Por Ture.

Lo admiré hasta el plagio. Lo imitaba tontamente en mis primeros articulitos sin gracia, forma ni fondo. Lo imitaba en radio juntando mis manos en un rezo hacia el suelo, brazos entre las piernas, hombros bajos, mirada atenta. Traté de copiar a Carlos Abrevaya en todo, pero no hubo caso.

Mientras él trabajaba para las radios más importantes del país, yo deambulaba en el conurbano por las “RAI”, como les decía Carlos a las “Radios de Alternativa Insuficiente”, emisoras de baja potencia o “truchas“ de entonces que, según su mirada, repetían en menor escala los esquemas esenciales de las radios industriales a las que se oponían.

Traté de imitarlo sin resultados, como se ve. Por ridículo que me parezca hoy, creía que para llegar a su escritura no estaba tan mal empezar por su forma de trabajar, de sentarse, de mirar lo que iba escribiendo, de formular y rearmar pensamientos críticos a partir del humor y el periodismo.

Carlos Abrevaya escribía con todo el cuerpo, pensaba con todo el cuerpo. militaba su pensamiento con todo el cuerpo. Acaso por eso el cuerpo le duró tan poquito. Quién sabe.

Satiricón, Humor, Chaupinela, La Maga, Página 12, fueron solo algunos de los medios gráficos en los que trabajó.

Había algo en su forma de concentrarse frente a su máquina en la redacción de la mítica revista Humor —donde yo hacía trabajos linderos con la cadetería—, una suerte de pacto secreto entre las palabras, con las que hacía realmente lo que quería, y el pensamiento. Se trataba de algo artesanal. Abrevaya podía estar mucho tiempo paladeando la frase que iba a escribir antes de teclear. Mientras tanto, el que fui lo miraba/admiraba con intensidad y esperaba el momento del tableteo como quien espera a los Reyes Magos. Cuando cada frase se recostaba sobre el papel era definitiva, valía oro y yo tenía mis zapatos nuevos. Frases con contenido, puntuación, sentido, connotación y mensaje, en artículos que aun hoy tienen una vigencia impresionante.

Quizá Carlos haya escrito entonces para lo que somos hoy.

Su narrativa periodística fue testamental. También su ironía, su modo de hacer radio, gráfica, televisión (inventando junto a Guinzburg, Castelo y Becerra) La Noticia Rebelde, por ejemplo.

Vivía con la melancolía y el humor de los que saben que les queda poco tiempo. Eso estaba en él, en sus formas, en sus modos. Acaso sea el sello de los grandes Ironistas: la impresionante noción de la propia finitud. Del paso del tiempo, del peso del tiempo.

Una vez tituló MALA MUERTE un artículo que contenía sus perplejidades: todo nace permanentemente, todo muere permanentemente. “Claro —me dijo luego, como al pasar — todo aquello que fuimos y no podremos ser ya no existe, luego (usaba el “luego” con elegancia en lugar del “por ende”) está muerto, lo que ya no somos no existe, no está; son pequeñas muertes cotidianas que nos van dando cuenta de la muerte final y definitiva”.

Hablaba poco, sonreía lindo, pensaba más que el resto. (La puntuación de la frase es parecida a la suya, sigo tratando de imitarlo, sin resultados, como se ve).

Era callado y profundo, de andar lento y pensamiento rápido. Su libro MEDIOS LOCOS (1989) anticipó mucho de lo que vino después en el país periodístico. Su libro DESNUDO Y SIN DOCUMENTOS (1994) tiene un título que siempre me pareció premonitorio de una realidad que él mismo comprobaría ese año, el de su enfermedad declarada en mayo y su muerte final y definitiva el 8 de julio. Sobre ese libro sí charlamos bastante, incluso, no recuerdo bien por qué, anduve por su casa en Floresta y sus hijos eran niños…qué cosa… ¿qué habré ido a hacer?…La memoria, amigos, la memoria…

También comprobé al entrar a trabajar al entonces ATC (hoy TV Pública) que Carlos Abrevaya había dejado huellas luminosas; todavía hoy se recuerdan su humor y sus ganas enormes de pensar al país desde un lugar menos convencional, más arriesgado, menos burgués y conservador.

Carlos Abrevaya nunca supo que lo admiré tanto y me arrepiento de no habérselo dicho. Hace poco pude manifestárselo, café mediante, a uno de sus hijos, Sebastian Abrevaya. Hoy me doy cuenta además qué tan joven murió, 45 “pirulos”, otra palabra que degustaba con placer.

Este 8 de julio su recuerdo tiene un sabor especial. En mi carácter de editor “categoría mosca” —diría él— estoy participando de la edición de un libro que contiene una maravillosa investigación de Diego Igal sobre La Noticia Rebelde; una biografía que seguramente dará mucho que hablar dentro de poco. Muy importantes en ese libro: Fer BelveVirginia Janza y Pablo Campos.

Hoy sé qué tan importante es cruzarse con ciertos maestros en determinados momentos de la vida. Pero lo sé hoy, que el tiempo pasó. El tiempo que ni vuelve ni tropieza.

Vaya este recuerdo entonces de CARLOS ABREVAYA. Un recuerdo cariñoso para un tipo que fue muy importante para muchas personas.

En su homenaje, voy a tratar de seguir imitándolo, a ver si me sale alguna vez.

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3 Comentarios

  1. Marcela Lucci

    Hola! Soy Marcela Lucci, historiadora argentina. Vivo y trabajo en Barcelona. Leí tu nota sobre Abrevaya… tal vez pienses que no se te pegó nada de su estilo, pero creo que estás equivocado, porque tu texto pinta exactamente lo que sentimos los que lo leíamos y lo escuchábamos de manera habitual. Siempre pensé que leía mi pensamiento en muchos sentidos sobre esta Argentina nuestra y estoy feliz de que alguien de su profesión honre su memoria y nos recuerde todo lo que nos enseñó en cuanto a calidad y honestidad profesional. Sin duda, su trabajo en prensa, radio y televisión nos dio herramientas para pensar la realidad, divertirnos con su humor y aprender que lo que hacemos tiene que intentar mejorar el mundo para que sirva de algo.
    Si en algo puedo ayudar o colaborar en el libro, cuenten conmigo. Sería un placer. Si no, avisame que seré una de sus primeras lectoras.
    Un abrazo de todo corazón!
    Marcela

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  2. Luigi Lemes

    Emocionante tu artículo, Ture querido. Lo leía en la Humor, allá en mi Paysandú natal y lo escuchaba en “Perdidos en la noticia”, primero con Adolfo y luego con Ulanosky, creo que en La Red (es que hace tanto tiempo…).

    Gracias, de corazón.

    Responder
  3. Luigi Lemes

    Emocionante tu artículo, querido Ture. Lo leía en la Humor, allá en mi Paysandú natal y lo escuchaba en “Perdidos en la noticia”, creo que en La Red (hace tanto…), primero con Adolfo y después con Ulanovsky.

    Abrazo redondo.

    Responder

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