Por Daniela Morán.

Rescatando obras, haciendo crecer un proyecto editorial, coordinando talleres y concursos de literatura, la escritora Adriana Romano nos cuenta cómo conviven sus proyectos. Publicar su primera novela Cuando deje de llover después de dieciocho años de estar adentro de un cajón. Su experiencia como narradora y coordinadora de talleres y concursos. Sus viajes por el mundo que conectan y aterrizan para lanzar un proyecto editorial independiente, Modesto Rimba, que tendrá su lugar en la 43º Feria del Libro de Buenos Aires.

Emprendedora es la palabra que define a una mujer como Adriana Romano. A eso se le suma su vocación: escribir, y lo hace maravillosamente desde hace muchos años. Por eso, silbando bajito pero muy potente, sus libros de cuentos fueron premiados y tienen su lugar asegurado en las librerías nacionales y europeas. Lleva adelante diferentes talleres y dirige desde el 2006 el proyecto “Yo Te Cuento Buenos Aires” de la Legislatura Porteña, que no deja de crecer. Hoy publica su primera novela Cuando deje de llover, en la Editorial Modesto Rimba que será presentada en la 43ª Feria del Libro de Buenos Aires.

Lamás Médula: ¿Cuál es la historia de Cuando deje de llover?

Adriana Romano: Fue finalista del Primer Clarín Novela del año 98, con otro título. Estuvo entre las 10 mejores sobre 900. Yo escribo básicamente cuento, me encanta ese género, así que ésta era mi primera novela y haber llegado hasta ahí ya me conformaba. Además el jurado era increíble: {Adolfo} Bioy Casares, {Augusto} Roa Bastos y {Guillermo} Cabrera Infante. Intenté publicarla pero no lo conseguí y después del 2001 fue imposible. Entonces la abandoné y me dediqué al cuento. Pero la novela siguió su curso; yo le había regalado una copia a una persona de la familia para que la leyera y después de hacerlo ella se la dio a alguien. Un día me llegó una carta de Bahía Blanca, de una amiga de un amigo de otro amigo que la había leído en una copia casi deshecha. Había quedado encantada con la historia, me pedía otras novelas. El año pasado la Editorial Modesto Rimba me pidió una novela para publicar y la saqué del cajón, la pelé hasta el hueso y la reescribí. Había llegado su hora.

LM: ¿De qué trata la historia?

AR: Es una novela post dictadura. Una mujer que se exilia durante ocho años, no por cuestiones políticas sino por su relación compleja con el padre que la odia, regresa al país en el momento en que Argentina retoma el rumbo democrático. La historia comienza ahí, en el 84, en plena inundación del Salado. Cuando el río está a punto de romper las defensas e inundar todo. En ese contexto, en pleno campo, lejos de Buenos Aires donde la situación política es frágil aún, ella tiene que saldar una deuda con su pasado. Ese momento, es en un punto una metáfora del país que recomienza.

Ante la expulsión te vas, no te quedas a que te llegue la bala o el hambre. Para nosotros es fácil entender que se puede migrar porque está en nuestro ADN.

LM: Son poco nombrados esos personajes que también estaban dando vuelta en esa época. Te escuchaba y me preguntaba: ¿Quizás varios aprovecharon ese exilio por otras razones?

AR: Sí, quizás buscaban exiliar de sí mismos o de la familia. Eso siempre pasa en cualquier país ante una situación de crisis política o económica. Gente que se va con lo puesto porque corre peligro su vida y gente que opta por marcharse para buscar nuevos rumbos. Vivimos en un tiempo migrante. Yo conocí a una mujer que se escapó en el ’76 a Brasil con su hijita, no por cuestiones ideológicas sino para escapar de su marido y sobrevivió ayudada por un grupo de argentinos exiliados que se habían ido perseguidos. En mi novela, Mariana, el personaje principal, se ve obligada a huir para salvarse de los amigos del padre que la acosan; el padre es un civil autoritario que colabora y apoya a los militares que dieron el golpe de estado del ’76. Ella no milita, pero su padre le pide que colabore con la denuncia de los docentes de su facultad y ella se niega. Ahí comienza una persecución que hace termine exiliándose.

LM: ¿Crees qué el exilio es parte de nuestra cultura?

AR: Nuestro país es expulsivo, ciertamente, y lo ha sido en muchos períodos de su historia. Ante la expulsión te vas, no te quedas a que te llegue la bala o el hambre. Para nosotros es fácil entender que se puede migrar porque está en nuestro ADN, venimos de una inmigración masiva. En mi caso me fui a estudiar hacia finales de la dictadura por decisión propia.

LM: ¿Cómo te reencontraste con esta historia después de diez años?

AR: Fue retomarla y volverla a escribir. Curioso encontrarse con una escritura que fue nuestra y ya no es. Agradecí entonces no haberla publicado, porque la historia estaba buena, la tensión narrativa también, pero yo ya no veía igual la experiencia narrada. He ganado en técnica narrativa, obviamente, por los años de trabajo, pero básicamente no me resonaba esa versión. Fue rehacerla y volverla a armar, todo un trabajo del verano.

La historia comienza ahí, en el 84, en plena inundación del Salado. Cuando el río está a punto de romper las defensas e inundar todo.

LM: ¿Y qué hiciste en estos años?

AR: Me dediqué a dar talleres acá, en España y en París. Y al cuento. Me gusta su diseño apretado, esa insularidad. En este último tiempo descubrí la poesía. Publiqué acá y en España. Gané el premio Cortázar de narrativa y el Victoria Ocampo con este género que me dio muchísimo. Ahora tengo un libro nuevo de cuentos que quiero publicar el año que viene, se llama Los malos adioses. Habla sobre la mala forma que tenemos de despedirnos de los que amamos, los que no amamos y los que se nos van.

Adriana tiene espíritu de escritora. Se lo ves y eso no se puede explicar con palabras, tampoco se compra. No tiene que ver con el dinero ni con el éxito. Agradable, interesante, profunda, se compromete con su profesión, emprende. Crea historias, y materializa otras en forma de talleres, colectivos literarios o proyectos de rescate de obra como el que lleva adelante en la editorial Modesto Rimba.

LM: ¿Qué tipo de escritora sos?

AR: Soy paciente, una escritora muy lenta, de producción constante y tranquila. He aprendido a diferenciar entre crear y manifestar. Estar disponible para esa voz que quiere salir a contar algo. No creamos nada, no somos dueños, manifestamos, nada más. Yo tengo una habilidad: escribir y, cuando esa escritura golpea mi puerta, me pongo a disposición entre otras cosas porque me gusta. Por eso a veces me da mucha risa la pose egoica de algunos artistas. Para mí pasa por otro lado, algo se quiere decir, necesita ser dicho. Y ahí vamos. Un escritor no es más que un buen megáfono. Lo que los hace mejores o peores es la modulación, la técnica y el alcance o la hondura de su voz.

LM: ¿Qué significa poder escribir para vos?

AR: Escribir es abrir un punto de existencia. Es casi como parir una vida, crear una realidad. Cuando uno escribe un cuento o una novela uno pone una lupa en un punto de existencia y lo abre cuadro a cuadro. Abre una realidad virtual, ficcional pero igualmente verdadera. Cuando un lector está tomado por el libro, por los conflictos que debe resolver el personaje de la novela que dejó la noche anterior antes de dormirse sobre la mesa de luz, quién le dice que eso no es verdad.

Modesto Rimba tiene esa modestia, justamente, de convocar todas las voces porque todas arman un buen coro polifónico.

LM: Después de tanto recorrido. ¿Qué te llevó a participar de una editorial, lanzar un proyecto como Modesto Rimba?

AR: La Editorial Modesto Rimba es fascinante porque todas las voces pueden estar allí. Modesto tiene esa modestia, justamente, de convocar todas las voces porque todas arman un buen coro polifónico. Mujeres y hombres de veinte a ochenta años, consagrados de las letras y nuevos escritores, conviven. Vivimos un tiempo veloz cuyo nuevo paradigma tiene que ver con la convivencia de diferentes velocidades, de diseños interconectados y Modesto, que ha entendido esto, se plantea como un espacio en donde las voces de los más jóvenes y las de los que ya hemos recorrido un camino largo se encuentran en una editorial. Su objetivo es ser un vehículo para el encuentro de lectores y escritores. Es muy estética, muy cuidadosa de las ediciones. Somos cuatro escritores emprendedores los que la impulsamos, acompañados por un director de lujo, Mauro Lo Coco, y un enorme equipo que confía y proyecta con nosotros. Es una hermosa experiencia.

Dani Morán

Dani Morán

Colaboradora

Comunicadora, productora radial, periodista y soñadora. Estudió Comunicación Social en la UBA, se desarrollo en proyectos comunitarios como la radio Cooperativa FM En Tránsito, donde se desarrolló en gestión de la comunicación. Trabaja en la radio de la Universidad Nacional de Gral. Sarmiento. Amante de las letras y la cultura.

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