Por Marina Cavalletti.

A poco del estreno de la película El faro de las orcas, entrevistamos a su productor, Luis Puenzo sobre el film, la historia oficial y su vida con el cine.

“Yo empecé escribiendo poesía. Estaba en un arco que iba de Lorca a Whitman, Vallejo, León Felipe. Mi primera película fue un guión que escribí sobre un cuento de Mario Benedetti” dice Luis Puenzo, mientras dibuja en una servilleta y a mano alzada la Península de Valdés. Su fauna misteriosa y un niño autista se conjugan en El faro de las orcas, que se estrena este jueves 13 de abril en todo el país. Dirigida por Gerardo Olivares y protagonizada por Joaquín Furriel y Maribel Verdú, el film combina escenas de documentales con animatronics. El realizador argentino es uno de sus productores y habló con Lamás Médula sobre esta película, la historia oficial y su vida con el cine.

Lamás Médula: ¿Cómo llegaste a producir esta historia basada en un hecho real? 

Luis Puenzo: Esta película es heredera de La puta y la ballena, que produje y dirigí. Unos días antes de filmar había venido nuestro coproductor español , José María Morales. Estábamos en Pirámides y salimos a dar una vuelta al perímetro de la península, que mide 250 kilómetros. A la tarde caímos en Punta Norte. Bajamos para ver alguna orca. Y en medio de la charla apareció Roberto Bubas, el guardafauna que dio origen a la trama.  Nos invitó a su casita a tomar mate y nos contó lo que a él le ocurrió con una mamá de Buenos Aires que tenía un hijo autista que tuvo una actividad (que no tenía normalmente) cuando vio fotos de Bubas con las orcas, en la nota de una revista. Ella lo llamó. Parece ser que cuando el nenito estuvo acá tenía una actividad muy fuerte.  Y hay otro costado, casi esotérico: las orcas también tenían otra actividad cuando veían al nene. Eso es creer o reventar. Pero pasaba. Él dibujaba pescaditos con las piedras. Ese nene hoy en día tiene veintipico de años y su historia es verdadera.

LM: ¿Pensaron que puede ayudar a familiares de personas con autismo?

LP: El sábado 8 se exhibió la película en el Instituto Fleni. La jefa de servicio de psiquiatría infantil dio una charla. Antes, le mostramos la película a ella y a su equipo. Juzgaron que el tema del autismo estaba respetuosamente bien tratado.  El cine y las historias han funcionado como disparadores. Pasó con XXY, de Lucía {Puenzo}, que fue fuertísimo. Me pasó a mí con La historia oficial. Hay muchas películas donde te metés con un tema que después genera controversias, discusiones y opiniones a favor y en contra. Pero que, en todo caso, pone un tema sobre la mesa.  Eso es muy probable que pase con El faro de las orcas, porque habla de un tema que es digno de ser tratado.

LM: Sobre todo, el tema de cómo se trata la diferencia a nivel social…

LP: Claro, en este caso la madre acompaña al pibe sin saber muy bien por qué. Hablando con los médicos me confirmaron que los chicos autistas de pronto tienen un interés en algo. En este caso son las orcas , pero puede ser otra cosa. Y que es muy difícil para los padres entender el motivo del interés. La única manera es acompañarlos.

Hay muchas películas donde te metés con un tema que después genera controversias, discusiones y opiniones a favor y en contra. Pero que pone un tema sobre la mesa que es digno de ser tratado.

LM: Te has tomado mucho tiempo entre película y película para dirigir, pero te mantenés activo…

LP: Me pasó toda la vida, y el tiempo tiene que ver con cómo soy yo que empecé a hacer cine a los 16 años. Filmé toda mi vida. Me tocó jugar en toda la cancha. He sido director, guionista,  productor, montador. Me gustan todos los roles. Me entusiasmo con todos y tengo el sí fácil. Cómo empecé de muy chiquito, tengo la sensación de que nunca trabajé. Empecé a hacer algo que me gustaba mucho y lo sigo haciendo. Me divierte mucho y me divierten los diferentes lugares de la cancha.  En publicidad filmaba de 3 a 4 días por semana. Y cuando empecé a filmar, hice solo lo que realmente me gustaba mucho. Nunca filmé cosas comerciales. Podría hacer Los colimbas se divierten y hacer cosas para ganar plata, pero no me interesa. Nunca sentí la necesidad de hacerlo. Y les pasa a mis hijos también. Trabajamos todos juntos en la productora “Historias”. Por ahí nos va más o menos bien con alguna película. Nos fue muy bien con Wakolda pero no metió ocho millones de espectadores. Hay que tener un talento especial para eso que no tenemos. No es fácil hacer un éxito. Son diferentes talentos y nosotros hacemos esto.  Esta película es un quilombo: se filmó tres años, con autores y animatronics. Tenés que ser bastante loco u obsesivo para llegar al final.

Cuando empecé a filmar, hice solo lo que realmente me gustaba mucho. Nunca filmé cosas comerciales.

LM: ¿Qué es lo que te motiva hacer cine?

LP: Una respuesta relativamente cierta es que no sé hacer otra cosa.  Para que elija una historia me tienen que dar muchas ganas de descifrar​ algo, un cierto enigma que aparece. Uno empieza a convivir con eso y quiere seguir tirando del piolín a ver qué sale de ahí. Así nació La puta y la ballena, porque me enteré que una ballena había parado en el mismo lugar con una diferencia de 70 años y para tratar de desentrañarlo salió la película. Porque hay una cierta cosa en los guiones que no es inventar sino descubrir. Eso me lleva a hacer cine. Esculpir una estatua de sacar lo que sobra. El David cantaba en el bloque de mármol, vos no inventaste nada. El director de cine también hace eso: va sacando lo que sobra,  lo que molesta, lo que es banal. Y adentro está la historia.

LM: Hablar de lo que molesta remite a La historia oficial, que fue difícil de filmar en el año ’85. Las Abuelas la tomaron pero también recibió críticas…

LP: Si sos absolutamente honesto con tus ideas y con lo que crees que tenes que hacer no hay con qué darte. Si vos no negocias ni con vos mismo, no especulas. En toda obra artística se superponen diferentes tipos de coraje. El coraje artístico para emprender cierta cosa, el coraje para enfrentar una situación económica que a veces puede terminar mal. El coraje político, si estás en una circunstancia que puede ser peligrosa en algún sentido. Siempre tenés que dar el salto al vacío, en todo. Y eso implica niveles de riesgo. Hay riesgo en montar una cierta obra teatro, en pintar un cuadro. Es parte de lo que te motoriza. Esa adrenalina es lo que te manda para adelante, para vivir afrontando cosas. Inclusive cuando te equivocás o cuando otros piensan que es así aunque vos no lo creas.

Para que elija una historia me tienen que dar muchas ganas de descifrar​ algo, un cierto enigma que aparece y que quiero seguir tirando del piolín a ver qué sale.

LM: ¿Eso pasó con La historia oficial?

LP: La historia oficial plantea con mucha claridad, en aquel momento, la  apropiación de menores y la complicidad civil. La complicidad civil durante años estuvo fuera del tablero. Se habló en los últimos tiempos. Eso en la película estaba claro. No escribimos que Roberto, el personaje de {Héctor} Alterio trabajaba en una compañía que tenía militares en el directorio. Nosotros mirábamos y escribíamos. El que no lo veía es porque no quería verlo. Creo que el hecho de mirar con franqueza, con claridad y  sin filtros, te permite encarar una cantidad de cosas.  En un primer momento, La historia oficial fue muy atacada por derecha y por izquierda. Tuvo muchas objeciones de algunas organizaciones de Derechos Humanos. No de las Abuelas, que la quisieron desde el primer momento, pero hubo otros que no la querían ver. Amigos míos peronistas me han pedido disculpas por putear contra mí y la película. Yo hice lo que tenía que hacer.

El director de cine, como el escultor, va sacando lo que sobra,  lo que molesta, lo que es banal. Y adentro está la historia.

LM: ¿Has discutido esta película con Favio o con Birri, por ejemplo?

LP: Con Favio me quise mucho, él me quiso mucho y yo lo quise mucho. Tuvimos una relación muy cercana, de respeto y cariño. Yo era un pibe cuando fui a Ezeiza, cuando llegó Perón. Y el que hablaba arriba del escenario era Favio, que era el locutor junto con el Negro Suárez. Yo fui muy amigo de los dos.  A esta altura del partido La historia oficial no necesita que yo lo defienda pero algún momento tuve que hacerlo.

LM: ¿Sobre qué escribís ahora?

LP: Estoy con dos historias. Una, que probablemente mezcle dibujos animados y vive, sobre una historieta de Altuna y Trillo que se llama El último recreo. Y una ficción sobre el bombardeo del ’55.

LM: Vuelve el cine político de Puenzo…

LP: Nunca se fue.

Marina Cavalletti

Marina Cavalletti

Colaboradora

Es Magíster en Escritura Creativa por la UNTREF, profesora de castellano, Literatura y Latín y Técnica profesional en música. Además, es corresponsal de El Tribuno de Salta desde 2005. Colabora con medios independientes como periodista y correctora. Dio clases en la UBA, “El Alicia” y el IUNA. Es profesora en la UNDAV. También es compositora y poeta. Ama la radio y el folklore. Desde junio coordina el ciclo “Brote poético”.

Share This