Por el ojo de la cerradura también vemos la llave.

Diversidad simbólica de la llave

 

Quisiera arrancar esta presentación deslizando con total desparpajo que la llave, en lo que llamamos antigüedad, es un objeto casi exclusivo de la cultura occidental (no es de extrañar que la cerradura moderna haya sido obra de ingleses y estadounidenses), y luego decir que iré por las distintas dimensiones de eso que llamamos llave, desde un breve recorrido por lo simbólico, por lo sagrado, por su concepto de cosa y objeto, por sus variaciones alegóricas, todo de un modo muy escueto.

Como atributo, corresponde a diversos personajes míticos, entre ellos a Hécate, Símbolo de la madre terrible, que aparece como deidad tutelar de Medea o como Lamia, devoradora de hombres. Es una personificación de la luna o del principio femenino en su aspecto maléfico, que tiene el poder de suscitar la locura, las obsesiones, el lunatismo. Además de la llave tiene como atributo al látigo, el puñal y la antorcha.

La Gran Sacerdotisa que aparece sentada y tiene en la mano derecha un libro entreabierto y en la izquierda dos llaves, una de oro (sol, verbo, razón) y otra de plata (luna, imaginación), en el Arcano segundo del Tarot. Representa a Isis, como deidad de la noche.

La llave simboliza un arcano, una obra a realizar, pero también el medio para su ejecución. Puede referirse al umbral entre la conciencia y el inconsciente.

La llave del conocimiento corresponde en el ciclo anual al mes de junio (curación). La conjunción de los símbolos del palomo y la llave significa que el espíritu abre las puertas del cielo.

El emblema formado por dos llaves, que a veces aparece colocado sobre un corazón, se relaciona con Jano, la deidad romana que ha sido representada con dos llaves, las de las dos puertas solsticiales: Janua Caeli y Janua Inferni, una de oro y otra de plata. Jano es así el llamado maestro de las dos vías. Es el “Portero” celeste, que tiene las llaves del tiempo cuya puerta controla. De rostro bifronte o trifronte.

En las leyendas y cuentos folklóricos aparecen con frecuencia tres llaves correspondientes a igual número de cámaras secretas que están llenas de objetos preciosos.
Son representaciones simbólicas de la iniciación y del saber.
La primera llave, de plata, concierne a las revelaciones de la enseñanza psicológica.
La segunda, de oro, a las del saber filosófico.
La tercera y última, de diamante, confiere el poder.

 

El encuentro de una llave expone, pues, la fase previa a la del hallazgo del tesoro difícil de encontrar.
Es evidente el parentesco morfológico de la llave en el signo del Ankh o cruz ansada, de los egipcios. Algunas deidades llevan esa cruz asida por la parte superior del asa como si fuera una llave, especialmente en las ceremonias relativas a los muertos. Esto expresa que las llaves derivarían de la cruz ansada, arquetipo de la llave de la Vida eterna pues el ankh siempre ha sido asociado con la vida, con la promesa de la vida eterna, el sol, la fertilidad y la luz.

También agregaré algo personal: en los años que hice periodismo uno de los primeros medios en que trabajé se llamaba La llave, y era una revista de investigación y opinión política. Y más allá de sus directores, supongo, tantos años después, que ese nombre aludía a la potencialidad de abrir sitios oscuros o negados. O no entrevistos por la mayoría.
Y quiero engarzar a ese recuerdo el título de un libro de Laura Yasán, La llave Marilyn, con el que obtuvo el premio más prestigioso que hay en toda Hispanoamérica, a mi ver, el de La Casa de Las América de Cuba. La llave en este caso es un lance de lucha que consiste en apresar el cuerpo del adversario o en alguna parte de él, inmovilizarlo o derribarlo. La llave Marilyn es una metáfora tremenda del deseo suicida atrapándote.

 

Lo segundo que voy a decir es sobre algunas obras pictóricas que contienen la palabra llave o llaves en sí mismas. Magritte tiene una serie llamada La llave de los sueños y también La llave de cristal o La llave de vidrio y Las llaves de los campos donde una ventana a la que le han roto el vidrio muestra un paisaje bucólico, paisaje que también se encuentra en el vidrio sólo que trizado. A veces el paisaje que anhelamos fuera es el paisaje que hay dentro. Y esa representación me parece otra gran crítica a ese correr detrás de la zanahoria que nos proporciona el sistema, aunque también me suena a otra cosa. Pero por razones de espacio dejaré aquí.

 

Como objeto llave me resulta de un intolerable simbolismo, primera paradoja, del capitalismo. Tener una llave metálica o electrónica, significa poseer algo. O tener acceso a las exclusividades del sistema. Aunque también es cierta la idea del esfuerzo por la casita propia cosa que no difumina lo anterior.

 

Cerrando estas casi infidencias, recordaré a Eduardo Galeano, en Celebración de la amistad, que cuenta sobre los modos de llamar a los amigos en La Habana, mi tierra o mi sangre. En Caracas, mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por…

– Llave, por llave – dice Galeano que le dice Mario Benedetti. Y agrega que le cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.

Como se escucha, la llave es un símbolo diverso que hasta puede encerrar en sí, y vaya paradoja que nos cuenta Galeano, el poder de la libertad. 

Desde el título podría inferirse el encierro, aunque en el prólogo de Andrés Kischner se advierte una postura salomónica, que si bien promueve la prisión hacia un adentro o un afuera intelectual, “lo que no nunca sabremos es de qué lado quedó prisionera -o libre- nuestra autora”, dice, deja de lado que toda llave, en primera instancia es para abrir y ese “abrir” es un salir ¿hacia dónde? Bueno, ahí está el Misterio que también plantea Andrés.

La llave que abría, creo, resuelve otro misterio, o una parte más específica de ese hacia dónde. Si el cuadro fuera una composición de lugar daría en un “hacia afuera” que a su vez tampoco es locativo, ¿hacia fuera de qué? (y eso también está dicho por Andrés). Digo que está resuelto la locación abstracta en su título porque no es la llave que cerraba. Todo abrir es hacia afuera cuando de puertas se trata. Todo cerrar es hacia el resguardo de la intimidad, resguardarla del avance de la intemperie, de lo ajeno. Así como toda llave implica una cerradura y toda cerradura una intimidad.

Aunque todo lo dicho anteriormente es refutable. Al releerlo pienso que no necesariamente La llave que abría esté edificando el encierro, sí hay un adentro y un afuera.
O no.
Quizás hay un artefacto o una caja de seguridad, o un diario íntimo. Un candado que resguarda un arcón.

Lo que sí hay es una llave quebrada. Y una llave quebrada es un hecho concreto. Y una llave quebrada además de mostrar la rotura es el símbolo de la imposibilidad, ya no de entrar o salir de un lugar físico, de abrir algo que se presenta resguardado, sino de penetrar en la esencia de algo.
También es la oportunidad de un decir ontológico y filosófico. Y poético, que también es este caso.
Las llaves, sabemos, son para abrir y para cerrar. Pero sobre todo para resguardar. Este potente libro de María Belén se compone de tres partes quebradas podríamos decir que hacen a la llave.


**

1 – El consuelo de los tontos – Circularidad yoica y multitudinaria

 

En la primera parte María Belén cambia el título del cuento de Antonio de Benedetto, del que hace una cita, quita el cariño y en su lugar pone al consuelo, construyendo así el dicho popular: mal de muchos, consuelo de tontos cuya significación parece oscilar entre una resignación bíblica o proverbial y una sórdida hijaputez porque, al menos no me pasa sólo a mí el mal en cuestión. Leyendo los poemas de la primera parte en muchos de ellos se advierte que ese mal multitudinario es el desamor. O uno de los males.

Allí el yo poético se duele en ser uno sólo. Llora entre la multitud. Es parte de ella y a la vez se pierde o se sabe en un todo. Puede ser alguien de la multitud que busca y es buscada en esa numeración abstracta.
Este juego es algo que se verá a través de todo el libro. Uno, una y la otredad y la otredad en una, uno. Como tomas magníficas de cine, arte tan hermano de la poesía de María Belén.

 

Estoy cerrada en una jaula
que me dice: “Respira”

 

La brisa se quiebra
por entre los barrotes.
Respiro. La brisa
sos quién.

 

Podemos ver este brevísimo poema a la luz de otro, del poema El despertar de Alejandra Pizarnik, tan citado en su mutación de jaula a pájaro. Siempre he creído ver allí un parentesco con la frase Solariana que dice “ahora ya no llora, atrapado en libertad”. En el título se da todo el poema de María Belén, alguien que ya ha despertado en la jaula del cuerpo que perentoria le reclama que respire. Pero también el Amor como ahogo y como respiro. El amor una mano que acaricia y produce llagas.

 

Antes del final del poema de Pizarnik podemos leer una serie de imágenes donde se dan invertidas las entidades lógicas, la niña anciana, la alegría destructora, las negras mañanas del sol.

y una línea poética donde se sugiere la llave del silencio, tentación tan presente siempre en cada poeta:

 

Es el instante de poner cerrojo a los labios

Leamos, el final de poema de Pizarnik.

 

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

 

Si pensamos en la palabra como un modo de decir una idea pero dejar la cosa de lado, es un acierto esa pregunta por la emoción, que al fin de cuentas el miedo no es otra cosa.
Si elaboramos esa mutación como la vida que te empuja como un aullido interminable, según José Agustín Goytisolo, la brisa, el aliento divino, la vida en su hacerte estar acatando el vivir, haberte vuelto eso que se es, lo que vuela en su ser siendo, te dice “sos quién” una afirmación de la pregunta. El miedo es ser eso anónimo de la multitud y eso sujeto en sí. Qué hacer con ese ser. Y más. Tanto Pizarnik como María Belén, acuden a la palabra a pesar de ser un peine para la calvicie. Una amaga el silencio pero dice. La otra nos muestra la incontinencia. No hay llave para abrir, efectivizar el silencio porque

 

“La brisa se quiebra
por entre los barrotes.”

 

La brisa es la llave. La llave es la palabra. La palabra es la jaula. La jaula es el lenguaje. El lenguaje es la jaula. La jaula se vuelve pájaro. El pájaro es la brisa. La brisa es respirar. Respirar es el miedo. Y el miedo es lo desconocido de sí mismo. Vivimos pero no sabemos qué es la vida. La vida es múltiple. La Vida circula por el yo y por la multitud. La vida es una brisa que se quiebra entre los barrotes del yo quién- Es la libertad atrapada.

 

Ahora ya no llora, dice Indio Solari, atrapado en libertad. La libertad atrapada es un consuelo de tonto.

 

Para cerrar el segmento: la palabra brisa conceptualizando el hálito de la existencia vuelve en otro poema de este primer acto:

 

La brisa en la rama
del Árbol de la Ciencia
del Bien y del Mal.

 

La corrupción de la Historia.

 

He dicho ya que la mayoría de los poemas de la primera parte son poemas de amor, de desamor.

 

A diferencia de otros autores y autoras que son más extremos en sus postulados, como Indio Solari que dice “Si no hay amor, que no haya nada” o Silvina Ocampo que no le importaría ser un perro de la persona amada, aquí el tono amoroso va entre una amenaza metafísica:

 

Te dejo mi ausencia
para que contigo
al fin te reúnas

 

a la típica pregunta por el paradero:

 

¿Dónde estás?
desde que te fuiste
todo ha quedado
intacto aquí

 

por el modo lírico de la memoria:

 

El recuerdo era el agua
que de tu beso
mi boca
bebía.

 

y llega a la revelación precisa, contundente:

 

El Amor, esa carencia.

 

Tener lo inasequible. La libertad como un perro atado que aúlla un nombre propio y ajeno, lo-yo y lo-otro y esa suma da la multiplicidad.

 

**

2 – Serenas postales del temblor – Cuerpo temblor/Serena Mente

 

Desde el título de la segunda parte del libro se advierte el oxímoron, la combinación de los opuestos, su complementación o su tensión. Serenas postales del temblor.

Incluso el acápite de Borges suena más para acompañar la primera parte que la segunda porque es realmente un consuelo de tontos ese verso “Hablan de humanidad./ Mi humanidad está en sentir que somos/voces de una misma penuria”

 

En el primer poema se recurre al proverbio chino que ha dado La teoría del Caos y el Efecto mariposa. Podríamos inferir el aleteo como una metaforización del aliento, de lo que anima a los seres y entonces pensar que ese aleteo no es más que la emulación poética del aliento divino. Y estaríamos en lo correcto. Creo poder decir algo más y tiene que ver con una condición cardíaca, el aleteo auricular, que es una aceleración de la frecuencia cardíaca, como si el corazón, buscara hacerse pájaro, salir de la jaula del cuerpo, de su tiranía. Creo advertir un guiño al poeta que habitó ya loco el asilo de Rodez quien ha dicho:

 “El hombre está enfermo porque está mal construido. /Hay que decidirse a desnudarlo para escarbarle ese animálculo que le pica mortalmente, /dios /y con dios /sus órganos. /Pues áteme si así lo quiere /pero no existe nada más inútil que un órgano. /Cuando le haya dado un cuerpo sin órganos, /entonces lo habrá liberado de todos sus automatismos y devuelto a su verdadera libertad.”

María Belén mira y escribe con un ojo poliédrico por eso el sentido de sus imágenes trasvasan hacia varios sentido de la significación. Van hacia el juego de lo semántico y a un mismo tiempo unas dentritas la comunican con el vasto bagaje cultural con que se siente hermanada, representada y un poco configurada. Y esto no es más que decir que el diamante brilla mejor si se lo ha pulido.

 

Entonces decía el cuerpo. Y acá, otra vez ese juego de la multiplicidad y el oxímoron. Hay un temblor y sus replicas primero son “cada una diferente a la anterior”. Pero una réplica se siente distinta. Pensemos en un clon, no va sentirse igual, será idéntico, como sigue diciendo el poema pero no es lo mismo. Y entonces se comienza a buscar la semejanza porque existe esa diferencia ¿ontológica? ¿filosófica? ¿como el río de Heráclito que es y no es el mismo río?. Y la semejanza es con el dios. Y toda copia del dios, son copias originales. Y esto también lo dice el poema. Quiero creer que ante este tipo de juego lingüísticos metafísicos, ontológicos, María Belén se divierte mucho al mismo tiempo que se angustia mucho.

 

Hay un temblor y leemos:

 

Porque el temblor era yo.
Y yo el temblor.

 

El temblor rompe el cuerpo-piedra y la piedra no es más que tierra en tensión, apretujada por la pugna de tiempo y la materia:

 

Este es mi cuerpo.
Esta es mi tumba.

 Aquí otra vez el recurso del juego semántico. El cuerpo, todavía aglutinado aunque escombrado por la belleza, rompiéndose, deshaciéndose, derrumbándose, es una ruina maravillosa. Otra especie de oxímoron, siendo su propia tumba, yendo hacia su polvo.

A través de toda esa ruina, de esa montaña derrumbada, por sus intersticios vuelve la brisa-aliento y todo recomienza porque todo ya pasó, dice la poeta. Ha pasado otras veces.

 

Entonces otra vez la brisa es respirar. Respiro, escribe María Belén. Respirar es serenar la mente. Decir la piedra sin que pese en la boca. Decir los escombros sin que caigan de la lengua.
Esta circularidad está dicha con una construcción poética de enorme factura:

 

Un puñadito de polvo
en la mano de un recién nacido.

 

y también con ésta no menos precisa, no menos intensa:

 

Estoy llegando a la orilla.
Me aguarda el fango.

 

Vida y muerte en una misma materia. De eso se trata todo el temblor. De una materia levantada, azorada por sus dos grandes estadios.

 

**

 3 – La elegancia de desaparecer – El holograma de la Poiesis

Si en la primera parte a través del tándem amor-desamor el yo se circula, se redondea yendo y viniendo de la otredad. Y en la siguiente sección el yo es cuerpo material que va en sí hacia la muerte. La tercera parte comprende una fusión de las ateriores para dar la trinidad identitaria del libro-llave rota.

 

Una especie de ars poética de un final de existencia: desaparecer en Poesía. Por eso leemos:

 

Yo escribo
a la velocidad de las sombras este, mi último poema.

 

en una asertivo cambio de elemento la voz poética dice, escribe, lanza su último poema. Y todo poema, conjeturemos un ideal, es un golpe a la piedra basal de lo incognoscible
desde donde saltan chispas que vislumbran, alumbran, buscan hendir el Misterio con mayúscula. La poesía busca mostrar el misterio. Cada Poeta, con mayúscula y sin dejar de conjeturar el ideal, busca decir el misterio sin descubrirlo a pesar que se busque el conocimiento. Todo misterio nos está vedado de algún modo porque la Ignorancia, dice María Belén, no suprime al Universo. Leamos:

 

La ignorancia no suprime al Universo, antes
bien lo preserva incontaminado. Quien todo lo
comprende, aniquila. Pues el Misterio es mucho
más que un buen escondite. El Misterio esencia
la existencia; la agiganta, la abisma.

 “Dios es todo, no puede progresar” dice Indio Solari. Quizás la búsqueda del Poeta, la pequeña divinidad esbozada por Huidobro, sea tantear en una materia esquiva e intraducible, decir al Dios por su ausencia y como siempre las cosas a través de un código lexical donde no están las cosas ni sus características.

 

También suceden contradicciones, absolutamente lógicas en una voz lanzada a decir todo lo que se pueda decir. O a decir: el mundo todo y la sombra del mundo y la sombra de la sombra del mundo cuando mundo es una bola semántica explotando. Encontramos los siguiente:

 

Polonia,
1996. Wislawa escribe con letra diminuta la palabra
hierba y a las fauces con mano temblorosa se la acerca.

 

que parece ser una respuesta a la pregunta de Pizarnik: ¿si digo agua: beberé?

 

y también podemos leer:

 

Una demasiada presencia de la Realidad en la Poesía
diezmará comarcas enteras

 

Una línea lo suficientemente polisémica y polémica merced al actual modo escriturario yoico pantuflario de la poesía actual.

 

Por esta hendidura de la contradicción pasa los suficiente y lo insuficiente de la escritura. A veces no calma la sed, otras veces nos vuelve bestias que pacen la hierba que crece en sus escritos.

 

Y a pesar de estas pequeñas victorias, que sea Real lo poético, que toque el afuera; esta voz poética no deja de reconocer sus límites y a su vez utiliza esos límites como lugar de expresión, escribe en papel picado. Otra notable inversión. Otra manera precisa de decir la dificultad del decir poético.

 

Paul Celan, ejemplifica esta dificultad mostrando aquello por donde encauza lo poético, de la escritura de versos: el poema «Por supuesto el poema, el poema hoy, muestra –y eso tiene que ver, creo, a la postre sólo indirectamente con las dificultades, no subestimables, de la elección del vocabulario, de la abrupta corriente de la sintaxis o de un sentido más despierto para la elipse–, el poema muestra, es imposible no reconocerlo, una gran tendencia a enmudecer.
Se afirma –permítanme ahora, tras tantas formulaciones extremas, también ésta–, el poema se afirma al límite de sí mismo; para poder mantenerse, el poema se reclama y se recupera ininterrumpidamente desde su ya-no a su todavía.»

 

No tanto la problemática del lenguaje ni los rodeos que le demos, ni las rupturas semánticas o de sintaxis, no. Si no su afirmación en el palenque del silencio que demarca un territorio de lo-posible.
Y esto es también lo que se ve en el libro. Por un lado el viejo y consabido problema de la Palabra y la Cosa. Por otro, ya aceptada esa dicotomía, todas las voces que hacen el holograma de la cultura y por ende han configurado un mundo imposible de desconfigurar.

 

En el límite de la Poesía: el Ars poética, Y en este libro el Ars poético de la desaparición nos dice:

 

La Poesía es una droga y dura. La busco /
desespera /da /mente entre los libros.

 

Como cuando Indio Solari dice: falopas duras en tipos blandos ahuecan corazones. Acá no pasa esa blandura. Acá hay una poeta que busca sumarse al Gran Coro con la voz propia, que va hacia el hondo bajo fondo de lo humano que sólo de ese modo ha tocado lo sublime de la poesía. Podríamos decir seres llenos de pústulas con un aura de divinidad circundándoles. Baudelaire a pesar de los chancros, Lautrémont, aún maldito y vicioso, Rimbaud, a pesar de la podredumbre de su pierna tajada, Artaud a pesar de su boca vacía, Valerý en su cementerio mariano. Y desaparecer entre las poéticas vibrátiles que a su manera han hechos quienes dieron al mundo un destello perdurable, desde Friedich, a Lao Tsé, de Penny Patterson a Lars Von Triers, de Wilcock a Evita, de Cézanne a Spinetta, de Judas a Caifás, de Pedro a Blanca Luz Brum, de Herbert a Foucault, de los Doce césares a Ndume, de Suetonio a Leipzig, de Cooke a Poppea Sabina, etcétera, etcétera, etcétera.

 

E incluso saberse en el holograma de las diversas historias nacionales y su poética mayor: el peronismo. Y su poética de resistencia que se diversifica en Las Madres, las Abuelas.

 

Es ir como una especie de Cristo, “dios replica Cristos en los seres” leemos, y también:

 

“Este es mi cuerpo
y esta es mi sangre.
Este el estigma de mi mano derecha.

 

Comedme
y bebedme”

 

ir, digo, por las llagas conceptuales y míticas: ser el rerum lacrimae, hincar los colmillos en la Mímesis, ver a los mirmidones, al amaru, hasta llegar a Requiescat in pace y quizás a la metempsicosis.

 

Esta es la elegancia de desaparecer en un Yo, triángulo. Yo, cuadrado. Yo,
pentágono contrariado del amor. Yo, la Geometría Sagrada” mientras se ve al Poeta Mayor:

 

En procesión marchaban hacia el patíbulo
danzando los verdugos. A Dios reconocí, era el último.
Tenía Dios mi rostro, mis facciones, el mismo
rictus de mi boca. El mismo horror,
la misma plenitud de un fracaso contundente.

 

Ars longa, vita brevis, dice María Belén, lanzada en el río del tiempo, que da en la mar, como se ha dicho en un verso inmortal. Y lanzada también en el holograma de la Poiesis.

 

*

Grajeas y papel picado

 

Entre otras cosas, en este libro podemos encontrar también una cierta mirada idílica sobre todo aquello animal no humano:

 

-los insectos ven el mundo desde un plano nadir y el mundo no los mira

 

-En mi próxima vida quisiera
ser un pájaro.

 

Hoy un grillo me habló. Me dijo con voz de lata: ¡Ey, vos, cascaruda! ¡Vení, te invito a internarnos en los yuyales!

 -Un reptil arrastrándose sin pathos por el mero imperio de su natura.

 en esa línea y en el poema sobre la Gorila Koko, encontramos un cierto sesgo de lo idílico del ser animal, son eso que son, y se puede contraponer con la libertad amarrada del humano.

**

 

No se agota en nada de lo que he escrito este libro. Bien por el contrario, su configuración trinitaria da su efecto en el misterio, en lo polisémico sobre todo. ¿No es eso el misterio: la polifonía, lo que no podemos decir con esta sola voz, con esta sola boca en este mundo, con esta sola voz, cómo lo aprendieron Olga y Alejandra? Y también María Belén que nos da un zarpazo al todo en este libro.

 

La Gran aventura es espiar por el ojo de la cerradura esperando la llave.

 

La Gran pregunta es: ¿qué cosa abre esta llave quebrada en tres?

 

Saquen sus conclusiones.

 

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