Por Martín Camps.

Facundo Bernal (1883-1962) fue un periodista y poeta nacido en Hermosillo; este libro es la edición bilingüe de este poemario que ayuda a reconstruir el pasado de la frontera, al inicio del siglo XX cuando se empezaban las negociaciones culturales de lenguaje, historia y cruces que dan perspectiva y profundidad a una franja que no es un “problema”, como quisieran leerla los políticos oportunistas del momento.

La frontera es el resultado de un encuentro de idiomas, maneras de entender el mundo y muy profundos contrastes de desigualdad. Este libro, Palos de ciego es también importante porque nos ofrece una coordenada omitida de las vanguardias, la que se llevó a cabo en el norte de México, que hubiera sido seguramente marginada y vilipendiada por su ya de por sí distancia geográfica y cultural. En ese tiempo, el norte era una mancha ocre y polvorienta de donde salió un centauro del norte que terminó sentándose en la silla presidencial y donde antes se había alzado Francisco I. Madero con un libro que propalaba la no-relección que fue la carta de navegación para derrocar al dictador de la época, el oaxaqueño, Porfirio Díaz.

Esta importante edición reúne a especialistas literarios de ambos lados de la frontera y al traductor Anthony Seidman que es uno de los traductores más osados de la frontera de Los Ángeles, porque se ha aventurado a trasladar a poetas norteños (Roberto Castillo, Edgar Rincón Luna, entre otros) que utilizan una idiosincrasia lingüística que requiere de un afinado oído y conocimiento de ambos lenguajes para poder desenredar los enigmas del lenguaje de un lado para alimentar el significado del otro. Traducir, si me permiten la comparación, es una tarea de amansar a dos animales salvajes enemigos, pero que únicamente al conocerlos bien y dirigirlos en la misma dirección es cuando se empieza a mover el trineo del sentido.

Anthony Seidman da noticia de los “topes” que tuvo que librar para llevar a cabo esta hazaña de traducir a Bernal, por ejemplo, el poema “Eche usted nombre de frutas” representa un reto descabellado para intentar dar con el “tipo de cambio exacto” para hacer efectivo este cheque semántico en un banco extranjero. Seidman anota bien al señalar que en el año de 1922 se publicó un poemario seminal:Trilce de César Vallejo. Cabría agregar a esa fecha cabalística la publicación del Ulises de Joyce, un texto también excéntrico y lleno de revelaciones poéticas, además de The Waste Land the T.S. Eliot. Mi lectura del libro se sitúa en estas coordenadas de la vanguardia literaria, como abordaré más adelante. Las notas de pie de página son de gran utilidad, por lo que este libro llama a leerse como un texto transfronterizo que recomiendo en este orden, primero leerlo en inglés y después terminar con el texto original para ver cómo se acuñaron los textos en el nuevo molde.

Palos de ciego embona en la época de las vanguardias latinoamericanas, en esos “años locos” de cabellos engominados y bailes de can-can. Movimientos de vanguardia como el creacionismo de Vicente Huidobro, el ultraísmo de Jorge Luis Borges, el concretismo en Brasil; fue una época de metáforas descabelladas que emulaban a sus contrapartes europeas como el futurismo, dadaísmo, surrealismo, que dejaron una huella notable en la pintura y en otras artes. Estos movimientos vanguardistas tenían manifiestos que decretaban una estética a seguir, una visión del mundo que buscaba adeptos y tenía su vehículo de expresión en las revistas culturales y en las charlas de café donde confabulaban sus ideales estéticos. En México la vanguardia tuvo sus discípulos más fervorosos en el estridentismo veracruzano, comandado por Arqueles Vela, Germán Liszt Arzubide, Manuel Maples Arce (quien leyó el poema T.S.H. “El poema de la radiofonía” en una de las primeras transmisiones en la radio mexicana), Luis Quintanilla del Valle, y otros que tenían a sus contrarios en el grupo de “Los contemporáneos” que sentaban base en la Ciudad de México y si los estridentistas rechinaban con gritos como “¡Viva el mole de guajolote!” los contemporáneos se estremecían con sus trajes de burócratas de gobierno.

Yxta Maya Murray en su “Forthe Raza, for the Homeland, and for Art” hace una lectura del libro desde Los Ángeles y los latinos/as. En efecto, la visión de Bernal distorsiona la experiencia de los México-americanos, o de los “pochos”, como lo llamaría también Octavio Paz en El Laberinto de la soledad(1950) donde los “pochos” figuran como mexicanos que “flotan sobre la cultura americana” como dice Paz, o que imitan “no lo que es mejor sino lo peor” como dice Bernal. Maya Murray también resalta el machismo que persiste en Bernal por la manera en que presenta a la mujer. Por su parte, el ensayo del crítico y académico Josh Kun provee contextos mediáticos para entender a Bernal, nos explica que estos poemas se publicaron en La prensa, además que Bernal era un crítico de los políticos locales en un momento volátil de reajuste posrevolucionario. Antes de la publicación de este su único libro de poesía, Bernal ya era respetado como una de las voces con autoridad sobre la vida fronteriza de Los Ángeles, Mexicali y Sonora, y sitúa al libro entre otras obras “angelinas” como la emblemática obra de Daniel Venegas Las aventuras de Don Chipote, o cuando los pericos mamen (1928). Palos de ciego fue un libro publicado en Los Ángeles y con un contenido culturalmente circunscrito en la historia del “modernismo fronterizo transnacional” (XXI).

En el tercer y último ensayo a cargo de Gabriel Trujillo Muñoz, el prolífico autor de Mexicali, nos ofrece una detallada nota biográfica de Facundo Bernal López y hasta una fotografíade la familia Bernal en la década del veinte. Trujillo Muñoz refiere que Bernal nos presenta almanaques de cómo era la vida social en Hermosillo. Era una época de turbulencia por la revolución mexicana, y eventos convulsos comola decena trágica. Su linaje era de un mestizaje que abarcaba yaquis, españoles y alemanes. Era dueño, con su hermano, de una tienda de ropas llamada “Trajes a la medida” en el corazón comercial de Mexicali; ciudad que estaba viviendo una época de auge económico seguramente por la prohibición de alcohol en el vecino país. Facundo también fue corresponsal de periódicos como el Excélsior, El Universal y El Heraldo de México.

Recordemos que en el tiempo en que escribía Bernal, autores como Gómez de la Serna escribía Cinelandia (1923) demostrando la fascinación de los nuevos descubrimientos tecnológicos que estaban causando mella en la sensibilidad de estos autores. En Colombia, el escritor Luis Vidales, también periodista, con su libro Suenan timbres (1926) deja huella del efímero vanguardismo colombiano. El cine, el tren, el automóvil, el avión, la radio (el “teléfono sin hilos” como se le llamaba), son inventos que no podían evadirse. Recordemos que el final de Altazor de Huidobro es una caída en paracaídas y una desarticulación de las vocales que terminan con ese grito al vacío. Dice Bernal en su introducción: “me he puesto a emborrachar cuartillas” y estos golpes de ciego son “toscos leños cortados al azar” (139). Imágenes interesantes y que no son para nada toscas, sino afilados instrumentos. Desde su primer poema tenemos un estilo narrativo, como de poema en prosa de tendencia neumática (según Gustavo Pérez Firmat en su libro Idle Fictions, 1993) que ha sido reconfigurado en versos y donde se relatan hechos acontecidos como en un diario o crónica. Son palos de ciego porque avanzan en la oscuridad, pero también porque pueden dañar a alguien por casualidad, como lo haría también una editorial, son también poemas de opinión.

En “Trapitos al sol” tenemos uno de los temas recurrentes del libro, como es las identidades fluctuantes entre dos países, dice: “A las gentes de mi raza / que apenas llegan de México / al país de Yanquilandia, / olvidan el español / Y reniegan de su patria.” (147). El poema muestra el exilio cultural de los que no volverán a México “hasta que las cosas cambien”.  Sin embargo, los poemas gravitan a temas propios de la vanguardia como la fascinación con los nuevos medios de comunicación. Así, en el poema “El radio” dice: “Todo el mundo está ‘lelo’ / con el nuevo aparato / que trasmite las ondas / Hertzianas: el Radio” (163). La radio que irrumpe en la vida cotidiana, o la presencia del auto en “Las olas del crimen” “Una dama que a otra / pide su auto / para dar un paseo, / premeditando / asesinarla, sólo / porque ha pensado / que enamora a su esposo”. Los poemas se leen como el canto de las noticias del día, el resumen de un trovador que va relatando los acontecimientos en forma de verso. Son poemas festivos donde queda a trasluz su “norteñidad” dice así en el poema siguiente “Porque ‘semos’ de allá” se le da preferencia a un candidato a un puesto vacante solo por el hecho de ser de Sonora: “-Dígame usté ahora: / ¿”actual” es su Estado? / ¡Yo soy de Sonora!… / -Por ahí debía /haber empezado / desde este momento / queda usted empleado”. (178).

Los temas de Facundo Bernal son los de la formación histórica de la frontera, la tauromaquia, el bilingüismo, la prohibición, por ejemplo, en el poema “¿Secos o mojados?” se habla de la Ley Volstead y los expendios de “bebestibles”. En el poema “Los apochados” adula el progreso de Estados Unidos, el hábito del trabajo y lacostumbre de ahorrar y reproduce así el “spanglish”: “¡Mira que sanavagán! / ¿Pareso me alborotates? / ¿What su mara? ¡Chises cráis!” (186) vemos aquí un claro ejemplo de la importancia de este libro que recoge las expresiones de un lenguaje híbrido en construcción, palabras como “jaitona” “raid”, “biches” palabras que seguirán vivas hasta ahora.

Otros temas satelitales del libro es la migración asiática a Mexicali, por ejemplo, en el poema “El incendio de ‘El tecolote’”: “El hotel de Arturo / Him Sam Lung fue víctima / También del incendio; / pero a grande prisa / fue aislado, acudieron / como las avispas / mil quinientos chinos/ armados de picas, /baldes y sartenes, / logrando en seguida / sofocar el fuego”. Como es sabido, inmigrantes chinos construyeron las vías del tren en México y muchos se asentaron en el norte de México, en Mexicali hay una pagoda celebrando esta migración, justo enfrente de las garitas de cruce a Estados Unidos. Asimismo, Facundo Bernal menciona el deporte del béisbol, que ha estado enraizado desde entonces en las fronteras y el norte de México. Dice con respecto al problema del agua en Mexicali, por ser zona árida, que traen de Calexico: “Al mejorar el servicio espurio / del agua, que como sabemos / es absolutamente nulo” (226).

El cine fue uno de los inventos que tuvo particular influencia en los poetas vanguardistas, después de su invención en 1895 y su llegada a México un año después al cine Plateros, en Bernal el cine mudo es motivo para crear una metáfora del mutismo de las elecciones de Cabildo: “Como pasan las películas / por la pantalla: sin ruido” (230). San Diego aparece como la ciudad hermana del norte, con su boyante infraestructura, de hoteles altos, parques, tranvías, asfalto y calles numeradas: “y sus teatros / con nombre igual / que en otras poblaciones. / La tienda ‘Kress’” (238) y su contraparte, Tijuana, denominada como la “Cosmópolis pecadora” con sus burdeles y bailarinas semidesnudas que en contraposición a San Diego “no tiene agua, banquetas/ ni luz ni asfalto, / ni drenaje, ni rastro…/ ¡No tiene nada!” (241).

El poemario cierra con dos poemas contrastantes, el primero critica la caricaturización de la frontera a partir de estereotipos de lo “mexicano”, el poema llama al Cónsul de México a quejarse por los atropellos. En el último poema, titulado “México auténtico” se refiere a un espectáculo de artistas con música, bailes típicos y poemas donde se canta la belleza “de aquella tierra querida / de los verdes magueyales / y las blancas azucenas/ y los rojos tulipanes”. Los dos poemas están firmados en Los Ángeles en 1923 y muestran la preocupación de Bernal con respecto a cómo era presentado México en el exterior, estos poemas se escriben siete años después del ataque de Francisco Villa en Columbus, NM, la única invasión latinoamericana a Estados Unidos y que marcó uno de los puntos más críticos de las relaciones entre México y Estados Unidos en la frontera norte, dos años antes, en 1914, se había llevado acabo la invasión de Veracruz, aprovechando el momento coyuntural de la Revolución mexicana. En la época en que escribe Bernal se está asentando la tolvanera postrevolucionaria y los poemas dejan ver estas tensiones históricas.

Esta edición de A Stab in the Dark / Palos de ciego es muy relevante para los estudios entre Estados Unidos y México, dado que pone en el mapa literario un libro fundamental que ayuda a entender la evolución cultural de la frontera y su periodo vanguardista literario.  Como Tijuana In (1932) de Hernán de la Roca, que toca temas como la Ley seca en Estados Unidos, y la formación de la leyenda negra de Tijuana, son libros que proveen contexto a una zona de culturas en flujo, de cruces, bilingüismo, spanglish, nacionalismos y escarceos con la otredad. El prefacio y las dos introducciones a cargo de especialistas en el tema, aunado a una traducción que es un “tour de force” por lenguajes bífidos hace de este libro un acontecimiento que ojalá inicie más estudios sobre la obra de Facundo Bernal, así como de otros autores que han sido olvidados en la franja fronteriza. En una época de espinoso debate político, exageraciones y franco desconocimiento de una región que es más que una línea de demarcación o división política, sino un hervidero cultural y primer encuentro entre dos países en fusión.

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Martín Camps

Martín Camps

Poeta y profesor de literatura.

Poeta y profesor de literatura. Ha publicado cinco libros de poesía, su último libro es Los días baldíos (México: Tintanueva). Ha publicado poemas en varias revistas, sus últimos poemas aparecieron en la revista Modern Poetry in Translation. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad del Pacífico en California.

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