados, de loca maniática, haciendo que todo lo que había nacido (animales, personas, dioses, universos) muriese y fuera reducido a jirones de materia.

Había otras configuraciones, otras tríadas de mujeres: las Wyrd Sisters de la tragedia isabelina, las Piadosas del Reino de los Sueños, las comediantes de una película de halloween. Sus figuras se deformaban y recomponían como burbujas de piel, como arcilla filmada cuadro por cuadro para que no se vieran las manos del alfarero.

Al final su forma se estabilizó en tres huevos de tamaños y colores distintos, uno de ellos con pintas marrones como pecas a lo largo de toda su superficie.

– Debería ser una gallina -dijo Balder, antes de aplastarlos de un pisotón.

*

Cristian Carrasco

Cristian Carrasco

Colaborador

Escritor y estudiante de Letras. Nació en 1978 en Villa Regina, Río Negro. Vive en Neuquén Capital. Fue miembro del grupo poético Celebriedades y participó en el proyecto Almacén Literario (www.almacenliterario.com).
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