Por Roberto Liñares.

(Una Histeria. Una Historia) No quedan dudas que a veces las ansias del logos, el conocimiento, las ciencias e ainda mais, en su delirio de saberlo todo y sobre todo cuando refresca, en el abarcamiento se ha embarcado en cada bardo. Por ejemplo, en el universo de todo tipo de catálogos.

Real Academia Española. Catálogo, del latín catalogus y éste del griego κατάλογος katálogos, lista, registro. Relación ordenada en la que se incluyen o describen de forma individual libros, documentos, personas, objetos, etc., que están relacionados entre sí. Agréguese el torrente del sentido figurado.

A través de la humanidad y tras cada voz, el hombre le ha puesto el hombro al hambre de describirlo todo. Llenaríamos la llanura con tanta tinta. No pretendo yo abarcarlo y describirlo todo. No voy a caer fácilmente en la contradicción. Pero algo diré o se me escapará sobre esto.

Para empezar y como di a entender, no seré terminante. En la caudalosa vida del planeta y sus habitantes sapientes, a lo ancho y a lo largo, listas, registros, es decir catálogos, se han desarrollado en herbarios apergaminados. Yo solo, como niño que mete mano en un bolso con bolitas (y bolazos), extraeré algunas de ellas, para tratar de divertirnos un rato, objetivo sublime de la especulación humana.

A ver qué encontré… siete. Siete bolitas. Las cuento y les cuento.

Una. Dante. La Divina Comedia.

En cada uno de los círculos del itinerario Infierno – Purgatorio – Cielo, que describe Alighieri, hay un catálogo detallado de las pasiones y conductas humanas. Demasiado conocido. Otro día lo desarrollo. Me quedo con el final del Canto Vigésimo Primero del Infierno: “…Ellos por la izquierda orilla vuelta dieron; / pero antes cada uno se apretó la lengua, / con los dientes, hacia el jefe, haciendo señas; / y este había hecho de su culo una trompeta.”.

Dos. Rabelais. Gargantúa y Pantagruel.

Capítulo XIII, “De cómo Grandgousier conoció el prodigioso ingenio de Gargantúa por haber inventado éste un limpiaculos”, donde Gargantúa le explica (y en su opinión, cataloga), a su padre Grandgousier distintas maneras que ha utilizado para asear las asentaderas (por ejemplo: “…Me limpié una vez con un paño de terciopelo de una doncella noble con el que se tapaba la nariz y la parte inferior de la cara y me agradó, porque la suavidad de la seda me daba mucho gusto en el ano. Otra vez lo hice con una caperuza y me sucedió lo mismo. Otra, con una pechera. Otra, con unas orejeras de raso carmesí; pero la dureza de un montón de pelotillas de mierda que allí había me desolló todo el trasero. ¡Que el fuego de San Antonio queme la morcilla cular del orfebre que las hizo y de la doncella que las llevaba! Se me pasó ese mal limpiándome con un gorro de paje adornado con plumas a la manera suiza…”) hasta llegar a la que, a juicio de él, fue la mejor: “…Pero, en conclusión digo y mantengo que, para limpiarse el trasero, nada hay como un ansarón con plumón suave, con tal de que uno lo tenga con la cabeza entre las piernas. Y creedme por mi honor, pues se siente en el ano un deleite mirífico, tanto por la suavidad de ese plumón como por el calor templado del ansarón, el cual se comunica fácilmente a la morcilla cular y otros intestinos hasta llegar a las regiones del corazón y del cerebro. Y no creáis que la bienaventuranza de los héroes y semidioses que viven en los Campos Elíseos esté en su asfódelo, en la ambrosía o néctar, como dicen las viejas de por aquí. Paréceme a mí que está en que se limpian el trasero con un ansarón…”. Como veréis, perdón, como verán, los registros varían en todo tono. Entre paréntesis, es decir ( ) y como dicen los españoles, esto va de culo. Sigo.

Tres. Nicolás Fernández de Moratín. El arte de las putas.

En dicha obra, el autor hace un listado de las meretrices del Madrid de su época, con proemios donde, haciendo equilibrio entre la justificación moral y el jugueteo libertino, se entretiene en el ambivalente mundo de la mujer – objeto en una ciudad donde:

“…rondan los putañeros más noveles
las putas mal pagadas de soldados,
pues en Madrid hay más de cien burdeles
por no haber uno sólo permitido
como en otras ciudades que no pierden…”

Y no sólo catálogo de burdeles sino de trabajadoras sexuales de toda clase, como:

“…En el hoyo vi yo a la Perpiñana,
A vista del camino de Hortaleza
Plantar nabos con tanta ligereza
Que una tarde arrancó y plantó hasta ciento.
No dejarán tu miembro descontento…”

Guía prostibularia para aquellos principiantes, dada por los experimentados niños de doble moral. Acabemos con esto.

Cuatro. Carlos Fourier. Jerarquía de Cornudos.

Caramba Carlitos. Este socialista utópico, además de mantener vivo el pensamiento utopista de Tomas Moro, Tomás Campanella, Samuel Butler, etc., y haber escrito el famoso “Falansterio” donde organizó y trató de llevar a cabo una sociedad bien estructurada en su organización positivista, “geométrica” y por sectores y encendiendo la ira del otro Carlitos, Marx; el científico tuvo tiempo para también muy organizadamente, hacer un catálogo exasperante por lo minucioso, de la variada gama de cornudos (engañados por sus esposas, por si alguno se hace el que no entiende).

Llega a clasificar 80 variantes de cornamentados. Cito tan sólo uno: “…7. El Cornudo puro y simple: Es un celoso honorable que ignora su desgracia y que no da lugar a la burla por jactancia o por tomar medidas torpes contra su esposa y los que la persiguen. Es el más loable de todas las especies de cornudos…”. No traspasa algunos tics del machismo clásico, pero eso es harina de otro costal. Es igual un curioso catálogo.

Cinco. Giovanni Papini. Juicio Universal.

Por fin nos elevamos un poquito. Fruto póstumo de 40 años de idas y venidas, y con su obsesivo deseo de totalización y universalidad, con intentos anteriores de escribir una enciclopedia de la vida humana, un Informe sobre los Hombres, el que alguna vez quiso titular simplemente “Adán” (vaya síntesis); en 1940 escribe el Juicio Universal, donde desfilan en farragosa pasarela, virtudes y virtuosos, pecados y pecadores, de distintas condiciones y jerarquías, formando singulares coros que se presentan al Ángel para asumir su inútil defensa en algunos casos, de los cuales por brevedad sólo voy a rescatar el único caso de un argentino, Juan Manuel de Rosas, al cual el autor ubica dentro del Coro de los Monarcas. reinantes, políticos, dictadores, y por supuesto en el ítem de los Dictadores, en forma solitaria, por lo que debemos concluir que es el único argentino digno del Juicio Universal y que es el único Dictador (polémicas aparte) en la historia de la humanidad, lo cual, se me ocurre que es un poquitín exageradito. Bueno, listo, mueran los salvajes unitarios. Continuamos.

 

Seis. Ramón Gómez de la Serna. Senos.

Diría el escritor español de los cuatro senos. Cuatro libros escribió sobre el tema de los senos femeninos. Los describió con encarnizamiento y agudeza, al par de una imaginería poética de alta intensidad. En estas obras se encuentran descriptos y descubiertos como en torrente, un catálogo compuesto por muchísimos senos, que se nos iría el tiempo en consignarlos todos. Un ejemplo –en este caso mejor dos- : “…Los senos en el agua son como blancos nenúfares… Se les adhieren muchas redondas y brillantes burbujas de agua, y a su alrededor, en círculos que comienzan en ellos, se inquieta todo el agua, hasta la orilla, próxima o lejana… Los senos en el agua se hacen mayores, se esponjan, se ablandan…” y “…La mujer lisa, se desespera buscando ella misma en la tabla de su pecho los senos que no tiene… Sólo si es muy lista, o muy coqueta, o muy espiritual, tendrá senos y, además, cosenos; senos y cosenos vagos, como los de las especulaciones, aunque muy incitantes también…”. Aclaro que aquí no existen juicios de valor de mi parte. Es lo que saqué de la bolsa.

Y va la última.

Siete. León Bloy. Exégesis de lugares comunes.

Este libro es un furibundo registro de “frases hechas”, seguidas de una glosa agresiva y condenatoria después de cada una de ellas. Bloy, iracundo escritor católico y caótico apostólico romano, dirige sus dardos al que considera el autor intelectual de todas ellas: el “burgués”. De él dice, desde el prólogo: “…El verdadero burgués, vale decir –en un sentido moderno y tan general como es posible- el hombre que no hace ningún uso de la facultad de pensar y que vive o parece vivir sin sentirse un solo día solicitado por la necesidad de comprender cosa alguna, el auténtico e indiscutible burgués, está necesariamente circunscrito, en su lenguaje, a un limitadísimo número de fórmulas. El repertorio de las locuciones patrimoniales que le bastan es tan extremadamente exiguo, que no va más allá de algunas centenas”.

Aquí va un fragmento de su catálogo: “14. No es posible tenerlo todo: Por supuesto, sobre todo cuando uno tiene la ley para sí (…) Pedir el resto por añadidura, sería adueñarse del mundo. Y el burgués es como Dios, no pide tanto. Despreciador del infinito y de lo absoluto, sabe limitarse. ¿Quién mejor que él para eso? Su única preocupación, su empeño constante desde la infancia ¿no es, por ventura, poner límite a todo?…”

Vuelvo a poner las bolitas – catálogos en la bolsa. Pero quiero hacer un aporte, un solo aporte, para no ser demasiado embolante. Voy a aportar un breve catálogo de las posturas de Borges a través de los años. Ahí va la bola.

Borges Bolche. Escribe en 1920 un poema titulado Rusia que para evitar dudas y explicaciones, transcribo en su totalidad:

La trinchera avanzada es en la estepa un barco al abordaje
con gallardetes de hurras
mediodías estallan en los ojos.
Bajo estandartes de silencio pasan las muchedumbres
y el sol crucificado en los ponientes
se pluraliza en la vocinglería
de las torres del Kreml.; [así en el original] El mar vendrá nadando a esos ejércitos
que envolverán sus torsos
en todas las praderas del continente
En el cuerno salvaje de un arco iris
clamaremos su gesta
bayonetas
que portan en la punta las mañanas.

Ya lo dice el Manifiesto…: la historia de la literatura argentina es la historia de las luchas internas de Borges.

Borges. Cambio radical. Arturo Jauretche escribe el libro de poemas El Paso de los Libres – Relato gaucho de la última revolución radical (Diciembre de 1933) dicho en verso por el paisano Julián Barrientos, que anduvo en ella. Editorial La Boina Blanca, 1934. Esta edición, la primera, al fragor de las luchas populares y anti dictatoriales por reponer a Don Hipólito Yrigoyen en la presidencia, es prologada por Georgie Borges. Remata el dicho prólogo espetando: “El Paso de los libres está en la tradición de Ascasubi —y del también conspirador José Hernández. La adecuación de la manera de esos poetas al episodio actual es tan feliz que no delata el menor esfuerzo. La tradición, que para muchos es una traba, ha sido un instrumento venturoso para Jauretche. Le ha permitido realizar obra viva, obra que el tiempo cuidará de no preterir, obra que merecerá —yo lo creo— la amistad de las guitarras y de los hombres”.

Borges conservador. Dijo una vez que se había afiliado al Partido Conservador, porque era el único partido que no podía suscitar fanatismos.

Borges militarista. Francisco Franco, Jorge Rafael Videla, Augusto Pinochet en su haber. A Borges le gustan los Procesos de Reorganización Personal. Llegó a elogiar a Videla porque no tenía fotos suyas (cuando digo suyas me refiero a Videla, no a Borges) en su despacho. Un verdadero líder anti personalista. Y posiblemente anti personas.

Borges antimilitarista. En 1985 se publica Milonga del muerto en donde aborda la temática de la guerra de las Malvinas, desde la visión de un soldado “convocado” a la misma. Un fragmento, especialmente crítico del accionar militar:

“…Lo sacaron del cuartel,
le pusieron en las manos
las armas y lo mandaron
a morir con sus hermanos.
Se obró con suma prudencia,
se habló de un modo prolijo.
Les entregaron a un tiempo
el rifle y el crucifijo.
Oyó las vanas arengas
de los vanos generales.
Vio lo que nunca había visto,
la sangre en los arenales…”

(No encontré registros de un Borges Peronista…)

¿Suficiente, no? Echo este catálogo a la bolsa. Y palo y a la bolsa. No pienso darle un final a este artículo. No hay final, como en esto de los catálogos y de la fiebre de estivar en anaqueles y anales, todo lo que un hombre debe saber antes de salir a la calle.

Sé que el mundo necesita una prótesis occidental, pero yo no seré el que la provea. Sólo deseo que por esta actitud no me cataloguen de difuso porque, como diría Julián Centeya “…tengo un alma rantifusa, bajo esta pinta de bacán lustroso”. Recatá amigo.

Roberto Liñares

Roberto Liñares

Colaborador

(1955, Buenos Aires) Poeta. Sus obras han sido publicadas en distintas revistas, y formado parte de numerosas antologías. Ha recibido varios premios (Biblioteca Belisario Roldán, Departamento de Extensión Universitaria de la Facultad de Derecho, Club Banco Provincia, Central de los Trabajadores Argentinos, Secretaría de Cultura de la Asociación Bancaria, etc.). Participa en distintos recitales y “performances”.

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