Por Nahuel Difalco.
Fotografías por Sabrina Castro.

El 3, 4 y 5 de febrero, Lamás Médula se hizo presente en la ciudad de Baradero para unirse a las multitudes en la tercera jornada del festival Rock en Baradero.

“El rock es real, y las cosas reales te llegan, te guste o no”, decía John Lennon. Y es por eso que uno puede creer y entender aquello que pocos entienden: cómo es que hay seres humanos que muchas veces, con solo su mochila, unas zapatillas cómodas, y la compañía de otros con quienes comparten la misma música que los conmueve, son capaces de viajar muchos kilómetros, teniendo como objetivo estar presente ante un hecho cultural que a medidados del siglo pasado (teniendo como referencia a Woodstock) comenzó a trascender todo tipo de fronteras, incluso físicas. Los festivales de rock son el lugar donde la música se materializa en una relación recíproca entre el músico y su público: capaz de atravesar el país para pararse frente al artista, muchas veces sin entender el por qué, qué lo moviliza al punto de empujarlo de asistir como si se tratase de una hermandad, un ritual o incluso un acto religioso, como sucede con Los redonditos de Ricota.

El Festival de Música Popular de Baradero es el más importante de la provincia de Buenos Aires, y está entre los más importantes del país junto a Cosquín. En la última década ha entendido al rock como música popular, y es por eso que, desde el 2003, el rock también crece en Baradero. Esta tarea empezó con Chacal producciones, de los hermanos Peuscovich (actualmente productores del Indio Solari); y fueseguido de varios eventos organizados desde la administración municipal. La empresa Gonna Go se encarga actualmente del festival Rock en Baradero, destacando su nivel de producción, a la altura de los grandes festivales del País.

Es por eso que hay que entender a los miles de jóvenes que en su peregrinaje llegaron para la 3° edición del Rock en Baradero.

Con un anfiteatro que recibía a los visitantes por la Av. San Martín, con un camino techado por arboles a lo largo de los 200 metros de recorrido que debía hacerse para ingresar al predio, la producción de Gonna Go supo aprovechar esos espacios para separar la zona de entrada popular y tribunas, con un sector apartado destinado a los puntos de Hidratación y sanidad, perfectamente distribuidos alrededor del lugar. Cabe destacar también la implementación del ecovaso, un método para reducir el impacto al medioambiente, a partir de la compra de vasos plásticos recargables.

Los festivales de rock son el lugar donde la música se materializa en una relación recíproca entre el músico y su público: son capaces de atravesar el país para pararse frente al artista como si se tratara de un ritual o acto religioso.

La tarea de abrir la primera jornada del festival fue de los Tributo (ganadores de la preselección para bandas locales); Parteplaneta, El buen salvaje y Mustafunk se hicieron presentes, seguidos de la fuerte presencia del punk de la mano de Buffer (oriundos también de la ciudad). El hardrock con aire clásico siguió con Coverhead, banda que ha evolucionado y ha dejado atrás su repertorio de covers para arriesgarse con un repertorio propio. La Gran Piñata fue la primera banda que hizo notar los kilómetros recorridos por los jóvenes del Gran Buenos Aires para escuchar una lírica que guarda algunos guiños sonoros a Las Pastillas del Abuelo. Así inauguró la primera cuota de rock barrial del Festival.

Al anochecer Eruca Sativa entró al escenario y demostró con su poderío por qué es una de las bandas con más crecimiento en la escena actual. Con un show totalmente explosivo y muy afianzado entre sus instrumentistas (sello de la banda), abrió su actividad de 2017, año en el que además comienzo con un disco nuevo. Lo mismo hizo Carajo, el power trío de metal, con un nivel capaz de competir con cualquier artista internacional, también pisan el nuevo año con material reciente. Con una puesta en escena de reflectores a contraluz, y de fuerte discurso social, Carajo fue la impronta más heavy de todo el festival. Le siguió Attaque 77, que apostó por un setlist lleno de temas clásicos: contando una trayectoria pronta a cumplir 30 años de existencia, cada vez dejan más en claro que están fuertemente establecidos como trío, y que poca falta hace la presencia de su ex líder.

 

Kapanga, que está presentando Motormúsica, su primer material independiente y sin pelos en la lengua, también hizo uso del micrófono para dar una fuerte crítica a la situación actual del país, pidiendo que los iluminadores “bajaran la intensidad de las luces”, en relación a los consejos de Aranguren, Ministro de Energía, sobre cómo sobrellevar el crecimiento inflacionario.

La 25 tuvo la tarea de cerrar la primera noche, acompañada de una inmensa bandera que cubría gran parte del público ubicado frente al escenario. Orgullosos de su “rock más cuadrado”, festejó con un público fiel sostenido por los sentimientos que acompañan a todo músico de rock de barrio.

La segunda noche fue toda una postal de lo que produce el rock en la multitud. Luego de una primera jornada veraniega, la lluvía, el frío y el viento se hicieron presentes en la ciudad, pero sin poder impedir que la gente se haga presente en el anfiteatro, colmado hasta su límite.

Difícil fue el desafío fue el comienzo, aunque exitoso, de Platillos voladores, Rivales, El plan de la mariposa (con fecha para el próximo Lollapalooza) y Cruzando el Charco, las primeras bandas de ese día que tuvieron que salir a hacerle frente a una jornada amenazada por las lluvías que trae el verano de febrero y que no dan respiro. Fue muy destacada la actuación de Marilina Bertoldi, (ex Marilina Conorquesta) presentando su disco Sexo con modelos, que poco a poco va estableciéndose como artista, quitándose de encima la etiqueta de referencia de ser la hermana de Lula Bertoldi (de Eruca Sativa).

La Perra que los Parió y Caligaris, pusieron todas sus energías en escena para convertir el anfiteatro en una gran fiesta bajo del agua, y entre el barro. Así corrieron el telón para la entrada de los números principales de la noche, comenzando con Salta la Banca, quienes recordaron a Luciano Arruga, el joven desaparecido desde 2009 hasta el 2014, tras ser secuestrado por la policía bonaerense en Lomas del Mirador.

Con un show sencillo en su puesta en escena, Estelares, la banda de Manuel Moretti, se presentó con sus canciones más renombradas pero con tiempo también para inaugurar parte de su último material discográfico.

 

“Ah, son un montón” decía Pablo Pino al pisar el escenario y ver la multitud que aún seguía firme bajo la lluvia. Cielo Razzo, quienes pisaron el escenario de Baradero en varias ediciones, recodaron a Alejandro “Bocha” Sokol en la antesala de que lo que sería el show de Las pelotas, principal número de la noche junto a NTVG.

“Ustedes saben que hay un nuevo pato en el mundo que se llama Donald Trump” arrancó la dedicatoria de parte de German Daffunchio (Las Pelotas) al nuevo presidente de los Estados Unidos antes de tocar la emblemática Capitán América, con la que dio inicio al show. Además de recordar al antiguo vocalista de la banda, tuvo como broche de oro a Gabriel Dahbar (Cayacanaya) para unas versiones muy aplaudidas de Como un buey y Día feliz.

NTVG recordó el día que llegaron por primera vez al Festival de Baradero (en su 2° edición, el año 2004) y mostraron su agradecimiento por volver hoy, estando en su consagración, lo cual fue demostrado por un anfiteatro lleno que esperó a la banda uruguaya hasta las 2 de la mañana. Con un show de casi dos horas cerraron la segunda noche de festival.

“Ustedes saben que hay un nuevo pato en el mundo que se llama Donald Trump” dedicó German Daffunchio (Las Pelotas) al nuevo presidente de los Estados Unidos antes de tocar la emblemática Capitán América.

La última jornada destacó sobre las otras por ser casi en su totalidad teñida de tinte rocanrolero. La apertura hecha con Lapsus (ganadores también de la preselección local), Amantea, el rock de Sexto Sentido y de Los Pérez García, prepararon el escenario para Toti Iglesias, quien junto a Jóvenes Pordioseros, volvía al escenario de Baradero. Sueños de pescado, banda platense, fue una de las más destacadas: con su corta trayectoria pisó fuerte en lo que dejó el día tres del festival.

El Bordo fue el primer plato fuerte en la tarde-noche: además del clásico recorrido por su discografía, presentaron parte de Corazones olvidados, último material discográfico, pronto a editarse. Nonpalidece, que se autodefinió como “el hielo del Fernet” entre tanto rocanrol en la noche, dio una soberbia apertura a su show, versionando, casi sólo instrumentalmente, Sledgehammer de Peter Gabriel. Entre tanto rock, se agradeció la presencia de la banda de Tigre para hacer la diferencia. “Este es el reggae del barrio que hace bien y es necesario”, decía muy acertadamente Néstor Ramljak.

Guasones brindó un show como el que uno espera por parte de ellos: con un repertorio bien elegido en pos de su fuerza como banda rocanrolera. La presencia de Facundo Soto siempre destacable como figura central, también fue acompañada de Beto Olguín, de Los Pérez García, como invitado.

 

Los Gardelitos fueron el broche de oro de la noche, con una apertura dedicada a los trabajadores de AGR Clarín, quienes luchan en reclamo por los despidos de la empresa. “Es un honor para nosotros cerrar el Baradero. Gracias por estar acá y por hacer esto posible”, decía Eli Suarez, hijo del mítico Eduardo ‘Korneta’ Suárez”, quien hoy se encarga del legado de su padre y de construir el suyo propio, como demostró anunciando las próximas fechas en el Teatro Flores por motivos de la reedición de su discografía. Con todo su rock sudaka, y alejándose del rocanrol stone –habitual en bandas con quienes compartieron escenario ese mismo día-, Gardeles dio cátedra con una puesta en escena que no solo involucraba a sus músicos, vestidos de tangueros, como es costumbre, sino por un decorado que incluía figuras inflables en actitud de guardianes de la banda, sobre los laterales del escenario. El riff de Mezclas raras fue el elegido para culminar la última noche del festival.

A paso lento pero seguro, la gente fue dirigiéndose a las puertas del anfiteatro para tomar el camino de salida hacia sus hogares. Sin importar el calor del viaje, la tormenta pasada, o el frío de la medianoche de domingo, todos se despidieron de un festival que, con su merecido descanso, los volverá a convocar el próximo año.

Nahuel Difalco

Nahuel Difalco

Colaborador

(Baradero, 1987) Nahuel Difalco es periodista y profesor de literatura.Trabajó en radio, magazines y como profesor. Actualmente reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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