Por Roberto Liñares.

Si cupiera o cupiese hacer un podio de la literatura argentina tipo canal ¡Ah…!, seguramente el medallero se repartiría entre Jorge Luis Borges; Ernesto Sábato y Julio Florencio Cortázar.

Y sería serio hacer una serie de igualdades y diferencias entre ellos, como entretenimiento, digo la verdad.

Mas aquí me es dado tirar, para mejor suerte, una igualdad que no ha sido, porque corroe, auscultada: su peroismo inocultable, pero culto.

Jorge Luis Borges, al cual debemos juzgar tan eterno como el agua o el aire, y al cual nos une, sino el amor, seguramente el espanto, paseó su elogio poético a la Revolución Rusa, pero también su anarquismo filosófico, chacoteando con Dios como la mejor invención de la ciencia ficción y con la metafísica como rama de la literatura fantástica, lo cual le pareció ser lo mismo para su juguetón entretenimiento; su favorable postura respecto del radicalismo y Don Hipólito; su encendido elogio en el prólogo del poema épico “Paso de los Libres” de Arturo Jauretche, que conmemora la revolución para reponer al depuesto Yrigoyen en 1933, pero su olvido de la democracia, a la que calificaría como una superstición basada en la estadística; su apoyo al extinto dictador Videla porque no tenía sus retrato en su despacho, pero su poética oposición al exwisky que dirigió la guerra de Malvinas, refiriéndose a “las malas arengas de los malos generales”. Es evidente que en medio de su heterodoxia, en lo único que fue firme fue en su peroismo. Se puede decir que fue un peroista ortodoxo.

No menos peroista, aunque de un peroismo algo renovador, fue don Ernesto Sábato. Militante del P.C. en una evidente tendencia notebook, lo que le llevó a viajar por el norte peroescribir en “Sur”, que es decir que buscó la victoria del campo popular pero escribió para Victoria Ocampo; que fue funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de la llamada y llamarada Revolución Libertadora, pero deplorar la intervención stalinista para ahogar la primavera de Praga, posiblemente libertadora sin duda; que dijo que el seguido era malo, pero los seguidores eran buenos, lo que le significó algún entredicho con el peroista ortodoxo arriba citado, pero que no le impidió ir con éste a entrevistarse con un golpista no prófugo, y platicar sobre una ley del libro. Es sabido que los peroistas son libres y librescos, por eso quedaron librados a una amable conversación, al mismo tiempo que el muy particular sacerdote y escritor, Leonardo Castellani, pedía por un desaparecido. Pero eso no impidió presidir la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, cuando se dio el retorno a la democracia constitucional. Cabe acotar que se deslizó en un delicioso delivery entre el Peroismo Científico y un peroismo tendiente a la Unidad Contemplativa Reencarnacionista, ambos conocidos por sus siglas.

Empero quien alcanza un peroismo revolucionario es Jules Cortázar. Julio. Elogia la aparición de “Adán Buenosayres” de Leopoldo Marechal, un desconocido pertinaz, pero vive pendiente (no sé en cuál de las dos orejas) de Borges, quizás buscando la unidad del peroismo; colabora con una organización de apoyo al franquismo en Argentina; pero descubre la triunfante Revolución Cubana; apoya con fervor varias revoluciones en Latinoamérica, pero no puede resolver la ecuación geográfica “país en donde se libra una batalla – país en donde se batalla un libro”, dilema que le trajo problemas con algunos de sus detractores y sembradoras en el campo de la política.

Evidentemente el denominado peroismo, o su variante estética extrema, el dudaismo, es pendular, bipopular, y deviene en un azaroso viaje para aquellos que, como los nombrados, han osado más ocasión de búsqueda o bosquejo robado a las deshoras.

Y en ese azaroso y largo viaje que ellos y otros siguieron, siguen y seguirán, en obstinado nado, peregrinando entre tanto tanteo lógico, de cierto en que cupiera o cupiese que se pregunten, como todo caminante: “¡Qué lejos estamos del próximo pueblo!”.

Pero… no desfallecer. Y… como siempre… de corazón.

Roberto Liñares

Roberto Liñares

Colaborador

(1955, Buenos Aires) Poeta. Sus obras han sido publicadas en distintas revistas, y formado parte de numerosas antologías. Ha recibido varios premios (Biblioteca Belisario Roldán, Departamento de Extensión Universitaria de la Facultad de Derecho, Club Banco Provincia, Central de los Trabajadores Argentinos, Secretaría de Cultura de la Asociación Bancaria, etc.). Participa en distintos recitales y “performances”.

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