Por Julia Magistratti.

Buenos Aires, 8 de diciembre de 2019. Escribo esta presentación a pocos días del cambio de gobierno, pensando como seré/seremos el día después. Volvimos, aquí estamos. Recién salidos de un proyecto individualista para ser abrazados por un proyecto colectivo.

Es casi igual a como saco las telarañas adheridas al cielorraso, también en nuestros cuerpos, sometidos a estos años infames, deben sacarse de adentro esas micro partículas que el poder neoliberal, depredador de toda dimensión sentimental y fraternal, les ha inoculado a través de sus mascaritas de un corso perverso.

Ya lo hemos visto, la acumulación del capital del miedo (leía por algún lado que al final el miedo al hambre es similar al miedo a la muerte), cantidad de palabras “de diseño”, imágenes “de diseño” y políticas reales “de diseño” que te van obturando la vida, hasta dejarte literalmente bloqueado: sos una grasa sobreviviente, atenta a saber de dónde viene el golpe, preparada en el minuto cero de cada día para ser perseguido, expulsado, deudor y rechazado, para mantenerse a raya en círculos virtuales. Y así como la felicidad siempre está en la mesa de al lado, el baile está en los escenarios amarillos mientras que vos te vas convirtiendo en un pinchaglobos pasivo, calladito, egoísta, meritocrático y aspiracional.

Cuando estaba en todo esto me llega por whatsapp un video que muestra la dimensión lirica del pueblo. En el video se ve a un grupo de operarios cortando las rejas de Plaza de Mayo y a un puñado de personas, peatones que pasaban por ahí, cantando y bailando, entre las chispas de las amoladoras, unas estrofas recién salidas del garguero, rimadas entre ellos, hiladas en espontáneo por ese pequeño colectivo humano.

El canto decía así:

“con las rejas de la plaza/ vamos a hacer una parrilla/ para cocinar los choris/ para el pueblo peronista”

Nos quisieron hacer morder el barro a nosotros, que lo primero que hicimos fue sacar las rejas de la plaza para bailar a pata suelta.

Es el advenimiento de un nuevo gobierno y también de un cambio de signo, un cambio de ciclo histórico. Y estamos aquí porque es el advenimiento de un nuevo entrañable libro de Rodolfo Edwards, El Campeón del baile suelto. Le ha salido una estrella de alto voltaje en el primer cielo peronista que viene asomando. Estamos ahora celebrándolo, con la sensación que esta celebración ya se inicio ayer, en continuum, en sinfín. Volvimos a la Plaza y volvió Rodolfo con su libro a este baile. ¿Hubieran preferido que bailemos en lugar de las palabras? ¿cierto? ¿estamos de acuerdo? Pero esta es nuestra secreta maldición: danzar a lomo de palabra.

Luego de una primera lectura de El Campeón del Baile Suelto,  vino como un flechazo la cita del psicoanalista argentino Fernando Ulloa: “hablar de ternura en estos tiempos de ferocidades no es ninguna ingenuidad. Es un concepto profundamente político. Es poner el acento en la necesidad de resistir la barbarización de los lazos sociales que atraviesan nuestros mundos”

La poesía de Rodolfo tiene una característica que la hace única, recoge esa dimensión lírica del pueblo, su faceta sentimental que es siempre rítmica y bailable (aunque su temática sea tremenda y triste, siempre es ATR, “a todo ritmo”), y una dimensión afectiva que es magnética: un elemento que se encuentra con otro elemento y produce una aleación, o sea, un movimiento, un nuevo estado y un nuevo elemento. Ese es el aire que respira el  Campeón, un aire inquieto que va al encuentro de otrx.

EL BAILE

hay que bailar
bailar
bailar
hasta evaporarse

¿Qué es un bailarín sino aquel que introduce una provocación a la cercanía? Así son los poemas de este libro. La música que lo mueve, le viene de un deambular por la pista de baile que es toda la ciudad de Buenos Aires; podríamos dibujar con este libro un mapa de la ciudad, con marcas y fisonomías barriales que aparecen en los poemas.

Volvamos al campeón, al danzante, que baila suelto, pero que siempre baila con otrx, Hablábamos de ternura en el orden de una política, identificándola con todo lo que tiene de contrapeso, de empatía, de encuentro con los demás en el tejido social, de dialogante y todo lo que tiene de crítica, de señalamiento, de memoria.

Entonces, pienso en el poeta que está sintiendo una urgencia civil y compañera, Rodolfo en cada poema te sopla un “¿bailamos?”, te guiña, te cabecea.  Cada poema de este libro repone una sensibilidad bastardeada por el devenir histórico, quiero decir, poemas que vienen a señalarte la patria chica de tu sensibilidad, te descolonizan.

Como las canciones que salen de las tribunas, de las manifestaciones o de las fiestas populares y los carnavales, hay cuatro cosas que esta lírica vibrante pone en juego: es a la vez amorosa y fraterna, y feroz y urgente.  Por eso a medida que vas leyendo el libro te vigorizás, te llenas de salud,  de una fuerza vital, cargada de ternura, redentora y locuaz.

 LAS PALABRAS

me gusta cuando las palabras

se atropellan

como queriendo salir

del cogote de la botella

me gusta ver esos cuerpos

apretujados que chillan

sonidos soviéticos

y puteadas en guaraní

 

me gusta cuando las palabras

están gordas de sentido

y no caben en ningún lado

ni en los libros

 

Como en todo baile, te sacude la zona adormecida a bastonazos, hambre, desempleo, penuria televisada. Como un baldazo que viene a despabilarte, gil, a marcar un rumbo próximo y afectivo, a vos que te estaban inoculando como un virus el individualismo, la vida sana, el crossfit, las hamburguesas veganas, el licor de soja, a beber en frascos cool y a comer empanadas de polenta, más caras que un kilo de asado y un par de choris, a vos Rodolfo te ofrece un Cinzano en Corrientes, un puchero en el restaurant El Globo, unos churros en la Giralda.

Los poemas de Rodolfo tienen una acción comunicadora de ese evangelio apócrifo, con un dios común, popular, compañero. En su ojo, la triada de la justicia social, la soberanía política, la independencia económica…Poemas que vienen a restaurar el pulso barrial, el ejercicio de mirar con tus ojos, de amar a los otrxs y algo que odian los que odian: el ejercicio de la memoria.

El grito sagrado de los compañeros/ tapando el canto porcino de los canallas”

Antojado, insistidor, en romance con la vida sobre un telón musical donde se escuchan soñar las orquestas típicas y el rock, la psicodelia y Pink Floyd; la lengua no vencida por ninguna nominación posmoderna, el lunfardo y el arrabal venido de los bulines, las celdas, el conventillo, los curdas, los barcos, y está el arroyo Maldonado y los poetas populares que ya no están como Alfredo Carlino, en Corrientes y Callao, donde también están Horacio Ferrer, Héctor Pedro Blomberg, Luis Luchi, Leónidas Lamborghini y Joaquín Giannuzzi. La soda de un vino que se bebe con retazos de poesía en los bares y los sonidos de las cafeterías, los bondis, “entre el maullido del gato y la sirena policial”. Leí en su libro Con el bombo y la palabra una definición sobre otro poeta de esta genealogía, Juan Gelman, decía Rodolfo “el poeta es un juntavoz, un cartonero de palabras que nunca pierde la fe”.

Y va este fragmento de otro poema, para no spoilear el libro:

 

en Callao y Corrientes

hay un remolino

que se traga todo

y a mí también

 

Dice en un poema, y en otro nos invita a salir, a reconstruir, a hacer historia:

 

la orden es:

volver a la calle Corrientes

a disfrutar de nuestra última primavera

 

Decíamos urgencia civil y política de la ternura, una lírica compañera, es decir, una provocación a la cercanía: quiero que me saque a bailar “el Campeón del Baile Suelto”, ahí entre los zapatos de trabajo, las alpargatas bigotudas, las zapatillas sin recapar,  los zapatos lustrosos y los tacos aguja, en el polvo que levantamos cada vez que nos despertamos y que volvemos a sentir, esta poesía como el baile desobediente y suelto, campeona de la ternura esa fuerza política que sabe que contra todo golpe o inmovilidad siempre va a vencer, se revitalizará, regresará, en este sur donde hemos sabido soportar a un presidente incapaz de pronunciar una oración de corrido, pero también proscripciones, muertes, cárceles, exilios, la poesía del pueblo asoma, vuelve. Bueno… “A bailar !!!!!! aunque vengan degollando!!!”.

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