Por Martín Camps.

La serie permite al espectador darse cuenta de que el narcotráfico no es un monstruo enjaulado allende al río Grande, sino un pulpo de mil tentáculos que llegan hasta los escritorios de caoba de los bancos y las mesas de la cocina de las familias “decentes” de la clase media.

Ozark es un topónimo derivado del francés que se refiere a “de Arkansas” o las montañas del estado noretamericano de Arkansas. La serie del mismo nombre en Netflix apareció en el verano del 2017 y continuó con la segunda temporada en el 2018 y la tercera en la primavera del 2020. Son 30 episodios de una hora donde se relata el drama de Marty Byrde, un financista de Chicago que ayuda a lavar dinero para el cartel mexicano de droga dirigido por Omar Navarro. Antes de ser ejecutado por un error de su colega, Marty Byrde decide negociar con el operativo del cartel para lavar millones de dólares en el lago de Ozark, una zona turística en el sur de Missouri donde jóvenes de Kansas City y Chicago van a veranear en el lago y embriagarse. La disparatada idea, una olímpica patada de ahogado, le salva la vida a Marty y tiene que mudarse inmediatamente a esta zona que es vista como una región salvaje, poblada por “rednecks”. Pero la habilidad de Marty Byrde es con los números, mover sumas de dinero de paraísos fiscales y bancos para desaparecer las sucias ganancias del narcotráfico.  Miré compulsivamente las tres temporadas. “Binge-watch”, dicen en inglés, es decir, un atracón de drama para sumergirse en el mundo de los lava dólares de cuello blanco.

La serie se plantea en el argot televisivo como un “slow boil” o un drama que hirve lentamente, sin las explosiones y persecusiones de intensidad. Está filmada en tonos sombríos, como si todos los días estuviera nublado, en concordancia con la neblina amenazadora que azora a los Byrde, la sombra del narcotráfico ha caído sobre esta familia urbana y para salvar sus vidas tienen que comprar negocios: bares, table dance, casinos, para poder lavar el dinero mal habido. Trabajar con el narco es tener una pistola apuntada a la cabeza día y noche. En su adaptación a los nuevos territorios campiranos, los Byrde deben asociarse con los locales, la familia Langmore, una familia de ladronzuelos que ha tenido varios roces con la ley. El patriarca de esta estirpe, Cade Langmore, está en la cárcel y presiona a su hija, Ruth, para que asesine a Marty Byrde y se apodere de los millones de dólares que esconde en un barco. Sin embargo, vemos en la serie la maduración de Ruth quien encuentra en Marty a un tutor y la figura paterna que nunca tuvo.

En el Ozark también está la familia Snell que distribuye heroína durante los servicios religiosos que ofrece un pastor en el lago. Venden la droga dentro de libros modificados para llenarlos de bolsas de droga y distribuirlos a los feligreses/puchadores. Darlene Snell es el personaje que logra redención a lo largo de la serie, como una mujer seductora que convence al joven Wyatt Langmore de visitar su cama, una vez que Darlene ha envenenado a su esposo. También es Darlene quien venga a Ruth quien ha sido golpeada por el hijo de un mafioso de Kansas. Darlene le descarga un escopetazo al agresor en la entrepierna. “Lo que es justo es justo” dice.

Wendy Byrde encuentra en la nueva profesión del esposo una forma de satisfacer sus carrera política truncada cuando se convirtió en ama de casa. Ella decide hablar directamente con el narcotraficante Omar Navarro, su “empleador” y le ofrece abrir otro casino y empezar una línea de negocios en regla que solucione el futuro de sus hijos. Wendy Byrde abandona el inicial espanto de lavar dinero para el narco para trocarse en una operadora eficiente, creativa, leal. Decide hasta sacrificar la vida de su hermano, el atribulado Ben Davis, quien sufre de bipolarismo y se convierte en un peligro para la organización. Wendy lo sacrifica y se adentra en una profunda depresión que le dura un par de días y una botella entera de vodka ingerida en su camioneta en el estacionamiento de una tienda de autoservicio.

Ozark deja claro que la descarnada guerra del narcotráfico que parece solo ocurrir al otro lado de la frontera, en el México “bárbaro”, es también librada con igual salvajismo en las oficinas que huelen a dinero de Chicago, en los negocios boyantes que han insuflado sumas estratosféricas de inversionistas invisibles. Los narcos son todos los que participan en la organización, desde el drogadicto, el vendedor, el sicario, el halcón, el contador, la abogada, el inversionista, el banquero y el agente corrupto del FBI. El crimen es organizado porque sus organigramas se abren como árboles genealógicos interminables. En una escena, Omar Navarro le dice a Wendy que piensa que todo saldrá bien: “Porque eres blanca”. Ozark muestra que cuando el crimen organizado involucra a norteamericanos blancos, gozan de mayores privilegios, pero esto no significa que sean inmunes a los balazos, solo que toman más tiempo en ser ejectuados, una vez que se convierten en poco útiles o cuando violan las normas de confianza de una organización criminal.

Parece que los Byrde llevan esa vida espantosa de miedo, traición, asesinato, solo para poder preservar sus rituales de cenas en familia. En el día pueden ocurrir homicidios, extorsiones, sobornos, pero al final del día pueden sentarse con un tenedor a pasar la ensalda a sus hijos y desearles buenas noches con un inocente beso en la frente. Ben David, el hermano desquiciado de Wendy parece ser la única voz de razón, exhibiendo la vida de su hermana y su cuñado que participan en lavar dólares para una organización criminal. Ozark pone al espectador típico norteamericano en el mundo del qué pasaría si ellos se vieran entrampados en una red criminal internacional. ¿Se puede llevar una vida normal sabiendo que hay un asesino a sueldo estacionado fuera de la casa? La serie permite al espectador darse cuenta de que el narcotráfico no es un monstruo enjaulado allende al río Grande, sino un pulpo de mil tentáculos que llegan hasta los escritorios de caoba de los bancos y las mesas de la cocina de las familias “decentes” de la clase media.

 

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