Por Sebastián Premici.

“La dignidad no se transa. Ni ante el paredón de la muerte ni ante el filo de la espada” (Frase de la banda chilena 89 puñaladas, de la canción “Brillamos de pronto”, del disco Bosque y Anarquía. Santiago Maldonado escribió este fragmento en un mural de 25 de mayo, junto a otras líneas de Severino Di Giovani).

“La dignidad no se transa”. ¿Quiénes pueden mirar a los ojos, con profundidad, simpleza, coraje y no caer en el abismo de la hipocresía? ¿Quiénes son los que poseen la valentía para estar en la calle, en el barrio, en el monte o la montaña, poner el cuerpo propio y colectivo para frenar el despojo de gobiernos rapaces y empresarios que viven de la miseria planificada?

¿Quiénes son los que eligen plantarse fuerte del lado del pueblo a pesar de los escopetazos y ametralladoras (en la cacería ya no importa si son balas anti tumulto o 9 milímetros) que zumban finito cerca de sus cabezas, la de sus hijos o hijas, amigos o amigas, hermanos o hermanas, cuñados o cuñadas? ¿Quiénes son los que se atreven a perseguir la verdad, luchar por la memoria y justicia, cual sabuesos que no sucumben, no se resignan y no abandonan el peligroso camino de dar testimonio en tiempos siniestros?

La llegada de Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación reinauguró los tiempos siniestros en la Argentina. Todo el entramado de responsabilidades y complicidades detrás de la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado a manos de la Gendarmería Nacional Argentina (GNA) constituye la etapa reinaugural de lo siniestro en el país, planificado y ejecutado con la impudicia que sólo los miserables se atreven a mostrar en público.

“Ni ante el paredón de la muerte ni ante el filo de la espada”. ¿Quiénes son los que se animan a estar del lado correcto de la vida, del lado de la justicia social, la solidaridad fraterna, la entrega por el otro? ¿Quiénes somos los que estamos dispuestos a dar la vida, a recorrer el camino más largo y difícil (al que quizás nunca lleguemos y sólo alcancemos a dar testimonio del recorrido) para que, llegado el momento, podamos reconocernos entre compañeros, camaradas, amigos, hermanos, peñis, lamiens y dejemos escrito en la Historia “la dignidad no se transa”?

La dignidad no se transa ni se mancha ante el sucio titular de escribas mediocres, ni se transa ni mancha ante la extorsión de los empresarios que reclaman la represión como sinónimo de “seguridad jurídica”, ni se transa ni mancha ante la explícita miserabilidad de un Presidente de la Nación, una Ministra o un funcionario de segunda línea, encargado de llevar adelante el trabajo sucio para sus jefes políticos.

La dignidad es la huella que dejamos en la ruta cuando quisieron vender el país en la década de 1990 o reeditar la Campaña del Desierto en 2017. La dignidad puede ser como esa gomera que atraviese el tanto como para reivindicar una lucha en distintas latitudes mundo (como dijo Julio Saquero, integrante de la APDH de la Comarca Andina para referirse a los métodos de autodefensa de las comunidades). ¿Será la dignidad esa bala que perfore la injustica planificada? La dignidad es la imagen que nos devuelve el espejo de las Madres, Abuelas, HIJOS, que nunca se rindieron.

Santiago Maldonado, artesano, escritor, músico, artista plástico, tatuador, hijo, hermano, cuñado, amigo, se autopercibía como un “nómade sin rastro”. Sin embargo, dejó huellas en su familia y amigos pero también en la Historia. Su muerte, luego de una feroz e ilegal represión (planificada) de la Gendarmería y el Gobierno nacional, expone como ningún otro acontecimiento desde la vuelta de la Democracia de qué manera el Estado (la casta social mafiosa con cargos en el Poder Ejecutivo y parte de la Justicia) ideó y encubrió su avanzada sobre los pueblos originarios de la Patagonia (chivos expiatorios) para sembrar un nuevo terror en la sociedad (disciplinamiento social).

Lo que sucedió con Santiago Maldonado desde el día de su desaparición hasta el hallazgo de su cuerpo en el río Chubut, y los meses posteriores también, es la huella de cómo el Estado colocó a las fuerzas de seguridad al servicio de esos intereses económicos, los mismos que colocaron a la Ceocracia en la Casa Rosada, llámense Benetton o Lewis, que hoy vuelven a reeditar las doctrinas de seguridad nacional para defender su patrimonio.

La Patagonia huele a muerte. Ya no debemos hablar de un tubo de ensayo represivo y autoritario. La administración de Mauricio Macri reinauguró el ciclo de terror en la Argentina.
*Autor del libro “Santiago Maldonado, un crimen de Estado” (Acercándonos Ediciones, 2018).

Sebastian Premici

Sebastian Premici

Colaborador

Periodista y licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). En 2006 comenzó a escribir en el suplemento Cash del diario Página/12 y en 2008 se incorporó como redactor a la sección de Economía del mismo diario hasta febrero de 2016. Actualmente, ejerce el periodismo de investigación desde Agencia Cadena del Sur (cadenadelsur.com) y colabora con Página/12. Es autor del libro “De Patrones y Peones, los aliados esclavistas de Mauricio Macri” (Acercándonos Ediciones, 2016) y co autor en la obra colectiva “El Kirchnerismo en debate: Estado, Economía y Medios en la Argentina reciente (2003-2015)” (Acercándonos Ediciones, 2018).

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