Por Roberto Liñares.

Sin temor a que este comienzo sea entendido como un culto de brujas, invoco hernandianamente a aquel sufrido y vengativo gato de Edgar A. Poe que emparedado y todo termina delatando al criminal; invoco a un gato de Onetti, sugestiva y obviamente llamado Edgar, que decide, más o menos involuntariamente, la vida de pareja de un hombre e invoco por último, al querido y nunca tan bien ponderado“Chat botté” (Gato con Botas para la gilada), (sobre todo invoco a este último por su habilidad de sortear enredos), y ladrando como un Perrault, defenderé este acto de carnicería, como gato panza arriba. Entonces al grano, como diría un dermatólogo.
Se trata de aproximarse al gato, o mejor dicho a su oculto significado, ya que no me referiré al noble animal que nos tiene como mascotas sino a las distintas acepciones que ostenta este polifacético y escurridizo término, tanto en el lenguaje culto como en el dialectal porteño.

Primer acercamiento

Si someto mi memoria a cierto orden cronológico, puedo ubicar, en el lunfardo, al uso del gato (que no es la herramienta) a las primeras décadas del siglo XX, palabra que buscaba describir a la persona que pagaba (“gatillaba”)a las vedettes(artistas femeninas de espectáculos de variedades) por mostrarse con ellas. Gatillaba, gatillo, gato. Vaya declinación de la lunfardía.

Viene en mi ayuda, en este caso, el tango “Gato” grabado el 12/02/37 por la orquesta de Edgardo Donato, autor de la música, con la letra de Homero Manzi (nada menos) y en la voz de Horacio Lagos. Como una digresión acoto que en la versión sonora existen diferencias, algunas notorias, con la letra ideada por Manzi. En dicha versión se escucha lo siguiente: “En el bosque de la vida, hay un bípedo sin plumas, / que camina entre las gentes / en favor de su disfraz. / Que se muestra cuando hay buenas, pero en las malas se esfuma, / que se estira en l’aliviada y s’encoge en el cinchar. / Que se apropia de lo ajeno, que seviste con espuma / que aparenta estar sobrando y no tiene pa’ empezar.¡Gato! Este bicho es tu retrato/ ¡Gato! Dibujado con carbón./ ¡Gato! Del sombrero a los zapatos/ ¡Gato! Se denuncia tu ambición.” Cabe aclarar que en todos los casos luego de la exclamación “¡Gato!” se escucha un maullido. Hasta aquí la grabación.

Pero en la letra originaria de Manzi que poseo, se lee lo siguiente: En las ramas de la vida, paraun pájaro sin plumas, / que se mezcla entre las gentes en favor de su disfraz. / Que se muestra cuando hay buenas, pero en las malas se esfuma, / que se estira en l’aliviada y s’encoge en el cinchar. / Que se apropia de lo ajeno, que se viste con espuma / que aparenta estar sobrando y no tiene pa’ empezar. / ¡Gato! Con la pose de un retrato. / ¡Gato! Con prestancia de varón. / ¡Gato! Se denuncia hasta en tu trato / ¡Gato! tu ridícula ambición.”.

Resalto las principales diferencias “En el bosque de la vida, hay un bípedo sin plumas”, y En las ramas de la vida, para un pájaro sin plumas,” Filosóficos las dos frases. La primera parece hacer referencia a la anécdota atribuida a Diógenes que pelando una gallina en público (no propia), decía: “He aquí el hombre de Platón”, mofándose de esta manera de la definición de hombre atribuida al afamado filósofo (“El hombre es un bípedo implume”). La segunda es más finamente existencial.

¡Gato! Este bicho es tu retrato” y ¡Gato! Con la pose de un retrato”. La segunda hace hincapié en la falsedad y la apariencia. Me quedo con ella.

¡Gato! Dibujado con carbón” y ¡Gato! Con prestancia de varón”. Me quedo con la primera. Acentúa la falta de fundamentos y la debilidad.

¡Gato! Del sombrero a los zapatos” y ¡Gato! Se denuncia hasta en tu trato”. Las dos son buenas. Una por la integralidad y la otra por la claridad.

¡Gato! Se denuncia tu ambición.” y ¡Gato! tu ridícula ambición.”. Dos sentencias, ambas posibles. Inocultable y risible.

A toda esta exégesis debemos agregar que en la versión escrita hay una estrofa más, caso bastante común en el tango: “Exponente de este siglo, expresión de este momento, / su chatura es el “standard” que circula en la babel. / Por adentro es un vacío, por afuera un monumento / retocado por la moda con un golpe de pincel. / Prototipo de mediocre, sin ideal ni sentimiento, / y arrastrado por los vientos como un trozo de papel”. En este caso, en soledad, sólo cabe una sola contraposición, por aquello de “Exponente de este siglo, expresión de este momento…” puede traspolarse a este siglo y a este momento. Digo.

Pero también y sembrando más polémica al término, si seguimos en nuestra melodía representativa, en la letra del tango “Engrupido” (Julio De Caro, en el 30 más o menos), que es una crítica a esa clase de personajes, también se desliza asimilarlo como “Gato…” (1,47 m. de audición).

 

Otros acercamientos al gato

Entonces esta palabra, cual gato de carne y hueso, anduvo por los techos y las calles, de un lado para el otro, y sigue gruñendo en los rincones de nuestra ciudad de Santa María de los Buenos Aires.

Del gato por “gatiyar” para invitar a chicas, fue virando hacia la acepción contraria, es decir convirtiendo “gato” a las mujeres que aceptan ir con hombres por plata u otros bienes y servicios, caros o baratos. En realidad y para tener en cuenta toda cuestión de género, un hombre podría ser “gato” de una mujer. Sea dicho para no ofender a Cristine Lagarde, otrora titular del FMI, que es una gran feminista.

El GATO va a la cárcel seguro

Como no podía ser de otra manera, es importante el aporte desde el cerrado lenguaje carcelario: Gato, no hace tanto, empezó a ser el “prostituto” del jefe del pabellón, porque recauda para este, de modo que, a estos efectos, el respeto mostrado al gato es respeto mostrado al jefe. A esta altura debo confesar a mis esforzados lectores, que a veces me asalta la duda de cómo explicar este artículo de cabotaje a un extranjero. Pongamos por caso emblemático a Donald Trump (creo que lo debiera saber).

GATO en la órbita del Derecho Penal, sólo o en banda.

Aquí, sin duda se identifica al “Gato” con el latrocinio, individual o de grupos de canto choreal, sea como ladrón que penetra furtivamente en un lugar, aguardando, escondido pacientemente, la hora propicia para cometer un robo, preferentemente en la noche, o asociado como cómplice que se esconde en una casa para facilitar la entrada del ladrón definitivo.

Hagamos fuerza para poner un obvio

A esta altura puedo decir que no hemos agotado todas las variantes en torno al significado de la palabra“gato”, inmersa en un proceso de resignificaciones, algunas de ellas contradictorias.

Hemos hablado del “Gato”, asimilándoloa demandantes y oferentes, pudientes y sirvientes, personas con poder aparente pero servil. Pero quedan afuera otras acepciones, cultas o no, (indigente, pobre, “misio”; persona material o espiritualmente pobre; o que vale muy poca cosa (un infeliz y/o “infelí” y/o “infelí, porqué no poné la luce”). Ni que hablar del baile y la música folclórica llamada Gato, digna de ser bailada en el balcón de la Casa Rosada, como emblema de nuestra nacionalidad.

Si hasta me he negado a auscultar al propio animal llamado así… gato. Cuántos, desde hace tantos años, mucho más que cuatro, hemos escuchado aquello de: “Me parece que he visto un lindo gatito” y hemos reivindicado a una valerosa abuela cuando decía: “Escupe, escupe” para que un gato infame deje de tragarse la vida ajena como si no valiera. En definitiva, la abuela sabía que la defensa de la vida no era un curro.

En fin, podríamos continuar ad infinitum y se sabe que la felinidad, como la felicidad, no es completa. Y a gatas podríamos concluir con este carnaval semántico.

La cosas que hay que escuchar

Si hacemos una atenta escucha advertiremos que se ha dado un proceso cultural muy interesante, consistente en la mutación de sentidos, desde una connotación negativa y disvaliosa hacia una positiva y de alto valor, relacionado con distintos animales y distintas disciplinas.

En el fútbol, términos como “cuervos” (San Lorenzo), “gallinas” (RiverPlate), nacidos como despreciativos, fueron trocados en honrosos por los “hinchas”. En el terreno de la política, al término “Peludo”, “Gorila” o “Yegua” le ocurrió lo mismo. (En este último caso, el primer ejemplo fue con Eva Perón, cuando un diputado opositor de aquellos entonces, dijo, despreciando a colegas que le eran leales a la Señora, que “el caballo que tira del carro del Congreso (refiriéndose a la estatua cercana) es una yegua…”). Habría otras yeguas que se anotarían en la Poya, pero estoy corriendo contra el tiempo.

A este proceso señalado, no ha sido ajena la palabrilla que nos congrega. No ha faltado quien, desconociendo el rico historial apenas esbozado por este pobre gato que escribe, haya querido hacerse el gracioso dando vuelta, intelectual y discursivamente, el sentido que hemos señalado y apuntalado con  pruebas. Se puede intentar tener la destreza y astucia de un gato, pero no sirve si se desconoce que el uso del término excede el zoológico para adentrarse en lo moral y cultural. Esto es imposible de levantar. Ni con un gato.

Colofón caliente

Suelo pedir consejo antes de dar a fin mis trabajos. En este caso me han realizado diversas críticas. Pero la recurrente fue que no he tenido en cuenta algunas cosas o algunas personas. Bueno, una.

Cierto que nombré a escritores, nacionales e internacionales, músicos, funcionarios extranjeros, políticos locales y foráneos, (hasta el Presidente de los EE.UU.), pero uno falta. Y falta uno a sus posibilidades.

Pero, eso sí, en mi descargo declaro que hago todo con humor. Como el personaje de historieta llamado Gaturro, que como su nombre lo trasunta, nació como una mezcla de gato y turro.

APROXIMACIONES AL GATO

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Roberto Liñares

Colaborador

(1955, Buenos Aires) Poeta. Sus obras han sido publicadas en distintas revistas, y formado parte de numerosas antologías. Ha recibido varios premios (Biblioteca Belisario Roldán, Departamento de Extensión Universitaria de la Facultad de Derecho, Club Banco Provincia, Central de los Trabajadores Argentinos, Secretaría de Cultura de la Asociación Bancaria, etc.). Participa en distintos recitales y “performances”.

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