Por Gabriel RodrÍguez.

Fué José Rondeau, Director Supremo, quien en 1820 dio el encargo de tomar posesión del archipielago en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Para tal efecto imbistió al coronel de marina David Jewett, quien navegaba al servicio de las Provincias Unidas, para que encaminara el buque “Heroína” rumbo a las Islas Malvinas.

Jewett no era el único extranjero que trabajaba por la nación naciente, ya desde 1815, pocos años iniciado el proceso revolucionario, una de las prácticas más habituales en el Caribe por ingleses, franceses, holandeses, entre otros, fué imitada por los revolucionarios rioplatenses. Así que muchos marinos de lejanas regiones tomaron patente de corso al servicio de la nueva nación, y asolaron el comercio español de ultramar.

David Jewett había tenido una destacada labor como corsario tripulando su propia nave: el bergantín “Invencible”. Con esos méritos atribuidos, y buscando paliar una endeble situación de autoridad política sobre las nuevas Provincias Unidas, el Director Supremo Rondeau, le dio a Jewett el cargo de Coronel del Ejército y le preparó la “Heroína” para el primer desembarco de la historia en las Malvinas.

Con 475 toneladas, 34 cañones, la mayoría de su tripulación de estirpe anglosajona, y solo 42 criollos (28 presos, 7 soldados por leva forzoza, y solo 3 voluntarios), zarpó el 20 de enero de 1820 de Los Pozos. Al llegar a Ensenada, la situación del dominio político había cambiado. Rondeau derrotado por los caudillos santafesinos y entrerrianos en Cepeda, había sido destituido y su lugar ocupado por Manuel de Sarratea, siendo elegido gobernador de una Provincia de Buenos Aires autónoma, como el resto de la provincias en ese año 20 de desintegración del primer orden vigente desde 1810.

En este nuevo escenario Buenos Aires siguió igualmente representando los intereses de la nación toda, solo que puso la “Heroína” al servicio del cuidado del nuevo gobernador Sarratea (Balcarce se alzó en su contra y fue derrotado).

Finalmente partió el marino inglés. El viaje de Jewett por el Atlántico Sur fue por momentos un verdadero calvario. La nave resultó no ser muy veloz para cumplir sus objetivos de corsaria, a su vez hubo sublevaciones y motines entre los marinos, y el escorbuto diezmó la tripulación. Llegado el mes de septiembre pudo recién el corsario Jewett poner proa rumbo a las islas. El 17 de octubre llegó a un lugar llamado Bahía de Anunciación, y allí avistaron a muchos barcos extranjeros que practicaban la caza y la pesca de fauna marina. Uno de sus capitanes, James Weddell, recibió de boca de Jewett la novedad del grado militar de la misión del “Heroína”, el objeto de toma de posesión de la isla anteriormente española. El 6 de noviembre de 1820 David Jewett, ante sus oficiales y otros capitanes mercantes, izó por primera vez en la historia, y sobre los restos del viejo puerto Soledad, la bandera argentina.

 

Las repercusiones internacionales llegaron pero no fueron protestas ni reclamos de ninguna nación europea o americana. Solo mencionaron lo sucedido en las lejanas tierras patagónicas los periodicos de Cádiz y un diario de Salem. Entre noviembre de 1820 y la llegada de los ingleses y norteamericanos en 1829 y 1833, la colonia que precedió Luis Vernet, se mantuvo en las islas como el verdadero interés soberano y justo de las nueva nación sudamericana.

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Gabriel Rodriguez

Gabriel Rodriguez

Profesión

Gabriel Rodríguez nació en Lomas de Zamora en 1974. Estudió historia en el Joaquín V. González y Ciencias de la Comunicación en la UBA. Publicó un poemario y el libro de historias y microcuentos “Buenos Aires, ciudad de Luces y sombras”. Se desempeñó como educador popular y colaboró en diversos medios alternativos.

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