Por Marina Cavalletti.

Por su tonada cordobesa podría pensarse que estaba destinado a cantar cuarteto, pero no. Ariel Ardit, que en marzo se presentará en Café Vinilo, hace 18 años que eligió al tango.

De 1999 a 2005 Ariel Ardit fue el cantor de la orquesta El Arranque; como solista celebró a Troilo, Manzi y Gardel, entre otros. Aunque pareciera que “El Zorzal” no es un nombre más: “Para mí, Gardel es Dios. La imagen más grande de fe que yo tengo en mi vida se llama Carlos Gardel. Es mucho más que una admiración común. Tampoco es un fanatismo, porque sería reducirlo. Para mi Dios no tiene ni barba ni bigotes: usa gomina y canta tango”, dice en el inicio de la conversación.

En seguida habla de Gardel sinfónico, que se editó el 24 de junio de 2016, fecha del fallecimiento del Morocho del Abasto: “Hacerle el homenaje a Gardel significó muchas cosas y no tiene que ver precisamente con lo musical, sino con ese sueño de poder homenajear a tu máximo referente, por el cual vos cantás . Si se quiere, he ido diseñando mi vida gracias al tango. Mi familia, mis logros: todo es gracias al tango, y yo soy muy agradecido. Desde que escuché a Gardel, dije ‘Bueno, por acá va. Éste es el camino a seguir’. Homenajearlo en el lugar donde murió trágicamente tiene un condimento emotivo mucho más fuerte. Y además hacerlo con una orquesta sinfónica, para sacar a relucir ese repertorio después de 80 años, que se popularizó después en el cine. En lo personal, es el sueño artístico más grande que he tenido”, explica.

Lamás Médula: Has homenajeado a Manzi, a Troilo, a los cantores ¿Cómo te convocan esos autores? ¿necesitas conectarte afectivamente con las letras?

Ariel Ardit: Yo he ido haciendo homenajes puntuales, eso tiene que ver con un direccionamiento artístico. Cada disco tiene una dirección para poder comunicarlo mejor, tiene un porqué. Y dentro de esos porqués entra el gusto personal. Jamás cantaría un tango solamente porque tiene que entrar en un homenaje. De Troilo había un montón para elegir, y seleccioné los que me parecía que quedaban mejor para mi voz, los tangos en los que sentía que les podía poner alguna cuota personal, que a mí me pasara algo con eso de Troilo. Tenés que tratar de sentirte identificado para poder transmitirlo. Lo mismo fue con Gardel, que me conmueve. Lo que pasa es que me he ido respetando como intérprete. Y hay tangos que esperé muchos años para cantarlos. Por ejemplo, en el disco de Troilo grabé Sur que antes jamás hubiese grabado, porque me parecía que la versión de Rivero era ésa y que yo no tenía nada para aportarle. Dentro del concepto del homenaje, trabajé muchos temas, algunos muy lindos pero con los que no me pasaba nada. Y el día que me puse la pilcha de Sur… porque te lo ponés en el cuerpo, te imaginás caminando por las calles de Pompeya, y esa chica. Te metés en ese paisaje que te propone el letrista, Homero Manzi, sentís realmente que a vos te pasa algo con esa historia. Y así me encontré cantando Sur, y seguramente siendo un poco más joven jamás hubiera cantado ese tango. Me tengo que involucrar directamente, no puedo pararme y sonreír, o tener la actitud que tengo cuando canto con algo que no me gusta. Hay tangos que sabés que los grabaron Gardel, Alberto Podestá, Enrique Campos, Floreal Ruíz, Fiorentino, los grandes cantores. Y vos sentís que hay algo que le podés aportar, y con otros no. En eso, no me traiciono nunca: los tangos que canto, en algún lugar, me suceden.

El momento del tango era una época en la que todo estaba sucediendo, no miraban para atrás porque ellos eran los creadores en tiempo real.

LM: ¿Y qué es lo que te indica que ya estás preparado para un tango, como sucedió con Sur?

AA: En mi caso es una cuestión de sensibilidad. De la misma manera en que vos no podés explicar por qué te enamorás de alguien. Y muchas veces es la persona equivocada, o no. El gusto, la sensibilidad… Se puede explicar desde distintos lugares, pero sucede o no. Hay una relación directamente afectiva.

LM: Has tocado con referentes del tango de antes, como Lavallén o Alberto Podestá y con los actuales, como Andrés Linetzky o Ramiro Gallo ¿cuál es la diferencia más notoria entre los sonidos de ayer y hoy?

AA: Claramente hay una diferencia notoria que tiene que ver con tiempo y espacio. Los muchachos de los años 40 (el nombre que vos quieras: Lavallén con Pugliese, Leopoldo Federico con Sosa, Horacio Salgán con su orquesta o con el quinteto) todos ellos estaban haciendo algo, estaban en la etapa de creación del tango. Estaban haciendo algo que, en la mayoría de los casos era toma 1. Era ése el momento del tango, entre fines del 30 a fines del 50, incluyendo a Sosa en los años 60, porque en el ’64 se murió. Era una época en la que todo estaba sucediendo, no miraban para atrás porque ellos eran los creadores en tiempo real. Creaban, actuaban y vivían ese Buenos Aires, esa vida. Entonces, al no mirar para atrás –y digo esto con mucho respeto- tenían como una inconciencia y varios de ellos los entrevistaban de manera informal les preguntaban qué pensaban ellos. Y algo que es un patrón común en todas las respuestas, al menos de los que yo he tenido la posibilidad de conversar, es que ellos pensaban que no se cortaba más. Y el tango, en un momento, se cortó. Ese Buenos Aires donde había cien orquestas, donde había boliches abiertos toda la noche, donde el músico de tango tenía los café a la mañana y a la tarde, grababan en la radio, tenían los bailes, los contratos discográficos. Y eso se cortó de un plumazo. Entonces muchos de ellos no tuvieron algo que sí tienen los músicos de la generación a la que pertenezco, que es la autogestión. Nosotros tuvimos que ir a la búsqueda de algo que ya no estaba, pero estaban los modelos, era recrear. En todo caso, se había desarmado y había que volver a armar. En cuanto a lo musical, la sonoridad ha cambiado porque ha cambiado la tecnología, el modo de vida. La gente habla distinto y escribe distinto. Eso, expresado en la música, hay una diferencia. Si vas a las películas argentinas de los años 50, vas a ver lo florido del lenguaje. Esa estética respondía a toda una sociedad. Entonces hay diferencias que tienen que ver con la época. No creo que el nivel musical de aquellos grandes maestros difiera en tanto de los muchachos jóvenes de hoy. Ellos tenían la libertad de crear y de ser quienes eran, no tenían que mirar para atrás. Por eso cada uno tenía su estilo. Ellos hacían y esta época tuvo que reconstruir para entender.

Lo que cortó la masividad del tango fue la globalización musical.

LM: Decías que la sociedad vivía en tiempo de tango y que eso, en un momento se cortó ¿cuál fue el motivo?

AA: El tango era la música popular. En ese entonces iba asociado lo popular a lo masivo. Porque había radio, no había televisión. Tenías tango en los entretiempos del fútbol, en el cine vivo, en las confiterías. No había Internet, Spotify o ITunes. Se escuchaba esa música, folklore, boleros y ópera. Por eso los primeros cantantes de los años 20 y 30, sobre todo las mujeres parecían sopranos, y los hombres tenores porque era lo que escuchaban. Lo que lo cortó fue la globalización musical. Hay un hecho puntual: la RCA Víctor cambia un directivo que hace un estudio de mercado en Buenos Aires. En ese momento, Luis Aguilé vendía más discos que Aníbal Troilo, entonces dijeron: ‘lo que se viene en el mundo es la música de la nueva ola’. Así este hombre rompe varios contratos con artistas de tango y surge lo que se llamó El Club del Clan. Eso fue digitado. Hay una quema en la RCA de matrices de discos de Julio De Caro, de Piazzolla, de Troilo y de muchos artistas. Había que limpiar toda una época porque lo que se venía era otra cosa. Y eso le pasó a muchas otras músicas. La invasión musical impuesta desde Norteamérica existió. El tango sigue siendo un género popular, lo que perdió fue la masividad. Hoy, en muchos aspectos es de élite. Sigue siendo el género de conexión hacia afuera. El tango ya tiene pasaporte de ciudadano del mundo hace muchos años. No sé si quisiera que vuelva a ser extremadamente masivo, porque la masividad a veces expresa situaciones musicales que no son las que nos gustarían más. Que el tango se siga defendiendo como está y que sigan surgiendo nuevos valores.

Los tangos que canto, en algún lugar, me suceden (…) Tenés que sentirte identificado para poder transmitirlo.

Marina Cavalletti

Marina Cavalletti

Colaboradora

Es Magíster en Escritura Creativa por la UNTREF, profesora de castellano, Literatura y Latín y Técnica profesional en música. Además, es corresponsal de El Tribuno de Salta desde 2005. Colabora con medios independientes como periodista y correctora. Dio clases en la UBA, “El Alicia” y el IUNA. Es profesora en la UNDAV. También es compositora y poeta. Ama la radio y el folklore. Desde junio coordina el ciclo “Brote poético”.

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