Por Martín Camps.

La deuda de la poesía hispanoamericana con José Juan Tablada resulta de su interés por un Japón más allá del exotismo japófilo y por introducir el haikú a la literatura en español.

Tablada participó en la Revista Moderna(fundada por Jesús Emilio Valenzuela), que fue el receptáculo de varios creadores de la generación de los modernistas como Manuel José Othón, Efrén Rebolledo, Manuel Gutiérrez Nájera y Luis G. Urbina. En efecto, como escribe Elsa Cross en su recuento de la poesía mexicana en el oriente, el Japón no era sólo una moda exótica por los japonismos y chinismos que aparecían en su obra, sino una influencia importante que irradiaría a poetas posteriores como Octavio Paz, Sergio Mondragón, Elva Macías, Alberto Blanco, Tomás Calvillo yJosé Vicente Anaya, entre otros. Sin embargo, ¿es posible que Tablada no haya estado nunca en Japón? Tenemos su crónica de viaje, titulada En el país del sol (1919), donde nos da cuenta de su viaje a San Francisco y seguido de otro al puerto de Yokohama, publicada en la Revista Moderna. ¿Acaso fue todo una fantasía de sus lecturas? Este ensay omuestra evidencia definitiva del viaje de Tablada que fue un parteaguas para su escritura y profundización de la cultura japonesa. Gracias a este viaje, conoció de primera mano las pinturas eróticas ukiyo-e de los artistas Hiroshigué y Hokusai y los poemas de Bashō. Hasta ahora no se había encontrado ninguna prueba del registro de viaje de Tablada a Japón en 1900. En varios ensayos críticos no se problematiza la veracidad del viaje. Por ejemplo, en el primer volumen de sus obras (edición de Héctor Valdés) se da por sentado que el viaje se ha efectuado y se muestra el libro En el país del solcomo prueba irrefutable. Por el contrario, si Tablada no fue a Japón, no se encontraría en el selecto grupo de modernistas que visitaron el archipiélago, como fue el caso de su compatriota Efrén Rebolledo, que pasó un lustro en Japón y otro en China, cuyo resultado fueron las prosas Nikko (1910) y la novela Hojas de bambú (1910), las crónicas del guatemalteco Gómez Carrillo (De Marsella a Tokio, 1906), del salvadoreño Arturo Ambrogi (Sensaciones del Japón y de la China, 1915), del brasileño Aluísio de Azevedo (O Japão, 1894). En ese caso, pasaría a formar parte del grupo de modernistas que nunca hicieron el viaje, integrado por José Martí, Rubén Darío y Julián del Casal, entre otros.

Es posible que la evidencia de su travesía haya sido destruida durante el saqueo de su casa en Coyoacán (situada en la calle Héroes del 47), que construyó, disfrutando de la “paz porfiriana”, con las ganancias de su negocio de importación de vinos. Se trataba de una casa con jardines, estanques y criados japoneses, que fue destruida por su posición política apegada al régimen de Porfirio Díaz y su crítica a Madero, que quedó plasmada en su obra de teatro satírico Madero-Chantecler. En el atraco, también se destruyeron obras de arte y su novela inédita y resultado de su trabajo de investigación de un año en el Archivo Nacional, titulada “La Nao de la China”, como refiere en su diario. Es importante comprobar que Tablada estuvo en Japón, porque las crónicas serían entonces obra de la imaginación modernista y de un detallado estudio de la cultura (la ceremonia del té, la función de teatro, lucha de matzuri o fiesta, exequias de un noble, el distrito rojo de Yoshivara, leyendas y cuentos japoneses, etc.) a través de libros de viaje y reportajes de la época. Además, este sería el primer viaje de Tablada, después iría a París (1911-1012), Colombia (1918), Venezuela (1919) y a su largo exilio en Nueva York, donde abriría también una librería, proyecto que fracasó. Así, dice Octavio Paz: “Tablada experimenta la fascinación del viaje, de la fuga: fuga de sí mismo y fuga de México” (Tablada Obras III 20). Para Esperanza Lara Velázquez, el hecho de que Tablada citara ciertos incidentes de memoria provocaba la confusión de fechas y “daba pie a conjeturas sospechosas sobre la verosimilitud de los mismos” (Obras III 22). La importante edición de Jorge Ruedas de la Serna de 2006 ofrece varios cuestionamientos sobre la veracidad del viaje, explicando que posiblemente Tablada decidió no viajar a Japón, dada la extendida plaga bubónica que ponía en riesgo su salud y que los periódicos reportaban varios navíos en cuarentena. Argumenta que posiblemente estas crónicas serían obra de la consulta de guías de turista como A Handbook for Travelers in Japan de Basil Hall Chamberlain o el diccionario de James Curtis. También explica que Tablada siguió adelante con la historia de su viaje para solidificar el proyecto de Porfirio Díaz, quien tenía interés en establecer relaciones con Japón para avalar su régimen.

En un artículo publicado en el Kyoto Journal, el profesor D. M. Stroud revisó las listas de pasajeros en los navíos llegados a Yokohama, sin encontrar el nombre de José Juan Tablada. Lo atribuye a que “he was addicted to secrecy and pseudonyms” (Stroud 45) pero certifica que el 1 de julio de 1900 llegó el navío HongKong Maru. Según mis investigaciones, que mostraré a continuación, este sería el barco que en efecto llevó a Tablada a Japón vía Honolulu. Atsuko Tanabe, en su libro El japonismo de José Juan Tablada (1981), cita el testimonio de Jesús Valenzuela, amigo íntimo de Tablada, que dice: Un día me desayuné con la noticia de que Don Jesús Luján mandaba a Tablada al Japón por cuenta del mismo periódico (…) Aunque Ruelas opinaba que no había pasado de San Francisco, California, Tablada se estableció en Yokohama y visitó de paso a Tokio. (Citado por Tanabe, 44) Según el testimonio de Valenzuela, Tablada le envió del Japón varias correspondencias y unos “cantos populares en verso, traducidos por él. […] Volvió del Japón por nostalgia, creo yo, y le mandó dinero por telégrafo para su regreso” (Tanabe 44). Este testimonio es para Atsuko Tanabe lo que para ella constituye “una confirmación inequívoca” (44). A ello se añade la dedicatoria al poeta Asataro Okada, cuya dedicatoria “nos ofrece dos claves trascendentales: la primera comprobar el hecho de que Tablada conoció a Okada en Japón en 1900” (Tanabe 51). Sin embargo, Ruedas de la Serna pone en duda el testimonio de Valenzuela, porque no se trata de una evidencia definitiva, sino sólo un testimonio de uno de sus mejores amigos que posiblemente trataba de encubrir el viaje de Tablada. Desde el inicio de su viaje en mayo de 1900 hacia San Francisco y con las cartas recibidas desde Yokohama para ser publicadas en La Revista Moderna, se especulaba que Tablada nunca había pasado de San Francisco y que había encontrado una manera de enviar las cartas a Yokohama y de allí a la Ciudad de México.

El viaje

La primera noticia de su viaje a Japón la encontramos en la primera página de su diario, fechada el lunes, 7 de mayo de 1900, donde relata la propuesta hecha por el millonario Jesús E. Luján de ir a Japón como corresponsal de la Revista Moderna y reportar sobre la cultura e industria japonesa: “Saldré esta misma semana para Estados Unidos. Me embarcaré en San Francisco” (“Diario” 22). En su diario se percibe la emoción por el recorrido y lo que encontrará en Japón, los dibujos de Hokusai e Hiroshigue, los cortejos de daimyōs (señores feudales). En el periódico La patria se publica la siguiente nota:

José Juan Tablada parte mañana al Japón. El poeta realiza su sueño de toda una juventud; va vibrante y pletórico del arte de Occidente, en busca del arte de Oriente, del que sólo un reflejo nos llega a América. (23)

Tablada sale el 14 de mayo de 1900 a las 7:40 pm por el Ferrocarril Central. Relata su arribo a Torreón que le remonta a un viaje hecho por mar en Mazatlán. Después de esta fecha, el Diario está en blanco y no continúa sino hasta 1904. Guillermo Sheridan calcula que regresa en febrero de 1901 por la misma ruta. Se detiene en Chihuahua un mes y es recibido con una broma orquestada en las oficinas de la Revista Moderna, donde lo saludan como si lo hubieran visto el día anterior, le dicen “¿Cómo te va?, y siguen trabajando” (Tanabe 47).

La escritura de Tablada no ofrece muchos detalles específicos sobre el viaje. Es decir, las descripciones minuciosas podrían haber sido obra de su imaginación prodigiosa y de sus lecturas francesas. Por ejemplo, cuando describe una colección de objetos orientales donada por John L. Bardwellen San Francisco, dice: “Sin moverse de aquí, el curioso podría hacer una monografía sobre marfiles japoneses o sobre cerámica coreana” (Ruedas de la Serna 73). Esta idea puede abrir la sospecha de que, en efecto, el autor podría haber sido capaz de reportar algo sin trasladarse al Japón y ocultarse tras imágenes exquisitas y descripciones ornamentadas de corte modernista.

En el liminar de En el país del sol, Tablada nos reporta que está en San Francisco, esperando un “transpacífico” para llevarlo a Yokohama. Aparece la nostalgia por el amor perdido, la novia que lo ha dejado por su vida bohemia (y su simpatía a las drogas) y por su aventura a Japón. Nos refiere que está en un café donde pasan los barcos, como “Leviatanes”. Tablada describe este viaje como una “realización de un alto anhelo artístico” (65). En este capítulo se dedica a describir “Yankilandia”. Nos refiere que ha pasado tres días por los arenosos desiertos de Texas y Arizona, lo cual nos indica que tomó el Southern Pacific, Overland, desde El Paso, Texas. En su diario dice que ha tomado el Ferrocarril Central, que en efecto, es el que lo llevó hasta Ciudad Juárez. En “Alborada japonesa” el autor nos refiere su llegada a Japón, anunciada por su sirviente chino. Dice “el brumoso éxodo ha concluido” (78) para relatar los avatares de su viaje en tren y en el barco. Dice “aquella remota línea azul debe ser el Japón”(78). Su emoción crece al ver el país soñado y tener que esperar dos horas para llegar a puerto. A su llegada describe la belleza de los bebés nipones, así como a unos hombres haciendo resaltar sus “hercúleas musculaturas” (79) y en el horizonte un sol japonés, un “sol orfebre” y describe tabladamente: “que adamasquina el mar con raros bruñidos y desfleca sobre las olas motas de blanco nilo y de sangrienta seda!” Y la última línea describe los avatares del viaje: “¡Ah los agentes de hotel y los aduaneros son los mismos en todas partes!” (79) Desde San Francisco, las opciones para viajar a Japón en el mes de junio eran los barcos de la compañía Toyo Kisen Kaisha (Oriental Steamship Company) que contaba con tres barcos de vapor: Nippon Maru, America Maru y el Hong Kong Maru. El periódico The San Francisco Call reportaba en ocasiones a los pasajeros que salían, pero por lo general eran personalidades de alta sociedad. También se registraban los nombres de los recién llegados a hoteles de la ciudad, pero en las listas consultadas no se encuentra el nombre del entonces veinteañero José Juan Tablada, que se hospedó en un hotel de la calle 334 Bush (Diario 27) en San Francisco y del cual hizo también una acuarela.

Por las fechas en que llegó el poeta a Japón, su opción de viaje se reduce al barco de vapor “Hong Kong Maru”, que zarpó el jueves 14 de junio de 1900 a la una de la tarde, según lo reporta el periódico. Como se sabe, a Estados Unidos no le interesa mucho registrar quién sale del país sino los pasajeros y extranjeros que entran.La nota de periódico que marca la partida del Hong Kong Maru reporta que no hubo muchos pasajeros en cabina, entre ellos el príncipe Alexis Dolgoroukoff, en su rumbo a Siberia, con su esposa y cuatro hijas. También indica que el barco llevaba la bandera norteamericana, dado que el mismo día que partió Tablada entró en efecto la ley orgánica o el “Organic Act”, que establecía que los ciudadanos de Hawai eran ahora parte de la Unión Americana. En un intento por reconstruir y localizar datos sobre el viaje de 1900, consulté sitios como ancestry.com para elaborar árboles genealógicos que reúnen la mayoría de los registros de migración y listas de pasajeros. Sin embargo, no se encuentra referencia al viaje de Tablada en 1900. Hay cuatro registros del cruce fronterizo hacia Estados Unidos por Laredo (1916, 1917, 1923 y 1943, dos años antes de su muerte con su esposa María Cabrera). También hay un registro de un viaje que partió por mar de Veracruz y desembarcó en Texas City, Texas en 1914 a bordo del bote “City of Tampico”. Un viaje de Venezuela a Nueva York en 1920 en el barco “Oranje Nassay”, un viaje de Veracruz a Nueva York en 1935 en el barco “Yucatán”. Algunos veces los registros con el nombre de José J Tablada, la fecha de nacimiento es de 1873, en lugar de la correcta de 1871. Sin embargo por la caligrafía en la firma, la profesión declarada de periodista, el destino final a Nueva York y la cercanía en la altura (5 pies, 8 pulgadas) es muy probable que sea nuestro José Juan Tablada.

La prueba contundente del viaje de Tablada se encuentra en los registros de llegada desde Japón. Por lo tanto, una lectura detenida de los diarios de la época para situar los navíos y fechas de llegada y la investigación de miles de registros microfilmados en el Archivo Nacional de llegada de inmigrantes a San Francisco arrojó que en efecto, el pasajero 21, del buque “America Maru” que zarpó el 5 de diciembre de 1900 y arribó el 22 de diciembre, fue el pasajero José Juan Tablada. Llega a pocos días de que termine el año y posiblemente cargado de nostalgia por el ambiente navideño. El registro indica que es escritor, de veintinueve años y que lleva en su bolsillo cuarenta dólares y se encuentra en buena salud. El pasajero tiene como destino final la Ciudad de México. El registro indica que viajó solo y que la última vez que estuvo en Estados Unidos fue en 1899. Esta fecha puede ser un error u otro viaje que efectuó a la nación americana, dado que para ese viaje cruzó la frontera en mayo de 1900. El informe corresponde al manifiesto de inmigrantes exigido por el comisionado de migración requerido por la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos bajo el decreto aprobado en marzo 3 de 1893 que debía ser enviado por el capitán del navío a la llegada a un puerto marítimo de los Estados Unidos.

La llegada del navío fue también confirmada por el periódico The Call de San Francisco. La nota del domingo 22 de diciembre reporta una controversia con el doctor oficial de cuarentena a la llegada de tres barcos, entre ellos el “America Maru”, donde viajó José Juan Tablada. La nota completa dice así: “Quarantine officer Kinyoun again called to account” (Se llama de nuevo la atención al oficial de cuarentena Kinyoun) y se acompaña con un dibujo de los tres buques, el América Maru, el bote de en medio en la imagen, con una nota al pie del grabado. Este mismo barco el “America Maru” zarparía de nuevo hacia China y Japón una semana después, el 29 de diciembre, a la una de la tarde, en el muelle PMSS (Pacific Mail Steam Ship Company).
En conclusión, esta investigación despeja la incógnita de 115 años sobre el viaje de Tablada a Japón de mayo de 1900 que efectuó en el “Hongkong Maru” y de regreso en el “America Maru” el 22 de diciembre del mismo año, como hemos mostrado. Por lo tanto, el viaje de Tablada no fue una obra de la imaginación del autor, sino de un deseo de viajar y conocer la cultura nipona “de ese pueblo enamorado de la naturaleza y gran cultor de lo bello” (En el país del sol 150) que modificó su visión del mundo y su estética que se traduciría en la síntesis y visualidad de su poesía que podemos ahora leer en sus obras y en la influencia en otros autores posteriores a Tablada.

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Martín Camps

Martín Camps

Poeta y profesor de literatura

Poeta y profesor de literatura. Ha publicado cinco libros de poesía, su último libro es Los días baldíos (México: Tintanueva). Ha publicado poemas en varias revistas, sus últimos poemas aparecieron en la revista Modern Poetry in Translation. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad del Pacífico en California.

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