Por Cristian Carrasco.

Hay una manía en el mundo de la historieta, cuando se trata de escribir personajes de compañías con mucho rodaje a lo largo de los años: todos los guionistas mediocres parecen querer recontar el origen de los personajes, poniendo sus propias ideas en él, generando incoherencias de continuidad y pasados alternos.

Algunos de los guionistas sobresalientes también lo hacen, con la diferencia de que ellos les sale bien y su nuevo origen pasa a formar parte del canon… no porque las compañías lo digan, sino porque su versión de los hechos es tan impactante, potente y duradera, que queda grabada en la memoria de los lectores como el único origen válido. Es lo que pasó, por ejemplo, con Alan Moore en La cosa del pantano o Frank Miller en Batman: para quien los haya leído, los suyos son los únicos orígenes válidos de los personajes, y cualquiera que se haya escrito antes y después son un intento fallido o una copia barata.

Pero hay otra forma de hacer las cosas, que es tomar lo que se ha imaginado a lo largo de los años, hacerse cargo de todo eso, y crear historias interesantes, innovadoras y sorprendentes desde ese punto de partida, sin traicionar en nada a la historia anterior.

Si eso es complicado, imaginen entonces lo complicado que será hacerse cargo ya no sólo de la historia de un personaje sino de toda la historia de la industria cultural y del entretenimiento de oriente y occidente, y usarla como la columna vertebral de una historieta que mezcla héroes pulp, seres superpoderosos, aliens, espías, realidades paralelas o superpuestas, todo eso organizado temporalmente a partir de los años de auge de las distintas corrientes ficcionales de la literatura popular, el cine y la historieta. Y además, hacer que la historia que se cuenta sea tan divertida y emocionante como lo es Planetary. Solamente un genio como Warren Ellis podía hacerlo bien.

Haciéndose cargo de los dibujos está John Cassaday, quien comienza la serie bastante arriba en cuanto a calidad, pero va mejorando número a número hasta convertirse en un referente, una estrella y un artista multipremiado. A diferencia de Warren Ellis, cuya producción siempre fue constante, a veces incluso hasta excesiva, Cassaday es un artista con pocas obras en su haber, famoso por su lentitud. Pero el tiempo de espera siempre vale la pena.

La primera genialidad de Planetary es determinar que los personajes sean arqueólogos y rescatadores de los objetos e historias extrañas que puedan encontrarse a lo largo del planeta. No son personas que arreglen todo a los golpes o a los tiros, aunque pueden luchar, sino que su interés principal está en conservar las maravillas del mundo. De ahí viene la frase que se repite casi en cada número: “Es un mundo extraño. Mantengámoslo así”. Y esas maravillas los ponen en contacto con todo tipo de arquetipos culturales fácilmente reconocibles para los que tengan unos años, unas lecturas y unas películas encima.

En el primer número, por ejemplo, aparece un grupo de héroes pulp, que operaba en la década de los 40 (época del auge de la literatura pulp, precisamente), formado por émulos de Doc Savage, La Sombra, Fu Manchú, Tarzán, etc. En el número siete, en Inglaterra, vemos a personajes oscuros, mágicos y góticos, que pasan de a poco a la clandestinidad mientras los comics de Vértigo van perdiendo popularidad, hasta finalmente desaparecer… o hacernos creer eso. En el número ocho, en una base en medio del desierto norteamericano, se muestran experimentos que crearon insectos y personas de decenas de metros de altura en los años 50, cuando en el desierto de Hollywood se filmaban todo tipo de películas sobre amenazas gigantes mutadas por la radiación de las pruebas nucleares. Y así durante veintisiete maravillosos números.

Pero lo que la serie nos muestra en realidad, es un mundo dominado por los superhéroes, una alegoría de la industria del comic, casi totalmente dominada por el género superheroico en detrimento de todos los demás, cosa con la que Ellis está completamente en desacuerdo, como lo ha declarado en múltiples entrevistas. Pero, específicamente, se trata de un universo dominado por un grupo de superhéroes de Marvel, lo en cierta forma resultó ser profético, no sólo en el caso del comic, sino también del cine y el resto de la cultura en el futuro, en el que sería nuestro presente.

Dentro del arco total, cada episodio cuenta una historia completa y autocontenida, cosa que al parecer sólo los viejos guionistas de la invasión inglesa de finales de los 80 y principio de los 90 saben como hacer todavía: contar una historia en tres actos, con un significado claro, caracterización de personajes y grandes diálogos en una sola revista de 24 páginas. Es un arte casi desaparecido, como hacer ventanas de vitraux para decorar catedrales.

Y, sí, de todo esto se desprende que Planetary, como muchas otras obras maestras, es, en cierto sentido, una obra para iniciados. No es imposible leerla y disfrutarla sin saber nada de comics, películas y literatura, ya que en su esqueleto más básico es una historia de misterios que se van revelando uno detrás del otro hasta el final. Pero la cantidad de guiños, homenajes, reversiones de conceptos, subversión de clichés y arquetipos que son llevados a su extremo final posible, un centímetro antes de llegar a la reducción al absurdo, me hace cuestionarme si una lectura naive realmente le hace justicia a lo que los autores quisieron hacer con la serie. Sería como ver Los imperdonables sin haber visto nunca antes otro western, o mirar Bastardos sin gloria sin saber cómo terminó realmente la segunda guerra mundial. O como leer El Quijote sin saben nada del género de caballería que parodia.

Planetary es una obra definitoria de los 90 y principios del 2000. Se la puede conseguir en varios formatos, desde las revistas individuales hasta el ómnibus conteniendo toda la serie en un solo tomo, en ediciones yankis, mexicanas y españolas… argentina no, por el momento. Esperemos que alguien solucione pronto eso.

PLANETARY – ES UN MUNDO EXTRAÑO

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Cristian Carrasco.

Cristian Carrasco.

Colaborador.

Escritor y estudiante de Letras. Nació en 1978 en Villa Regina, Río Negro. Vive en Neuquén Capital. Fue miembro del grupo poético Celebriedades y participó en el proyecto Almacén Literario (www.almacenliterario.com).

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