Por Enrique Pagella.

La cultura sabe qué clase de pena de muerte merecen las distintas expresiones artísticas. Las hogueras suelen ser de fuego, pero también las hay de silencio.

“Normalmente, empieza así: La muerte llega, entonces nos ponemos de luto. No sé exactamente porqué, pero hice lo contrario. Cuarto oscuro. Primero me puse de luto. Pero la muerte nunca llegó.”

JLG/JLG (Autorretrato de diciembre)(1995), filme de Jean Luc Godard

 

Ser un hombre micropolítico no es una elección. O si lo es, no supera la espectral constatación de un destino o la orgullosa resignación ante un destierro en un micro-territorio de resistencia. Ser un hombre micropolítico implica estar en fricción permanente con el sentido común, ese estanque de opiniones y de creencias consideradas prudentes, lógicas y/o válidas por una sociedad.

Las metáforas son, muchas veces, hermosas e iluminadoras. La literatura, el cine, el teatro, son factorías de metáforas indelebles, y a menudo dealers del vicio metafórico. Según Godard, el éxito cultural transforma las metáforas en reglas. Reglas que son, como casi toda regla, obvias, y la obviedad en el arte, tanto como los buenos modales, siempre constituyen un defecto, pues algo deviene arte solo si transgrede reglas o si las crea.

Todo artista que sea, a su vez, gestor micropolítico, está en guerra con la cultura.

Pero a su vez, el lugar común es vital para la comunicación entendida como propiciadora de conectores interpersonales en la vida cotidiana, independientemente de la información que se intercambie. La mayor parte de las personas no decodifican a los que se visten de luto primero. Si la info transmitida sirve se decodifica, si no sirve, si muestra una subjetividad en estado puro, no se decodifica.

Todo artista que sea, a su vez, gestor micropolítico, y que no supedite sus creaciones a la mera lucha por la subsistencia, está en guerra con la cultura. Jean Luc Godard, en su filme JLG/JLG (Autorretrato de diciembre) (1995), escribe: “La cultura es la regla, el arte es la excepción: forma parte de la regla el querer matar a la excepción”.

¿Qué quiere decir Godard cuando afirma que la regla pretende “matar” a la excepción? ¿Qué quiere decir cuando sostiene que la cultura quiere “matar” al arte?

Complicadísimo, diría Tokuro. El hombre micropolítico no confía en las metáforas ni en las generalizaciones, ni en ningún tipo de animismo conceptual. Y al mismo tiempo es un creador de premisas que, valiéndose de las metáforas, las generalizaciones y el animismo conceptual, iluminan enormes territorios políticos. Godard juega maravillosamente bien con ello. Un ejemplo de su estrategia micropolítica es la película Weekend (1967).

No reseñaré la película, te invito a verla: en este enlace.

La cultura es la regla, el arte es la excepción: forma parte de la regla el querer matar a la excepción. (Jean Luc Godard)

Mientras veías una película de casi una hora cuarenta, en tres minutos como mucho, me pregunté porqué estaba vestido de luto. Me pregunté también qué estaba tratando de decirte.

Contaré una historia.

El hombre micropolítico escribió un libro de relatos que durante el proceso de edición se transformó en una novela leve, porosa. Su libro no es una novela pero está seguro de que tampoco es un libro de relatos y cuentos. La estructuración de la historia trasgrede lo aconsejable. Ha estructurado para, primero, cautivar, y luego para romper el artificio y las identidades, tanto las del autor y el género como la del lector.

Pero una vez publicado su libro, descubre que no es el plano formal lo que genera conflicto sino las temáticas y los puntos de vista que despliega el texto. Sabe que su libro está muy bien escrito. Lo que no había previsto era que mucha gente se indignaría o molestaría con lo que concibió para indignar y molestar.

Las metáforas son, muchas veces, hermosas e iluminadoras. Según Godard, el éxito cultural transforma las metáforas en reglas.

Su libro vendió alrededor de ochenta ejemplares a personas que conoce, amigos, colegas, hasta familiares. De esos ochenta lectores apenas diez han entablado un diálogo auténtico con el libro y su autor, el resto ha optado por el silencio. Dentro de este silencio de velorio, el hombre micropolítico detecta al menos tres tipos de lectores. Los que no leyeron su libro – alrededor, supone, de cuarenta personas; y el resto, otras cuarenta subjetividades que se dividen en dos: aquellos que fascinados al principio se perdieron promediando la lectura, y los que, habiendo leído el libro, se han indignado con los temas y los puntos de vista. Supone veinte por bando.

Como efecto inmediato destaca la indiferencia de los que callan. Le sorprende que su escritura haya perturbado a esas conciencias. Si es así, ha logrado su objetivo, pero no puede dejar de considerar, también, que ha fracasado. Tanto si están molestos como si opinan que el libro es pésimo.

Con pesar reflexiona que el fracaso es inherente a su devenir hombre micropolítico. Habiendo tensado la crítica de la cultura puede decirse que no esperó el resultado que buscaba.

Tampoco quiere encontrar consuelo en el delirio, considerándose, por ejemplo, un antihéroe cultural. Pero sabe que ha transitado el camino de las excepciones y que la regla no tiene clemencia. La regla quiere matar a la excepción. El silencio es un mensaje sumamente claro.

Ahora entiendo porqué me he vestido de luto.

Enrique Pagella

Enrique Pagella

Colaborador

Enrique Pagella es actor, director y gestiona el Teatro Galpón de Diablomundo de Temperley. Escribió las obras Ruleta risa y Shkspr Fest, que también dirigió. Publicó las novelas por entregas Los Cucullú e Hijos de Maro. Este año Ed. Lamás Médula lanzó su novela San Sucio, perro conchudo. Es actor de Lab & Rinto y Volare, obras de las que también es co-autor y autor.

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