Por Marina Cavalletti.

 

El próximo 30 de octubre Raúl Carnota, para muchos el Yupanqui del siglo XXI, cumpliría 70 años. La primavera de 2014 quiso que cambiara de forma y no habitara más el mundo tal como lo conocemos. Sin embargo, su música se toca y se versiona con una vigencia irreductible.

En abril de 2012, Marina Cavalletti dialogó con él para la revista Debate, hoy fuera de circulación. Desde Lamás Médula, reproducimos aquella conversación  y  recordamos a este enorme compositor, sembrado en cada una de sus obras, sus colegas y admiradores.

“A la noche venía en el auto escuchando un disco de Led Zeppelin, pensaba ‘cómo canta este tipo’”, dice Raúl Carnota mientras ceba un mate amargo. Su casa del sur de la ciudad de Buenos Aires mezcla la conversación con los ruidos del tráfico. “A mí no me nace cantarle a un paisaje, aunque sí me gustan, pero no hay geografía más rica que la del hombre. Me quedo con eso, con esa fuente de elementos”, asegura. Su voz es clara, renovada. Es que luego de un tiempo sin cantar fue sometido a una operación y vuelve a los escenarios para seguir marcando al folklore con sus huellas de fuego.

“A mí no me nace cantarle a un paisaje, aunque sí me gustan, pero no hay geografía más rica que la del hombre”.

Ahora prepara una serie de conciertos con  amigos como Daniel Mazza, Pablo Fraguela, Juan Falú, Poppi Spatocco o Lilian Saba, entre otros. “El año pasado toqué poco en la Ciudad de Buenos Aires, por lo tanto decidí hacer un ciclo. Si lo hago solo, me aburro. Entonces aprovecho, invito amigos y toco otras cosas. Serán más o menos tres invitados por función. Los invitados le dan variedad al asunto”, explica mientras comenta la posibilidad de invitar al Mono Fontana.

Entonces, el recuerdo de Spinetta se torna inevitable: “Él es dos o tres años más chico que yo, somos más o menos coetáneos.  En la misma época en que él producía sus distintos proyectos,  yo lo seguía. Siempre. Porque de todo el rock en Argentina, Spinetta es el único que no se parece a nadie de afuera… Ni de adentro. Spinetta se parece a él. Un montón de gente muy valiosa de acá tiene influencias de esto o de aquello. Yo la única vez que vi algo más o menos parecido que hizo Luis Alberto fue algo instrumental de un disco que yo tenía de Frank Zappa, con guitarras acústicas y nada más. Después, es un tipo que tanto desde lo melódico como desde las letras, no tiene algo parecido afuera. Precisamente son los artistas irrepetibles. Por ejemplo, hace unos días fui a escuchar a Fernando Cabrera, el uruguayo. Ese tipo es como Leo Masliah, son irrepetibles. Hacen una cosa que hacen ellos, que nació de ellos. Y ahí están”.

El tema son ahora las músicas, esas que quedan siempre entre el público: “El gatito de las penas”, “La Sixto violín”… “Uno va grabando, hay temas que quedan en el repertorio y otros por el camino. No tiene nada que ver la calidad. No sé por qué, uno va tocando y la gente pide más unos temas que otros”, asegura el hombre a quien Jorge Fandermole le dedicó “Corazón de Bombo”: “uno escucha cantar a Raúl y es como escuchar el sonido de un legüero”, expresó alguna vez el rosarino.

Carnota, con humildad y entre risas declara: “Yo arranqué como músico, nunca fui cantante. Soy un músico que canta, esa es la diferencia. Aparte mi primer instrumento fue la percusión, entonces tengo una gran influencia con el swing, con la rítmica, no sólo con la armonía. En realidad, toda nuestra música tiene una riqueza muchas veces inexplorada. Porque los limitados somos los músicos, no la música”. Y sobre esa mixtura de voces que caracteriza su música, aclara con humor: “En realidad, cuando salí, yo ya salí degenerado –por poner una palabra- porque no venía de la música folklórica. Yo nací en Almagro, un barrio de tango, y me crié en Buenos Aires. Aprendí a tocar la guitarra con los Beatles y los Chalchaleros. Después descubrí la música brasilera, el jazz. Ya a los veinte años, el tango entraba por la suela de los zapatos. Y yo soy el resultado de todo eso” resalta.

“En realidad, toda nuestra música tiene una riqueza muchas veces inexplorada. Porque los limitados somos los músicos, no la música”

El tráfico se va apagando al igual que la conversación. Carnota es un puñado de músicas, un hombre sabio de largo camino recorrido, un referente ineludible de nuestra música actual y de siempre. Con la simpleza propia de los grandes, ensaya algunas palabras que tal vez encierran su esencia “Creo que lo fundamental de cualquiera es que uno nunca piense que llegó a ningún lado ni que aprendió demasiado. Lo fundamental es pensar que a uno siempre le quedan cosas por aprender y que puede aprender hasta del que menos se figura. Siempre hay alguien que te puede acercar un conocimiento”, dice mientras concluye una ronda de mate y la avenida Garay se duerme, como el día.

Marina Cavalletti

Marina Cavalletti

Colaboradora

Es Magíster en Escritura Creativa por la UNTREF, profesora de castellano, Literatura y Latín y Técnica profesional en música. Además, es corresponsal de El Tribuno de Salta desde 2005. Colabora con medios independientes como periodista y correctora. Dio clases en la UBA, “El Alicia” y el IUNA. Es profesora en la UNDAV. También es compositora y poeta. Ama la radio y el folklore. Desde junio de 2016 coordina el ciclo “Brote poético”.

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