Por Gabriel Rodríguez.

El mar no habla con largas oraciones sino con versos breves” dice Jack Duluoz, al retratarlo como un ermitaño hundido en la soledad de un bosque salvaje. Lo dice Kerouac, atormentado por la vida de un Beat. “El alimento del poeta es todas las cosas” advierte Borges desde su lírica preñada de espejos y laberintos.

Paul Auster exclama: “Quiero hablar de felicidad y bienestar, de esos raros momentos en que enmudece la voz interior y uno se siente en paz con el mundo. Quiero hablar del tiempo que hace a primeros de junio (…) de los placeres de la comida y el vino (…) Quiero recordar los cerúleos atardeceres, los lánguidos y rosáceos amaneceres, los osos gruñendo de noche en el bosque. Quiero traerlo todo a la memoria”. El autor deBrooklyn Follies quiere ser el hombre que escribió Hojas de hierba. Todos queremos ser el primer gran poeta norteamericano.

El 31 de mayo de 1819 nace en Long Island, estado de Nueva York, el mayor conquistador de la historia universal. Para sus contemporáneos Walt Whitman fue un polifuncional que logró desempeñarse como impresor, periodista, maestro, librero, y agente de bienes raíces; también un poeta de cierto mérito (su éxito editorial le compró la granja en la cual, pluma en mano, atrapó sus últimas posesiones). Para muchos de los que le siguieron se convirtió en el padre de todos los poetas nacidos en Norteamérica. No menos escritores extranjeros le atribuyen a su obra el carácter de reveladora de la propia convicción poética, e inspiradora de su despertar creativo.

“Estoy enamorado de lo que crece a la intemperie (…) Aquello que es lo más común, lo más barato, lo más cercano, lo más fácil, soy yo”.Definiciones como esta rechazan toda necesidad de explicar su sentir y su esperanza como poeta; cuentan que solo va a fotografiar literariamente lo que vive, lo que ya no vive también, lo que es, incluso desde esa concepción de entidad que promulgó la filosofía antigua.

“Un mundo tiene conciencia y es, con mucho, el más grande para mí, y soy yo mismo, y si vengo hoy a mi propiedad o en diez millones de años, puedo jovialmente tomarlo ahora, o con igual jovialidad puedo esperar (…) Yo soy el poeta del cuerpo y yo soy el poeta del alma. Los placeres del cielo están conmigo y los pesares del infierno están conmigo”. No se equivoca Marcela Testadiferro, cuando en el prólogo de la edición de Canto de mí mismo que ella tradujo, define al poeta yanqui como la poesía omnívora. La forma de manifestar su entorno le valió acusaciones de una indecencia presente en sus poemas. Resulta una inverosimilitud ver a ese Walt Whitman indecente colaborando en los hospitales sangrantes que le nacieron a su patria durante la guerra de Secesión. Esta sí impregnada de la pujante indecencia del poder político y económico de su época. Walt contesta: “¿Qué habladuría es ésta sobre la virtud y el vicio? (…) Mi porte no es el de quejumbrosos y censores; yo humedezco las raíces de todo lo que ha nacido.”

Para algunos la poesía es un descubrimiento permanente de lo bello y lo feo, lo piadoso y lo vil, de cada cosa que nos observa y que observamos. Traducción que los sentidos hacen del todo. Whitman encaró esa tarea con simpleza y fruición, casi como hace su faena el campesino iletrado. La suya fue como la experiencia de un viajero mercader, pero sin el gran trayecto de Polo, y sin la ambición liberal y burguesa de su siglo. Un explorador del cosmos y del detalle más oculto, de lo que se pierde al mirar el cielo y de lo que se encuentra dentro del hormiguero junto al aljibe. Lo que vio estuvo en Whitman, él mismo frente al espejo natural de un arroyo. Todo lo conquistó, lo atrapó, lo sintió.

Él dijo:“Cualquier cosa que es dicha o hecha vuelve finalmente a mí (…) Ahora no haré nada sino estar atento”. Nosotros decimos Gracias por Todo.

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Gabriel Rodríguez

Gabriel Rodríguez

Profesión

Gabriel Rodríguez nació en Lomas de Zamora en 1974. Estudió historia en el Joaquín V. González y Ciencias de la Comunicación en la UBA. Publicó un poemario y el libro de historias y microcuentos “Buenos Aires, ciudad de Luces y sombras”. Se desempeñó como educador popular y colaboró en diversos medios alternativos.

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