Por Ture. (ph Melisa Noguera / producción Nahuel Idachkin)

 

Verano en Buenos Aires. El calor agobia, la situación política también. Afuera hay palos y gases. Casi se puede oler el gas pimienta con el que reprimen a trabajadores y jubilados. Los reclamos se multiplican como panes y peces, aunque terminar con eso no será milagro, sino acción. Nos preguntamos entonces, ¿qué tendrán en común un sacerdote de Opción por los Pobres y una feminista?
Gabriela Borrelli es escritora, periodista cultural y referente feminista; Francisco Paco Olveira, un cura malagueño que recorre villas argentinas llevando la palabra de su Cristo. Con ellos abordamos el tema de la violencia económica, el aborto, la separación de Iglesia y Estado, y la compleja actualidad sudamericana.

LAMÁS MÉDULA—¿Se grita mucho y se piensa poco en los medios actualmente?

GABRIELA BORRELLICreo que sí. Pero además hay un paradigma peligroso: todas las verdades son posibles. Cuando ganó Macri en 2015 lo primero que le cambiaron a Radio Nacional —donde yo trabajaba— fue el eslogan, que pasó a ser todas las verdades. Me pareció muy peligroso. Porque siempre hay una verdad que gana, imponiéndose a otras. Con ese axioma se abren puertas para que se digan barbaridades como, por ejemplo, que Videla fue un patriota cuando fue un genocida. Ese axioma que vuelve a traer el macrismo, no como partido político sino como ideología de vida, pretende borrar otras verdades: que hubo 30.000 desaparecidos, más de 500 niños apropiados, etc. Y en el caso del feminismo, habilita a que haya un movimiento reaccionario al pañuelo verde—que es nuestra verdad—, con el mismo símbolo, pero con otro color: el pañuelo celeste. Es un paradigma de habilitación de cualquier discurso. Esa habilitación me parece violenta. Cualquier cosa válida. Y no todo es lo mismo. Habíamos llegado a lugares más humanos de entendimiento; minorías que pasaron a tener voz y derechos, nietos recuperados, cárcel para los genocidas, se bajaron los cuadros [Nota de la R: 24 de marzo de 2004, el presidente Kirchner ordena sacar los cuadros de los dictadores Videla y Bignone de las  galerías en el Colegio Militar El Palomar]. En la lucha por la legalización del aborto se vio muy bien cómo estaba reactivado eso de que mi verdad vale tanto como la tuya, ¿no? Estar en contra de un derecho vale más que un derecho. En cuanto a los medios, responden a un poder político y económico que necesita de la instalación de esos paradigmas de pensamiento para actuar económicamente.

PACO —No creo en los que se creen dueños de la verdad, pero hay cosas que son blancas y cosas que son negras. Todos podemos tener una parte de verdad, pero después termina siendo una, por decirlo de alguna manera.

LM—Desde las distintas perspectivas que abarcan, ¿dónde está el enemigo?

PO—Los que estamos en la lucha tenemos que saber que el enemigo es el neoliberalismo. Esa es la grieta. En el medio, aparece la legalización del aborto, un tema absolutamente sensible sobre el que se pueden tener distintas opiniones. Creo que tiene bastante de verdad lo que dijo Cristina [Nota de la R: Cristina Fernández, noviembre 2018, Ferro Carril Oeste, Foro CLACSO “En nuestro espacio hay pañuelos verdes y también celestes”]. Ella interpretó que, dentro del campo nacional y popular, hay gente que está en contra de la legalización del aborto y la mayoría que está a favor.  Conozco militantes kirchneristas que están en contra, pero se puede dialogar. Con quien no se puede dialogar es con quien vienen del eslogan provida, que en realidad son promuerte.  

GB—Estoy de acuerdo con eso. Y en ese sentido cuestionaba el asunto de que todas las verdades son válidas. La diputada del Pro Silvia Lospennatto vota a favor de la baja de las jubilaciones representando al neoliberalismo y está a favor de la legalización del aborto. No me interesa sentarme a conversar con Lospennatto. Y también estoy de acuerdo con Cristina sobre los pañuelos verdes y celestes. Pero porque lo dice en un marco de acuerdos más generales donde eso puede ser una discusión, como sucedió con la Ley de Matrimonio Igualitario, que tuvo dentro de nuestro movimiento bastante rechazo.

PO—…Es que dentro del campo nacional y popular hay muchos que no son del campo nacional y popular. No entiendo que alguien perteneciendo a ese espacio esté en contra del matrimonio igualitario.

GB—Totalmente de acuerdo.

LM—¿Cómo ve el actual momento político el feminismo y los curas Opción por los Pobres?

PO—La situación en los barrios es deprimente. Y aún no explotó por las políticas del anterior gobierno, las AUH (Asignación Universal por Hijo), por ejemplo. Trabajo genuino no hay, changas tampoco, el cuentapropismo está desapareciendo porque no hay mercado para el consumo.  En la Fundación Isla Maciel dábamos microcréditos para el mejoramiento de vivienda que la gente pagaba como podía. Ahora casi no tenemos. Seguimos arreglando viviendas porque la gente tiene derecho a que no se le llueva su casa, pero ya no puede tomarlos, no tiene para comer.

GB—El impacto en las clases medias y bajas es feroz. Coincido con Paco en que muchas medidas que en su momento tomó Cristina hacen que no haya un estallido social. La inflación que estamos viviendo es terrible, muy desesperante. En el 2001 al menos estaban las asambleas barriales, se veía cierta unión de la clase media con la universitaria. Había una opción que ahora no se ve, como sí se ven ciertas máscaras en algunos sectores diciendo “esto ya va a pasar” …o “hay que ponerle el pecho a la situación”, una impronta mística que quieren ponerle a este saqueo económico que está haciendo el gobierno. Y ahí, creo que el feminismo es incómodo para el poder. Mujeres que no venían del feminismo se incorporaron porque ven una posibilidad de acción contra la avanzada neoliberal. Eso explica también los intentos de apropiación de la derecha: quieren un G20 “Woman”. Como feminista y como lesbiana me interesa luchar contra esa mirada biologisista, porque la considero muy nociva. Hay algo que siempre dicen las compañeras de base, y es que no se necesitaba en los sesenta ser negro para luchar por los derechos civiles de la comunidad negra en los Estados Unidos, como no se necesita ser mujer para estar en contra de los discursos de opresión hacia las mujeres en la actualidad.

PO—Pero en el 2001 le habían tocado el bolsillo a la clase media…Sus ahorros quedaron en los bancos…

GB—…Ahora también le tocan el bolsillo a la clase media, Paco…

PO—Sí, pero les cuesta un poco más entenderlo así. Para mí, claramente el gobierno no se está equivocando, querían bajar el sueldo a los trabajadores y lo hicieron.

.LM—El feminismo ¿es revolucionario?

GB—Es peligroso afirmar eso si no se entiende que la revolución es un cambio de condiciones materiales. Para que se caiga el patriarcado necesitamos que se caigan las condiciones materiales que lo sostienen. En una revolución las mujeres o los cuerpos feminizados por elección deberían tener igualdad de condiciones materiales con los varones. La idea de que el feminismo es revolucionario sin tocar las estructuras que mantienen el patriarcado, es una idea complicada que a mí me tiene alarmada como feminista. Porque ¿dónde está la revolución feminista? La revolución feminista está, posiblemente, en la visibilzación  de nuestra historia, en los reclamos de la capacidad que tienen las lesbianas o trans para realizar trabajos, pero también en las condiciones materiales de existencia de esas personas en relación y codo a codo con otras opresiones que también viven los personas empobrecidas…

PO—…Exacto, porque pobres no hay, lo que hay son personas empobrecidas…

GB—…Me parece que el feminismo debe atender a cómo se mantiene el patriarcado.

LM—¿Cómo ve al feminismo la Iglesia Opción por los Pobres?

PO—Formo parte de un grupo de curas que se autodenominan Opción por los Pobres, somos continuadores del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, pero me gustaría decir esto a título personal y no en nombre del grupo: en líneas generales compartimos la misma visión. Es la misma visión que tenía Jesús, que nunca excluyó a nadie, nunca discriminó, y que justamente por la gente con la que se juntaba terminó en la cruz, el castigo que se les daba a los subversivos. No podemos entender que por la opción sexual que tome una persona se diga “sos pecado”, “sos un enfermo”, “tenés que convertirte”. Eso viene de la teología del derecho natural; Dios hizo las cosas así y van a ser así siempre. Cuentan —y creo que es histórico, aunque quizá no lo sea pero sirve igual—, que una vez a un rey le preguntó al Obispo si el río que pasaba por la ciudad inundándola cada cierto tiempo, se podía hacer pasar por otro lado, y la respuesta fue que no, que si Dios hubiera querido el río fuera por otro lado, él mismo lo hubiera mandado por otro lado…(risas) Claramente con el feminismo tenemos una misma visión, más allá que después con determinados temas pueda haber diferencias.

GB—Yo soy apóstata. Tuve formación religiosa, fui a colegio de monjas, tomé la confirmación, fui en ocasiones catequista…

PO—Me encantaría tenerte en la parroquia (risas)…

GB—…pero después tuve un aborto a los veinte años, empecé a salir con una mujer…

LM—¿Eso te alejó de Dios?

GB—Sentí un gran vacío con la oración y lo reemplacé con la poesía. Escuchar poesía me retrotrae a cuando iba a misa y oraba. Repetir el poema es llenar ese vacío. Después vino una militancia política como feminista contra una Iglesia que me expulsa, que piensa que soy una enferma y además que soy una asesina. Pero yo hago esa diferencia entre lo que se puede sentir y lo que es la política, y lo entiendo porque soy peronista; entiendo esa suciedad. Me identifico con lo que decía una compañera “a mí me interpela el marxismo, pero soy peronista porque quiero cambiar las cosas”. Yo también tengo una formación marxista, milité en un partido de izquierda, pero después me hice peronista porque quería actuar, cambiar las cosas, y dentro del peronismo hay que bancarse que no piensen como vos. Como peronista tuve una gran satisfacción cuando Cristina, que sabemos no está a favor del aborto, votó a favor; vi votar a una dirigente de mi espacio como yo quería. Esa fue una victoria mía dentro del espacio, porque yo hago política, quiero que mi visión del mundo gane, que contenga a las demás y que eso sea lo más justo para todos. Los otros días recordé a María Magdalena y su pañuelo, un símbolo del feminismo. Si vamos a encontrar feministas en el Pro, yo también quiero encontrar feministas en La Biblia.

PO—Jesús era un gran feminista. Hay que entender que una cosa es la fe y otra cosa es la institución. Una vez me encontré en el Congreso con una chica trans que tenía una fe tremenda; era del interior y yo pensaba por dentro que debería odiarnos por todo el daño que le hemos hecho como institución.

LM—¿Jesús feminista?

PO—Los líderes de la época de Jesús eran todos hombres y no tenían discípulas. Jesús de algún modo fue un líder, muy marginal pero líder al fin, y hoy está claro — y lo está estudiando el feminismo católico—, que Jesús tenía discípulas; María Magdalena es el ejemplo de la verdadera discípula. Las primeras que dan fe de que Jesús está vivo y resucitado, que no significa verlo con los ojos, sino que es “ese proyecto de inclusión, justicia, igualdad, fraternidad, lo vamos a seguir llevando adelante”, son mujeres. Las que están al pie del cañón son las mujeres. no los hombres. Ahora, la Iglesia es una institución absolutamente patriarcal. Los que la dirigimos somos hombres. Todavía hoy cuando las hermanas hacen un retiro espiritual, el que dirige es un cura porque es el que celebra la eucaristía.

GB—…con esto que decía Paco de la trans en el Congreso, recordé a Lohana Berkins. Era una importante referente trans, y una vez, un domingo, antes de ir al Encuentro Nacional de Mujeres en Salta, se fue a misa. Una persona que va a misa no es mi enemiga. Comerse esa curva es hacerle el juego a la derecha y yo no me la quiero comer.

PO—¿Puedo hacerte una pregunta Gabi?

GB—Sí, por supuesto.

PO—¿Por qué apostataste?

GB—Por cuestiones políticas. No podía seguir perteneciendo a una institución que pensaba que yo era una enferma por ser lesbiana o asesina por estar a favor del aborto.

PO—Pero fue más una cuestión simbólica que práctica, entonces…

GB—…totalmente. A mí me interpelan muchas figuras históricas vinculadas con la iglesia como Sor Juana Inés de la Cruz o Hildegarda de Bingen, una monja de clausura que estoy estudiando ahora…las monjas francesas asesinadas por la dictadura…

PO—En la actualidad hay pocas monjas pero muchas son feministas.

LM—¿Monjas feministas?

PO— Claramente. No vamos a dar nombres para que no tengan problemas (risas)…

LM—¿Dónde creen que está el poder en  Argentina?

PO—Hay un poder internacional que maneja muchísimas cosas, el poder del dinero. Si no es impensable que en tan poco tiempo se haya pasado de un Brasil del PT a un Brasil de Bolsonaro. Lo mismo que Ecuador, Argentina. No me gustan las visiones conspirativas, pero claramente se manejan los hilos más de lo que pensamos. El gobierno de Macri responde a esos intereses. No solamente está aumentando la pobreza, sino la desigualdad.

GB—Creo que no tomamos dimensión como sociedad de la deuda externa que adquirimos; ni de cómo eso está conectado con el recrudecimiento de los femicidios de este último tiempo. La violencia económica está vinculada directamente con la violencia contra la mujer. A mayor violencia económica mayor violencia sobre los cuerpos de las mujeres. No es lo mismo una casa sin comida que una casa con comida. Los cuerpos de las mujeres pagan el precio de esta violencia económica. Con pan sobre la mesa se puede discutir y ver cómo juegan otras cosas, pero sin pan las minas cobran. Estoy convencida de que el incremento de la violencia contra la mujer de estos últimos tiempos tiene que ver con la falta de comida.

PO—En los barrios hay más separaciones y la violencia es mayor por la inseguridad que significa no saber si mañana vas a poder darle de comer a tus hijos.

LM—¿Cómo se cambia esta realidad?

PO—En primer lugar, es importante la postura personal: yo prefiero estar de este lado, hacer lo que pueda. Hace tres años ni se me hubiese ocurrido tener un comedor y hoy lo tengo; con toda la bronca del mundo porque antes luchábamos por derechos y hoy luchamos para que los pibes coman. Ahora, eso tiene que ir de la mano de la lucha en las calles, y de un proyecto político. Es muy importante que en octubre de 2019 cambie el signo político porque si no se van a generar más pobres. La realidad no se cambia desde el púlpito, se cambia desde la lucha, uniéndose a las feministas, a los sindicatos, a los partidos políticos que uno cree que pueden transformar la realidad…

GB—…Yo me debato entre la alegría y la desazón. Alegría por esta movida del feminismo que se volvió popular estos años. Es mucho lo que logramos: la Ley de Jubilación de Amas de Casa, por ejemplo. Hace tanto que venimos diciendo que el trabajo doméstico es trabajo no remunerado. Eso que llaman amor es trabajo no remunerado. Eso que llaman amor es trabajar para que se reproduzca algo, por eso la importancia de la jubilación para amas de casa.

LM—¿Y a qué deberíamos atribuir que muchas beneficiarias de esa ley hayan votado en contra de los que promovieron ese beneficio?

GB—A que todavía no transformamos realmente las cosas. El feminismo tiene que generar un nuevo campo de materialidad para que nuestra lucha continúe. Con el tema del aborto estuvimos cerca; hay que dar lucha en Jujuy, por ejemplo, una provincia donde el gobernador Morales se maneja como un feudal, haciéndose dueño de las tierras y los cuerpos. Estoy muy asustada con Bolsonaro y con lo que sucede en Latinoamérica. Por eso decía que estoy entre la convicción de la alegría y la desazón de que no podamos hacer nada. Coincido con Paco, lo primero es cambiar el signo político en octubre de 2019.

LM—¿Qué tendría que pasar para que seguidores del Papa vean en el feminismo un aliado, y viceversa?

GB—Lo primero que quiero decir es que no hay un feminismo sino varios, Tenemos al grupo de católicas por el Derecho a Decidir, que han hecho durante décadas una gran tarea. Posiblemente se pueda hablar de algún feminismo que pueda encarnar algo de esa teoría junto con otros feminismos más trasversarles, de otras intersecciones.

PO—Los curas de Opción por los Pobres nunca fuimos papistas ni lo vamos a ser. Es más, creemos que hace falta una verdadera revolución en la estructura de la iglesia, por ejemplo, no puede ser que el Papa nombre a todos los obispos del mundo. Otra contradicción es que seamos un Estado, ¡nacimos en un pesebre y hoy somos un estado!… son cosas que tienen que cambiar. Es cierto que el papa Francisco hoy toma banderas —en lo socioeconómico y en lo político, en un sentido amplio —que los curas Opción por los Pobres defendimos toda la vida y nos sentimos representados por él. Pero sabemos que no está habiendo ningún cambio estructural en la iglesia, de modo que después de Francisco puede venir Benedicto XXIII y en lo que tiene que ver con la cuestión moral, por decirlo de alguna manera, creo que no podemos pedir que la Iglesia como institución esté a favor del aborto. Nunca va a estar de acuerdo con el aborto.

GB—Y la cuestión gay (pregunta a Paco), ¿cómo siguen?

PO—En la iglesia más tradicional, eso es ideología de género, es querer cambiar el curso natural de Dios. Esa sigue siendo la doctrina católica. Pero en la realidad, en los hechos diarios, lo comparo con el tema de los anticonceptivos. ¿Alguien hace caso de los que dice la Iglesia sobre los anticonceptivos? ¡Nadie! Cada uno hace su vida. Los curas con un poco de sentido común, se preguntan, “¿por qué tengo que meterme en la vida privada y sexual de esa persona?” …y la respuesta suele ser, “si no le vas a hacer daño a nadie, podés ser heterosexual, lesbiana o lo que quieras, ¡hacé tu vida!” Sobre el papa Francisco, un par de datos: en abril se beatifica al obispo Angelelli  —quien fuera obispo de La Rioja—, a dos curas y a un campesino que mataron dos semanas antes del asesinato de Angelelli. Beatificarlo es subirlo a los altares como objeto de veneración católica. Otro caso: Romero hoy es santo y por mártir; mártir es quien defiende la verdadera ley cristiana; a Romero lo asesinan por defender la fe cristiana.

LM—¿Qué opinan de Mauricio Macri?

PO—Una vez escuché a una mujer rica diciendo que las mujeres se embarazaban para recibir la AUH, esa es la mentalidad de Macri, porque ese es el mundo en el que vive, el mundo de los ricos. Él quiere vivir en un country, cerrado, esa su mentalidad y la mentalidad de su grupo. Y que se meta preso a los pibes de 14, sin que haya una idea para cambiar las estructuras y los pibes de 14 años puedan vivir con una cierta dignidad. Sus políticas vienen de ahí. Y además creo que es un cínico, porque sabe que es un ladrón, toda la guita que hizo fue robando. Es muy peligroso estar en manos de alguien así. Para mí no hay diferencias con Bolsonaro. La única diferencia es que este se presentó vendiendo alegría y el otro se presentó diciendo todo lo contrario. Pero son iguales.

GB—En el ciclo “Presidentes de Latinoamérica” [entrevistas emitidas por Canal Encuentro durante 2011]. Cristina Fernández dijo “nunca los jefes de Estado se parecieron tanto a sus pueblos” y era cierto, veías a Mujica y era un uruguayo, Lula un trabajador brasilero, Evo un boliviano, Cristina era posiblemente como mi madre, abogada de clase media, católica, peronista, nacida en la década del cincuenta. Macri es el estereotipo del rico que incluso olvida que su padre fue un tano pobre e inmigrante, y lo olvida porque prefiere codearse con la vieja oligarquía argentina, los Bullrich, los Peña Brown. Nunca el poder económico tuvo tantos apellidos patricios en un gobierno: Bullrich por dos, Peña Brown…ni en la década del treinta el poder se animó a tanto. Macri es un rico al que le gusta ser rico. No cree en la movilidad social y cree —en el sentido más victoriano—, que por orden divino a él le tocó ser rico y a los pobres les tocó ser pobres. A mí me llama mucho la atención cuando hay una persona de clase media, que cobra una jubilación de ama de casa, se siente más identificada con Macri que con su empleada doméstica. ¿Por qué esa mujer que le puede pagar a una señora que le viene a limpiar la casa, se siente más identificada con Patricia Bullrich que con la persona que le viene a limpiar? Esa es la clave que explica en parte, por qué ciertas clases después de gozar de los derechos obtenidos durante gobiernos nacionales y populares votan a los conservadores.

PO—Macri no sabe hablar. Mucho integrante del poder económico lo está viendo mal porque está destrozando la economía del país. Estamos en manos peligrosas. De hecho, los que vengan la van a tener muy difícil.

LM—Paco, ¿Qué opinión tenés sobre la separación de Iglesia y Estado?

PO—Estoy a favor de la separación de Iglesia y Estado.

LM— ¿Por qué?

PO—Por el bien de la iglesia católica. Necesitamos ser libres ante cualquier poder. No hay ningún motivo para que Gabriela pague el suelo a un obispo. Aunque eso no cambie la ecuación económica en nuestra patria; hay muchos datos falsos en eso. gente que piensa que por cada bautizado hay una plata que va para la iglesia, eso no es así. Puede apostatar todo el mundo que la iglesia va a recibir lo mismo. Después, por ejemplo, se generan equívocos: la Virgen de la Asunción, de quien suele decirse “es la patrona de Avellaneda” en realidad es la patrona de los católicos de Avellaneda, así como la Virgen de Luján no es la patrona de la Argentina sino la virgen patrona de los católicos argentinos. ¿Por qué tiene que ir el intenten de Avellaneda y los concejales a escuchar obligatoriamente al Obispo el día de la virgen? No tiene sentido. Que haya un Tedeum, en la actualidad, tampoco tiene sentido.

GB—La apostasía para mí es un gesto político. No puedo pertenecer una institución que me considera enferma, asesina, y que está en contra de los derechos civiles que estoy reivindicando. Para tener los mismos derechos de soberanía sobre los cuerpos que tienen los varones, es importante la independencia de poderes entre Iglesia y Estado. En esa conexión material siempre hay algo sucio, que debe ser liberado.

PO—Y es una conexión que viene de un decreto de Videla durante la dictadura; fue una forma de pagar el silencio de muchos obispos cómplices.

LM—Entonces, lo que tienen en común el feminismo y los Curas Opción por los Pobres es…

GB—La lucha contra el neoliberalismo y su violencia, que está siendo pagada, en parte, por el cuerpo de las mujeres; se paga con violencia simbólica y con violencia material. Y en esto no podemos quedarnos a mitad de camino; no vale quedarse a mitad del río, hay que llegar a la otra orilla. La mitad del río siempre es más peligrosa.

PO—A mí me importa nada si la persona que tengo al lado es creyente o no creyente, qué orientación sexual tiene, lo que me interesa es si podemos luchar juntos por una patria justa libre y soberana. Y por eso estoy muchas veces más cerca de ciertos colectivos que de los propios miembros de la iglesia católica, con los que no me une, prácticamente nada. Porque una cosa es la ortodoxia, que es una serie de verdades, y otra cosa es la ortopraxis. Para la teoría de la liberación la ortopraxis es el laburo concreto. En el Juicio Final, Mateo 25, dice “porque tuve hambre me diste de comer, estuve enfermo y me visitaste, estuve enfermo y te preocupaste de sanarme, estuve sin vivienda y me diste techo” no dice en ningún momento “porque fuiste a misa, porque eras heterosexual, o porque creías en Dios”, de eso no dice absolutamente nada.

Es verano en Buenos Aires. El calor agobia, la situación política también. Damos por finalizada la charla. Afuera hay palos y gases. Casi se puede oler el gas pimienta. Las represiones a trabajadores y militantes que reclaman por sus derechos se multiplican como panes y peces en una ciudad furiosa. Terminar con eso no será un milagro, sino una acción concreta que los ciudadanos deberemos protagonizar, tempranamente, si es posible.
Antes de partir brindamos con vino bastardo: Gabriela Borrelli, el padre Paco, Nahuel Idachkin, Melisa Noguera y quien escribe estas palabras. A Borrelli la esperan los encuentros de poesía —esas misas—, la multitudinaria militancia feminista y los bares compartidos, a veces, con un libro y nada más. Paco volverá a recorrer calles de tierra del conurbano bonaerense de la mano de su Cristo, verá la cara sucia y triste de los niños que piden justicia social con sus sonrisas apagadas por el hambre. Acaso ambos representen a tantos otros que, aun viniendo de distintos sectores del pensamiento político, religioso y social, estén en busca de lugares comunes que permitan volver a sentir el aire fresco del tan mentado bienestar general que promueve la Constitución. Acaso lo mejor esté por venir. Acaso estemos yendo al encuentro de esos lugares comunes. Para volver a ser felices, nada menos.

DEL LABERINTO SE SALE POR ARRIBA

Por Pablo Campos.   Vicente Zito Lema recuerda al poeta Roberto Santoro y la edición de la carpeta "La Paz de los Asesinos" en años de la Triple A, epílogo de lo que luego fue la dictadura más oscura que sufrió el país. Y del lugar preponderante que  la poesía...
Read More

EL INTERCAMBIO SIMBÓLICO DEL OTRO LADO DE LOS ANDES

La lucha como revuelta, primero, y como revolución, después, es el camino para conformar un nuevo panorama político. Por Fernando Bogado. 1) Jean Baudrillard, quizás una de las mentes más lúcidas para determinar la lógica de lo que bien podría llamarse el “mundo...
Read More

LEY DE ENFITEUSIS: LA PESADA HERENCIA

  Por Gabriel Rodríguez. Cuando Bernardino Rivadavia, en su carácter de Ministro de Gobierno del titular de la provincia de Buenos Aires Martín Rodriguez, tomó en 1824 el ya célebre empréstito de un millón de libras esterlinas a la Baring Brothers, no sabía que...
Read More

LA IDENTIDAD DE LA COMUNA 3

Adrián Dubinsky la búsqueda de una síntesis de las múltiples identidades que la componen. Este Primer Encuentro de Pensamiento Crítico Comunal “Que es el Ser Comunal” se torna necesario a partir de la relevancia que va a cobrar el reordenamiento político de la CABA en...
Read More
Share This