Por Gabriel Rodríguez.

La idea que salió de la Conferencia de Bretton Woods celebrada en 1944, y bajo el auspicio de las flamantes (después flagrantes) Naciones Unidas, no era mala. Es decir, en apariencia era noble.

La crisis del 30, el famoso crack del 29, había dejado en claro la fragilidad de un sistema económico capitalista que podía desencadenar momentos espeluznantes para toda la humanidad, en cuanto a desempleo, desinversión, pobreza masiva en última instancia. Ya Carlos Marx había explicado que las crisis no son excepcionales sino estructurales, y por ende cíclicas. El Capitalismo no funciona sin crisis recurrentes. Para algunos se resume a El Capitalismo no funciona, pero eso es harina de otro costal.

La primera cuestión es el patrón oro, que era lo que imperaba hasta ese momento. Los Estados acuñaban monedas de oro y plata y éstas circulaban por el mundo sin necesidad de ningún respaldo. Ellas mismas eran su propia garantía, fortaleza, y confianza. No obstante la libra esterlina inglesa era la gran divisa que reinaba en el planeta siendo convertible en oro. Esto tiene que ver con la influencia de la economía de la Isla como gran potencia que lo fue hasta momentos previos a la primera guerra mundial

En Bretton Woods lo que se buscó, o lo que se dijo buscar, era evitar la inestabilidad cambiaria y el caos en las formas de pago mundiales; poner orden en un tema que venía funcionando más consuetudinariamente que con reglas establecidas. Aunque se sabe que lo consuetudinario rara vez no tiene un soporte invisibilizado de poder contante y sonante.

Dos planes hubo en New Hampshire, EE.UU, aquel 1944. Uno inglés de un tal Keynes; otro norteamericano, de un tal White.

El plan de John Maynard Keynes era crear un organismo supranacional que tuviera poder sobre todos los países, con una moneda internacional. Cosa inaceptable para los Estados Unidos, que se sabía ya potencia productora y gran ganadora de la segunda guerra. Para qué una divisa mundial si nosotros podemos poner el dólar en ese lugar.

En el plan yanqui, que fue el elegido, la cuestión central no tenía nada que ver con una moneda única nueva, sino con los intercambios, el comercio mundial, y las inversiones. Sabía Harry Dexter White que U.S.A era fuerte y casi sin oposición para conquistar los compradores del mundo, pero también, y justamente, entendía que aún con su poderío y el saldo favorable al terminar la guerra, necesitaría esos Mercados mundiales donde poner el resultado de su impresionante capacidad productiva. De allí nació el Plan Marshall de reconstrucción de posguerra para Europa. Rompieron todo y después prestaron a interés para reconstruirlo.

El FMI no nace como comunidad de intereses internacionales por el bien común. Lo crea Estados Unidos para tener una herramienta institucional, aceptada, y efectiva con la cual marcar la cancha de los flujos económicos mundiales según su propio beneficio.

Los fines ideales del Fondo según el artículo primero de su convenio constituyente, eran los siguientes: fomentar la cooperación monetaria internacional; facilitar la expansión y el crecimiento del comercio mundial; fomentar la estabilidad de los tipos de cambio, evitando depreciaciones cambiarias competitivas; coayudar al establecimiento de un sistema multilateral de pagos entre Estados y eliminar restricciones de cambio; infundir confianza entre los Estados miembros poniendo a su disposición los recursos del Fondo; y procurar corregir los desequilibrios de las balanzas de los Estados miembros.

Así manifestado suena genial. Por supuesto. El tema fue que los alcances marcados por esos puntos a la actualidad, y hace décadas más bien, han aumentado su poder sobre las economías nacionales, generando un decisivo peso en la dirección del desarrollo de la economía mundial. Sobre para quiénes va ese desarrollo, digamos. Poder aumentado es influir en los destinos de millones de personas, para bien en contados casos y para mal en la mayoría.

En la mitad de la década de los setenta el patrón oro, aquello de que mis cien dólares son tanto peso en oro, se fue al tacho. Dejando así a las fuerzas de imposición estadounidenses liberadas por completo. Del patrón oro al patrón dólar. Sin ponerse colorado EE.UU le dijo al mundo: “mi dólar vale porque lo digo yo, y si no les gusta agua y ajo”. El mundo aceptó (qué otra quedaba, aunque Europa comenzó a pensar en una Comunidad Europea para pelear en igualdad de condiciones).

Con la nueva realidad el FMI evolucionó hacia lo que realmente quería ser desde un principio: un ente manejado por la principal potencia económica del mundo, que sirviera para controlar las economías nacionales y evitar que éstas verdaderamente se desarrollaran, poniendo en riesgo el dominio del poder económico de un puñado de países denominados “centrales”.

El “Consenso de Washington” de principios de los ochenta fue el punto de llegada de toda intención inicial. El FMI ya no sólo brindaba consejo y apoyo a los países en situación de crisis económicas (recordemos que son cíclicas, no espontáneas y evitables), sino que empezó a dictar qué medidas debían tomar los gobiernos de los países que recibían sus préstamos. Las famosas misiones que desembarcaban en los palacios de hacienda, carteras de economía, y explicaban que el salvataje sólo se ofrecería si se tomaban una serie de medidas económicas y políticas. Que generalmente tienen que ver con implementar las lógicas de la denominada escuela ortodoxa de la economía liberal (frenar gasto público, desinvertir en tecnología e investigación, desinvertir en educación, balancear la economía a costa de cualquier sacrificio de su población). Y sobre todo la penetración de inversiones extranjeras con reglamentaciones favorables (estructuras jurídicas le llaman) a los capitales multinacionales. Las “reglas claras de juego”. Que no son otras que: bajos impuestos, bajos salarios, posibilidad de llevarse las ganancias a las casas matrices sin pagar nada, y ninguna restricción en materia de sustentabilidad ecoambiental.

 

 

Algunas consideraciones sobre cómo se organiza el FMI en su funcionamiento

 

El FMI tiene en la actualidad 188 Estados miembros. No están Cuba, Corea del Norte, y un puñado de microestados. Su sede está en…Washington.

La Junta de Gobernantes está integrada por un Gobernador por cada país miembro. Esa es la ¿autoridad máxima? de la institución. Una vez al año se junta y decide sobre las cuestiones importantes de política, dejando en manos del Directorio Ejecutivo la gestión cotidiana. Dichas “operaciones cotidianas” son supervisadas por el Directorio Ejecutivo, lo dicho, que está formado por 24 directores ejecutivos que lideran el Directorio General. ¿Quiénes son esos 24? EE.UU, Japón, Alemania, Francia, Reindo Unido, más China, Rusia, y Arabia Saudita tienen un escanio permanente (si ven bien verán por qué razón son esos y no otros los fijos, piensen por qué están Rusia y Arabia, por ejemplo. Petroleo y misiles nucleares). El resto del Directorio se elige por periodos de dos años.

¿Cómo se financia el FMI? La plata que tiene el Fondo (que se usa para los préstamos por ejemplo) surge de una cuota de aporte de cada país miembro. Lo que aporte cada país decidirá la cantidad de votos que tiene en cualquier decisión, y también la calidad de préstamos que puede recibir del mismo Fondo. El FMI no es 1 país 1 voto como la ONU (otro kilombo para otro artículo). El voto ponderado es lo que rige. A mayor cuota de aporte mayor peso en la toma de decisiones. Simple. Por ello los países del llamado G7 tienen el 45 por ciento de los votos, y solo Estados Unidos posee el 17 por ciento. Lo que hace que tenga un derecho a vetar cuando se habla de modificar cuotas o cambiar  el convenio constituyente del organismo, ya que eso requiere el 85% de los votos (85 +17 igual a 102). NADA VA A CAMBIAR EN EL FMI SI NO LO QUIERE EE.UU.

Bueno, hasta acá un sencillo paneo del origen y la verdadera razón de ser del Fondo Monetario Internacional. Que entró en funcionamiento en marzo de 1947. Y que no es otra que dictar cómo tienen que ir las cosas, en beneficio de quiénes, y cuidando que no se quiebre el sistema de distribución de poder entre las naciones desarrolladas.

Seguramente alguien dirá que este artículo tiene un desarrollo sesgado por su autor. Claro que sí. Se lo enseño el Fondo y su manera de ser.

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