Por Cristian Fernando Carrasco.

Entrega #13

– ¿Huevos? ¿Por qué huevos?

– No sé. Somos tres dioses varones, a lo mejor se estaban poniendo chabacanas… como iban a morir y ya no tenían que guardar las apariencias…

– No, acá pasa otra cosa. Dijeron algo del amor. ¿Amor no había nacido de un huevo?

– En una versión tardía de la new age helenística, sí. Pero era una metáfora.

– Además, ¿el Amor no era ese bebito con alas, pañal, arco y flecha?

– Ajá.

– El amor es Cupido.

– Ahora vos te estás poniendo chabacano: “el amor escupido” parece la descripción de algún tipo de práctica sexual.

– Cupido… Cu-pi- do… pero es imposible que Cupido esté generando tanto lío.

– Nada es imposible, menos para nosotros. Por eso nos inventaron, ¿no?

– Eros. Para mí amor es Eros, el hermano gemelo de la muerte.

– O la petite mort, el nombre afrancesado del orgasmo.

– Ché, ¿todas las conversaciones desembocan en referencias sexuales?

– Únicamente las que se ponen interesantes.

– Mmmm… amor… Dios es amor, ¿no? A lo mejor tendríamos que volver al geriátrico a hablar con papá.

– ¿Querés ir a conocer a tus nuevos hermanitos?

– No te entiendo.

– Es que mi viejo me contó que el tuyo se la pasa dejando embarazadas a las enfermeras con el Espíritu Santo. Los viejos hábitos, ya sabés. El geriátrico está lleno de bebés que gatean sobre el agua de las bañaderas y convierten la leche en Quilmes bock en polvo.

*

Decidimos tomar un taxi hasta el geriátrico. Hacía demasiado calor para caminar, sobre todo para Balder, acostumbrado a las planicies nórdicas. Menos mal que no estaba ahí el Hijo de Papá Noel para ponderar hasta el cansancio su incomparable resistencia al frío.

El clima acá no es tan diferente al de Grecia. El ambiente es seco pero hay mesetas rocosas, arbustos, espinas, frutales, olivas. Sobre todo agua, aunque se trate de ríos en lugar del agua del mar. Yo debo estar en lugares así, es mi hábitat natural.

Los dioses fríos son distintos y tienen otra relación con sus fieles, más centrada en la protección frente a la naturaleza que en la revelación de las profundidades del alma y el conocimiento del universo. Lo único que importa es salvarlos de morir congelados, nada más.

Los dioses del día, de la luz y el calor, tenemos límites geográficos bien definidos. Yo no podría sobrevivir en el frío. Si bajara hacia Santa Cruz o Tierra del Fuego mi grado de poder iría descendiendo junto a la temperatura hasta llegar casi a un cero absoluto. Soy el clima mediterráneo, un mediodía pleno con sol en alto. Lo más lejos que estuve alguna vez del Ecuador fue en Woodstock.

Jesús dice que él no tiene esos problemas porque su ámbito de acción es universal, católico. Así es fácil: cualquiera sabe qué significa su apellido. No está mal, aunque prefiero los patronímicos.

Cuando, aburridos hasta el hartazgo, jugábamos a intercambiar terminaciones, solíamos quedarnos con Balder Odínida, Jesús Jehovanson y Dionisio Católico. Y la verdad es que la idea de un Dionisio Católico a mí me cierra.

*

El taxista parecía una persona agradable, rodeado por un aura de inteligencia y creatividad bastante marcada: brillaba en tonos de violeta encendido, con destellos rojos y naranja en su interior, volando como motas de polen. Si los seres humanos pudieran ver las auras de los demás podrían reconocerse, reunirse por afinidad, de una forma coherente y precisa. Ahora se ven obligados a confiar en palabras falseadas y actos interesados que muchas veces no los representan sino que forman parte de una elaborada estafa dirigida al resto de la humanidad.

Los dioses no tenemos aura: estamos hechos de aura. Somos auras modeladas en formas físicas que remedan un cuerpo humano.

*

– ¿Adónde? -inquirió el taxista con un laconismo envidiable.

– Al geriátrico de México al mil cuatrocientos.

– ¡Ah! Al geriátrico de los dioses… ¿a quién van a visitar?

– ¿Cómo sabe que en ese geriátrico hay dioses?

– Soy taxista: yo… lo sé… todo… -pronunció teatralmente, en una muy buena imitación de Bela Lugosi.

– ¿Y no te da miedo saber que hay dioses seniles viviendo a metros de tu casa?

– Esa fue siempre más o menos mi idea de dios: un viejo gigante con Alzheimer. Y se supone que dios está en todos lados, así que también está a metros, o a centímetros de distancia, todo el tiempo.

Jesús se alegró, porque la versión de dios del taxista coincidía punto por punto con la de su padre J’h’v’.

– ¿Vos sos un hombre de verdad, cien por ciento humano, o sos un héroe, un semidiós?

– Totalmente humano. Si fuera más humano de lo que soy se generaría una paradoja que destruiría el universo.

Había algo extraño en el hombre. No es que fuera inusitadamente sagaz o irónico: sabía demasiado. En una novela policial no hubiese pasado del capítulo dos.

*

– ¿En qué andan? Tienen una cara… como si se les hubiera muerto un familiar. ¿Van al geriátrico a reconocer un cadáver?

– No, nunca nos ha tocado reconocer el cadáver de un familiar. Los dioses no morimos demasiado.

– Y cuando morimos tendemos a desaparecer, así que no suelen haber muchos cadáveres.

– Pero por lo general nos destierran al Tártaro…

– …nos encarcelan en Hellheim…

– …hacen un Nuevo Testamento y nos cambian la personalidad hasta dejarnos irreconocibles…

– …nos tiran desde el cielo y nos dejan rengos…

– …pero no morimos mucho, no. A menos que llegué un Ragnarok o algo así.

– ¿Tampoco se lastiman?

– Sí. Ustedes nos lastiman.

– ¿Y cómo lastimás a un dios?

– Con tu vida. Una vida prolongada en el tiempo lastima a un ser de cinco dimensiones como un corte de papel al dedo de un humano. No lo mata, ni siquiera es una herida grave, pero molesta.

*

– ¿Y entonces, qué vienen a hacer?

– A visitar a unos familiares.

– A nuestros padres.

– No se ven con mucha actitud de visita amigable, díganme la verdad, ¿a qué van?

– ¿Qué te importa?

– La verdad, no me importa, pero si no charlo me aburro.

– Estamos investigando algo, que te alcance con eso.

– ¡Ah! O sea que es una de detectives.

– Es una de varios géneros. Los dioses antiguos somos multitareas.

– ¿Qué querés decir con eso? -saltó Jesús como un payasito de resorte a manivela.

– Que el monoteísmo es simple, es binario: bien y mal, como encendido y apagado. Es como un libro de “espiritualidad for dummies”, que acá se traduce “para principiantes” pero en realidad significa “para tontos”, “para imbéciles”. Es una religión tan simple que cabe cómodamente entre las tapas de un solo libro.

– No te calentés, es simplemente un hecho: mientras más viejos los dioses, mejores son, más completos, más complejos. Más creíbles.

– Y cuidan más a sus adeptos: nada de “sufrí ahora y después de que te mueras ya veremos”.

*

– Y… calculo que si están investigando es porque alguien hizo algo mal.

– No sabemos.

– Es probable.

– Seguramente, sí.

– ¿Y qué piensan hacer si lo agarran?

– Perdonarlo.

– Darle su justo castigo.

– Vengarnos. La venganza es el placer de los dioses, después de todo.

– No, eso no. La venganza es casi la única cosa genuinamente humana que existe. No nos quiten eso por favor.

*

Cristian Carrasco

Cristian Carrasco

Colaborador

Escritor y estudiante de Letras. Nació en 1978 en Villa Regina, Río Negro. Vive en Neuquén Capital. Fue miembro del grupo poético Celebriedades y participó en el proyecto Almacén Literario (www.almacenliterario.com).
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