Por Jorge Hardmeier.

.Gabriela Borrelli, la Tana, ha publicado en este tan pandémico 2020 su primera novela, “Vidrio”, a través de la editorial Club Hem. Locutora, agitadora cultural, gran divulgadora de la poesía y navegante de la nocturnidad porteña, había publicado “Océano” en 2015, la recopilación de textos “Lecturas feministas” en 2018 y el poemario “Hamaca paraguaya” en 2019.
A Tom Lupo

El covid y la cuarentena nos han robado ciertos lugares. Seguramente un bar hubiera sido el espacio en el cual el encuentro y la entrevista con Gabi Borrelli se hubiesen realizado, trago o café de por medio. No nos queda otra alternativa que recurrir a la tecnología, tan hermana del aislamiento social, sea este obligatorio o no. “Vidrio” es una novela policial narco carcelaria. Dolores Reyes lo explica en la contratapa: Laura está atrapada entre los treinta días que le quedan hasta el juicio (…) Su única certeza es un amanecer con Luis muerto a cuchilladas y el cuerpo amado de Lorena desnudo junto al suyo. Triángulo devenido en muerte y luego cárcel y espera del careo con la otra implicada. Un cuchillo comprado en el transcurso de una tarde preciosa compartido por Lore y Lau en la Feria de Mataderos se transformó en herramienta mortal. La cárcel: un ámbito sumamente particular, con sus códigos, sus capangas, sus hostilidades. A pesar de cierto conocimiento, que se desprende de la lectura de la novela, sobre el ámbito carcelario, Borrelli no hizo un trabajo de investigación particular sobre el tema: Sabés que no; nada. No quería interrumpir el flujo de la escritura, no investigué, solo recordé mis pocas visitas a algunos talleres de poesía en espacios de encierro. Pero quería que la ficción fuera total. Que no hubiera nada testimonial, que la referencia a la realidad sea como es siempre en literatura: una aproximación imprecisa, torpe.

La narradora tiene una obsesión en la medición de las distancias: sus propios pasos. El mundo parece correrse a un costado sólo para que yo cuente pasos, comenta Laura. Una obsesión que responde a una forma de medición primigenia. ¿Cuál es el germen de esa actitud? ¿Qué relación existe entre los números y las palabras? Fue un poema de Liliana Cabrera el que me inspiró– me responde Borrelli y cuánto me gustaría que esa frase me la diga en la mesa de un bar. Liliana Cabrera es una poeta que forma parte del grupo “Yo no fui” y coordina talleres de poesía en cárceles. Una vez la escuché y me impactó mucho un poema de ella en el que el yo que avanza en el poema cuenta los pasos. Ese poema se quedó conmigo como se quedan en una los buenos poemas, me acompaña siempre, y cuando apareció Laura como personaje lo primero que hizo fue empezar a contar pasos para recordar. Como encontrar una certeza. Pareciera que cuenta también porque es lo único que depende de ella. Todo lo otro se le fue de las manos.

“Vidrio”: asesinato, el no recordar de Laura, el no hablar de Lorena, la cárcel, el grupo de La Cata que domina ese espacio de encierro, las evangelistas, la biblioteca y el hermano de la narradora que es, junto a su abogado, el único contacto con el mundo externo. En los anteriores libros de Gabriela Borrelli aparece, también, la pincelada de cierta herencia familiar. En esta novela está presente en la figura del hermano, el único que va a visitarla a la prisión:Mi hermano es el verano escribe Gabi y remite, entonces, al Viel Temperley de Mi madre es la risa, la libertad, el verano. En el caso de Viel la prisión era de índole hospitalaria. Es una clara referencia a Viel, a “Hospital Británico”. Me alegra que lo notaras. Me interesa bucear en esas relaciones familiares. Siempre estoy pensando en la opresión que constituyen pero a su vez lo que surge en una familia: una lengua solo compartida por esos miembros. Recuerdo también esa frase “todo lo que se pudre se convierte en familia” que aparece en “Matate amor” de Ariana Harwicz. También creo que es la influencia de “Léxico familiar” de Natalia Guinzburg. Las familias hablan una lengua propia, las palabras cobran un sentido especial dependiendo de esos lazos. Por eso también formamos familias fuera de los lazos sanguíneos: porque así como una lengua es una patria, tal vez una familia sea una lengua. En el caso de “Vidrio” esa lengua está rota con su familia salvo con su hermano, que es el verano, la luz dentro de la mierda que vive, como la ternura de escuchar una lengua conocida cuando habitás otra.

En las obras de Borrelli hay una patria, la lengua, que se hereda, se horada, esa lengua materna se recibe y es un territorio a recorrer: Y de hecho así vivíamos, con la distancia de una lengua desconocida, leemos en “Vidrio”. Esta presencia del lenguaje se da en tus libros anteriores, le comento a la Tana y me la imagino tecleando detrás de su computadora ¿Qué es la lengua en tu ideario?Como decía mi maestro Tom Lupo: “Nadie llega al mundo a crearlo porque ya está hecho. Cuando uno llega a la cultura, la milanesa ya está frita”. Así venimos a una lengua hecha pero la tensión de recrearla, de rearmarla está siempre. Me interesa la poesía porque hace algo de esa tensión, la lleva al extremo, y vivo en y de la literatura porque me interesa habitar esa incomodidad: la lengua. Siempre poca, siempre mucha, siempre inabarcable, siempre tratando de nombrar  lo que no existe si  no es nombrado.

Lorena no habla, Laura no recuerda, los dos vértices de un triángulo en el cual el restante había sido Luis, el asesinado.Narración, falta de lenguaje, memoria, olvido y un tema ya presente en anteriores libros de Borrelli: la lengua en cuanto a órgano de habla pero también como miembro que conecta físicamente, al besarse y lamerse, con el ser amadx: Toda vida es su relato, ¿no? El propio o el ajeno. La historia que decidimos contarnos acerca de quiénes somos  y lo que decimos ser de lo que otres nos dicen que somos. Lorena no habla porque se quebró la lengua que compartía con Laura. Tal vez ella tenía una creada con Luis o los tres crearon una que se rompió. Por eso no habla, Lorena es su propia lengua solo en el amor con Lorena. No sé cómo coincido en esa idea de que toda literatura es un recuerdo, aún un recuerdo futuro.

Tanto en “Oceáno”, como en “Hamaca paraguaya” y “Vidrio” confluye un concepto. Existen objetos – elementos que fascinan a Gabriela y seguramente colecciona desde un linaje familiar y amoroso – y argumentos narrativos, pero sin embargo, en las profundidades, el hilo conductor es el asunto de la lengua y del nombrar, cómo nombrar y nombrarse. El cómo decirbeckettiano. En “Vidrio” la narradora ejerce un corrimiento de su nombre propio, decide renombrarse. ¿Nuestro nombre propio nos construye, nos hace otrxs si se modifica? Sí, creo que es una exploración por aquello que llamamos identidad. ¿Qué es? ¿Cómo se construye? Podríamos empezar a pensar que comienza con el nombre dado. Un nombre que no elegiste (porque sería imposible, ¿no?) desde esa primera imposibilidad de nombrarnos a nosotres mismes la tensión crece día a día hasta que nos morimos. Laura cambia su nombre, porque otra lengua se constituye en ella, otra vida y necesita ser soberana de algo, aunque sea de su nombre.

Termino de leer las respuestas y vuelvo a extrañar la cerveza o el café de por medio, el grabador apoyado sobre la mesa del bar y la mirada de la Tana.

No coman vidrio, lean esta novela de Gabriela Borrelli Azara.

 

 

 

 

 

 

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